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El concierto
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Crítica decine21.com

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7
Tchaikovsky, treinta años después
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El director rumano afincado en Francia Radu Mihaileanu es de esos cineastas que poco a poco, sin que se note, comienza a labrarse una envidiable filmografía. Ha dado sobradas muestras de su talento con filmes como Traidor (1993), El tren de la vida y, sobre todo, con Vete y vive. En sus filmes, Mihaileanu se descubre como un humanista, un atento observador de las pequeñas y grandes tragedias humanas que él sabe encarnar en personajes de carne y hueso, que llegan al alma del espectador. Normalmente sus historias tienen que ver con la opresión de los desfavorecidos, en especial con las injusticias contra la comunidad judía, de la que él mismo forma parte. En El concierto habla del mismo tema a través de una comedia, también dramática y emotiva, con el mundo de la música clásica como telón de fondo.

En su juventud Andreï Filipov fue un consumado maestro musical, prodigioso director de la orquesta del mítico Teatro Bolshoi de Moscú. Pero, treinta años atrás, fue consifderado un enemigo del pueblo por negarse a expulsar a los judíos que había en su orquesta. La consecuencia de esa ‘insurrección’ fue el desmantelamiento inmediato del grupo y la caída en desgracia de todos los instrumentistas. Humillado, Filipov es en la actualidad quien pasa la fregona en el teatro, mientras que sus compañeros músicos, entre ellos su mejor amigo, el violenchelista Sacha, han salido adelante trapicheando en trabajos de poca monta, viviendo prácticamente en la miseria. Sin embargo, por casualidad, mientras limpia el despacho del actual director del Bolshoi, cae en manos de Filipov un fax procedente de París en el que invitan a la orquesta para tocar en el espléndido Théâtre du Châtelet. El antiguo músico idea rápidamente un plan: reunir furtivamente a sus antiguos compañeros y hacerse pasar por la verdadera orquesta del Bolshoi para celebrar en París su primer concierto en tres décadas.

Radu Mihaileanu logra una formidable y arriesgada compenetración entre los hondos conflictos dramáticos que se plantean en la trama (y que no conviene desvelar) y un excelente tono de comedia y optimismo que se agradece mucho. El humor, muchas veces de aire surrealista y fuertemente folclórico, y que lo emparenta enormemente con el cine del balcánico Emir Kusturica (Underground), impregna todo el film y encuentra su máxima expresión en la ridiculización del comunismo. La punta de lanza es el divertido personaje del ex agente del KGB, toda una perita en dulce en manos de Mihaileanu (quien, no lo olvidemos, huyó de Rumanía durante la dictadura de Ceaucescu). El tipo es la monda y sigue anclado en la prehistoria, pero no es la única diana del director, pues los actuales oligarcas rusos también se llevan su ración de mofa.

En cuanto al drama de fondo, aunque pueda resultar un poquito rebuscado, se juegue quizá demasiado al misterio y se resuelva demasiado cinematográficamente, en general también funciona. Por lo demás, Mihaileanu muestra su pericia en la planificación, el montaje y el ritmo durante la larga escena del Concierto para violín de Tchaikovsky, emocionante centro musical de toda la trama. Los actores, salvo algún desperdicio (como el de Miou-Miou) están todos bien, con mención especial para la rubia Mélanie Laurent (Malditos bastardos) y los secundarios Dmitri Nazarov (en el papel de Sacha) y el inefable François Berléand.

DVD
Distribuye: Emon
Extras:
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