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Nota decine21
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Perdición

Perdición

Double Indemnity

Principales intérpretes

Crítica decine21.com

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9
En las redes de la seducción
En las redes de la seducción

El agente de seguros Walter Neff llega tambaleándose de noche a su oficina, herido. Ante un dictáfono, prepara una confesión de sus crímenes, destinada a Keyes, su jefe.

Así arranca una de las obras maestrás indiscutibles del cine negro, basada en una novela corta de James M. Cain, convertida en guión por otro maestro del género, Raymond Chandler, y por el genial Billy Wilder. La historia sigue con un largo flash-back, que concluye con el encuentro de Keyes y Walter (que mantienen una suerte de relación paternofilial) con un recurso muy efectivo y visual: durante todo el metraje, Keyes está buscando cerillas para encender sus cigarros, lo que nos habla de una apertura, de que el personaje necesita a los otros a pesar de un lobo solitario; por ello, Wilder prescindió de la escena de la cámara de gas, que había supuesto un fuerte desembolso económico, para concluir con el momento en que Keyes que da fuego al malherido Walter.

Entre medias, el cuerpo del film, tenemos a un agente de seguros que visita a un cliente para negociar una póliza de doble indemnización, que beneficiará a su esposa en caso de muerte. El encuentro con ésta, Phyllis Dietrichson, es 'mortal' de necesidad desde el principio. Ella es hermosa y seductora, coquetea con él descaradamente, en albornoz y con su tobillera. Su progresivo conocimiento hará que se conviertan en amantes, y Phyllys, 'mujer fatal', propondrá un crimen, que deberá parecer accidente, en un tren, para que puedan disfrutar del dinero del seguro. Pero matar no es tán fácil, y salir impune del crimen, menos. La escena en que ambos ocupan un automóvil, que no acaba de arrancar, es una de las muestras más expresivas de suspense que ha dado la historia del cine. Contaba Fred MacMurray sobre su filmación: “Yo lo hacía deprisa, y Billy [Wilder] repetía una y otra vez 'Haz que dure más, haz que dure más'; al final le grité: 'Por el amor de Dios, Billy, no puede sostenerse tanto tiempo', y él respondió de nuevo 'Haz que dure más'. Y tenía razón.” Y Wilder explicaba también: “Siempre he creído que la sorpresa  no es tan eficaz como el suspense”.

Cain se basó en un suceso real que dio mucho que hablar en la prensa amarilla de la época: Ruth Snyder, logró convencer a un vendedor de corsés, Judd Gray, para que le ayudara a asesinar a su marido. Frente a la novela original, el guión de Chandler y Wilder añadió una segunda historia amorosa: Walter se ve atraída por Lola, la hijastra de Phyllis, lo que acentuará sus remordimientos por implicarse en una acción criminal. Y ya que era difícil hacer creíble que un tipo llegue al extremo de 'engatusar' a la hija del hombre que ha matado, se dio una mayor entidad a Keyes, verdaderamente 'llave' de la película, pues es el personaje que representa la integridad moral.

Wilder y Chandler

Director y escritor no se llevaron bien. Chandler, que rondaba los 60 años, sacaba a Wilder de sus casillas: “Cuando llegó, no entendió que íbamos a colaborar en el guión”. Así describió Wilder su desengaño: “Tras leer El sueño eterno me había imaginado una especie de Philip Marlowe, una especie de ex detective privado que había convertido sus propias experiencias en trabajos literarios, como Dashiell Hammett. Ahora tenía ante mí a un hombre mayor, apocado, torpe, pálido, que producía una impresión ligeramente extravagante: llevaba una gastada chaqueta de tweed a cuadros, con parches de cuero en los codos, unos gastados pantalones grises de franela y una tez macilenta, como alguien que bebe a escondidas. Fumaba una pipa apestosa, que más adelante sería motivo de nuestras desavenencias más serias. Había oído decir que durante algún tiempo se había estado alimentando de las cuerdas de tripa de las raquetas de tenis.”

Trío de ases
Trío de ases

A Cain le encantó el trabajo de Stanwyck, MacMurray y Robinson. Y envío a cada uno un ejemplar dedicado de Three of a Kind, colección de relatos que incluía Perdición. De MacMurray destacó “la forma en que descubre la tragedia en su superficial, vulgar, tosca cabecita”. Y de Stanwyck dijo: “Es una sensación alucinante ver a un personaje creado por ti saltar ante tus ojos tal y como lo habías imaginado”. Sobre Robinson, escribiría luego una novela corta con su personaje, Nevada Moon, donde era descrito con los rasgos del actor, y se hacían referencias al film.

Una lección para Cain

En una reunión de trabajo, a la que asistió Cain (Wilder había pedido a Cain que escribiera el guión con él, pero no estaba disponible), pasó algo que afectaría a la obra futura del novelista. A Joe Sistrom, productor de Paramount, no le gustaba la facilidad con que el protagonista ideaba su plan criminal. Cain improvisó una explicación, afirmando que se ha estado larvando en su interior durante años. Entonces Sistrom, con cara larga, sentenció: “Todos los personajes de las películas de serie B son demasiado listos.” Dijo Cain: “Nunca lo he olvidado. Fue una curiosa observación, que expresaba en palabras –vívidas e inolvidables– el principio de que, cuando un personaje es demasiado listo y apropiado para los propósitos del autor, todo en la historia empieza a flojear y a ser terriblemente inconsistente.”

Diálogos memorables
Diálogos memorables

El siguiente diálogo de réplicas y contrarréplicas rápidas en Perdición, rezuma el estilo Raymond Chandler por todos sus poros. Sucede entre Walter y Phyllis, la pareja protagonista encarnada a la perfección por Fred MacMurray y Barbara Stanwyck, que hablan del marido de ella, antes de que decidan planificar su asesinato y así cobrar la póliza de su seguro de vida:

–Tiene usted interés en hablar con él, ¿no?

–Así era, pero… se me están pasando las ganas, créame.

–En este estado hay un límite de velocidad, señor Neff. Setenta kilómetros por hora.

–¿Y a cuál iba yo, agente?

–Yo diría que a noventa.

–Pues baje de su moto y póngame una multa.

–Mejor dejarlo en advertencia por esta vez.

–¿Y si no da resultado?

–Le daré con la regla en los nudillos.

–¿Y si me echo a llorar y pongo la cabeza en su hombro?

–¿Por qué no intenta ponerla en el de mi marido?

–Ya basta

Wilder reconocía que “del señor Raymond Chandler es de quien aprendí, desde el principio, cómo es el diálogo real”.

DVD
Distribuye: Suevia
Extras: Español e inglés 2.0. Fichas. Filmografías.
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