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Vision - Aus dem Leben der Hildegard von Bingen

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Crítica decine21.com

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7
Una mujer de armas tomar
Una mujer de armas tomar

Comienzos del siglo XII. Siendo niña, Hildegard Von Bingen ingresa en un monasterio benedictino, donde es colocada bajo la tutela de la “magistra” Jutta para convertirse en monja. Ya desde entonces Hildegard tiene visiones, auténticas experiencias místicas de especial unión con Dios. Pasan los años, y la muerte sacude a su mentora. Es la hora de elegir una nueva “magistra”; en contra de su parecer, es señalada por el abad Kuno para ese puesto, y escogida por sus hermanas monjas. Entonces pide permiso para recoger por escrito sus visiones, tarea en que le ayudan su confesor Volmar, y más tarde la joven hermana Ricarda, que le profesa una verdadera devoción.

Interesantísimo biopic de la beata Hildegard Von Bingen, una mujer de armas tomar, que trató a Papas, obispos y al emperador Barbarroja, menos conocida que otras santas como Teresa de Jesús y Catalina de Siena. Otra mujer de fuerte carácter, la directora y guionista también alemana Margarethe von Trotta (La Calle de las Rosas), acierta en primer lugar trasladándonos verdaderamente a la Edad Media, época de sombras pero también de luces. Hay un esfuerzo de rigor histórico, de no ofrecer visiones -nunca mejor dicho- de hechos y costumbres, sesgadas por prejuicios contemporáneos: la idea es la objetividad de lo acontecido, y ahí están mostradas las tremendas prácticas penitenciales -tan alejadas de la actual sensibilidad- y las miserias de hombres y mujeres de Iglesia, pero también la alegría de la vida conventual, el deseo de agradar a Dios, y yendo al caso de Hildegard, el tremendo empuje de esta mujer que convertida en abadesa, funda un convento contrariando la egoísta opinión de Kuno, y escribe sus visiones, tratados de teología, medicina y música, obras poéticas y de teatro de contenido moralizante, e incluso aborda la moral sexual sin pelos en la lengua.

Von Trotta muestra las preferencias de Hildegard por trabajar ascéticamente el alma, antes que castigar duramente al cuerpo, y lo hace con trazos delicados, sin caricaturas que descalifican sin más a los que piensan diferente. Por otro lado sorprende la humanidad de los personajes, son creíbles porque arrastran virtudes y defectos. A tal respecto son tremendamente efectivas las escenas de discusiones entre Hildegard y Volmar, e Hildegard y Ricarda, cuando a ésta le proponen ser abadesa de otro convento. Quizá esta decisión de no suavizar los conflictos -véase el caso de la monja que ha tenido un “desliz”- es la que hace que sobresalga aún más la figura fuerte de la protagonista, aunque el precio que se paga es cierta frialdad.

Hay escenas de gran belleza, en que tiene gran importancia la música, por ese talento de la polifacética Hildegard. Hay acierto en la paleta de colores, en los pasajes luminosos y tenebrosos. Y el reparto funciona a la perfección, con Barbara Sukowa a la cabeza en su difícil papel.

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