saltar al contenido principal
14) "Marte (The Martian)", de Drew Goddard

El regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción tras sus aproximaciones de hace años, "Alien, el octavo pasajero" y "Blade Runner", y más recientemente "Prometheus", se caracteriza por el esfuerzo realista a la hora de describir los problemas que podría tener que afrontar una misión espacial tripulada a Marte.

El guión que maneja Ridley Scott en Marte (The Martian) está firmado por Drew Goddard, que adapta una novela publicada de modo seriado en internet, y luego en formato digital, por Andy Weir. Según el autor, su obra estaba cargada de elementos científicos y técnicos, y pensó que sólo interesaría a los especialistas, pero sin duda que logró eso tan difícil de la divulgación del conocimiento, pues atrajo a numerosos lectores ávidos de ciencia ficción creíble, y Hollywood detectó que ahí había material para una buena película. Para crédito de Goddard, el guionista reconoce que ya en el original la estructura estaba perfectamente trazada, y que “mi tarea consistió más que en inventar cosas, en proteger lo que ya se veía ahí”.

La trama, en principio sencilla y sostenida a través del personaje central protagonista, se ajusta como anillo al dedo a la idea tradicional de estructura de guión en tres actos, con sus correspondientes dos puntos de giro. Por supuesto, como mandan los cánones, los primeros compases deben establecer enseguida la situación: de qué trata la película, y en este caso, cómo afronta el astronauta Mark Watney el desafío de la supervivencia en condiciones extremas.

Sobreviviré

La Ares III, una misión espacial tripulada, en la que participan seis astronautas bajo la supervisión de la comandante Lewis, ha logrado posarse sobre Marte. Deben realizar su tarea a lo largo de 31 soles, o sea, 31 días marcianos, que duran un poquito más que el día terrícola. Pero durante el sol 18 se desata una tormenta de arena de intensidad imprevista, y cuando tratan de recoger sus cosas precipitadamente para adelantar su regreso, Mark Watney sufre un accidente y le dan por muerto. De modo que sin saberlo ellos, ni tampoco la NASA y los demás habitantes de la Tierra, Watney se queda solo en Marte. Un amplio habitáculo con oxígeno y raciones de comida, la base de operaciones, podrían mantenerle con vida hasta 400 soles, tiempo que parece insuficiente, sobre todo porque no tiene forma de comunicar su situación al resto del mundo; y tampoco parece probable que, en caso de lograr contactar, se pudiera organizar una operación de rescate. Y sin embargo, Mark se promete a sí mismo que va a sobrevivir.

Así tenemos el detonante de la historia, perfectamente marcado: un hombre verdaderamente solo en un planeta hostil, y que a pesar de todo se haya completamente determinado a no perecer. Su planteamiento es no dejarse dominar por el pánico. Lo que debe hacer es evaluar su delicada situación, detectar los problemas que debe resolver, y mostrarse decidido y animado a la hora de darles la oportuna solución.

En el primer tramo del film, y una vez que sus compañeros se han ido de Marte, tenemos a Mark completamente solo. Y para evitar la posible aridez de escenas con una persona que no puede interactuar con nadie, el guión resuelve esta dificultad con un vídeo diario que el astronauta graba describiendo su peripecia. Esto justifica la voz en off del personaje, y también permite introducir el recurso al sentido del humor, para disfrute si se quiere del espectador, pero también como arma psicológica del astronauta para no dejarse llevar en ningún momento por la desesperanza. Así, recurre a bromas que entenderían sus compañeros de la tripulación si estuvieran con él; por ejemplo, pide perdón a Rick Martínez por utilizar la madera de su pequeño crucifijo para intentar hacer fuego; o señala lo insoportable de la selección de música disco que tenía cargada la comandante Lewis en el disco duro del sistema informático.

Mark, cuya especialidad científica es la botánica, se las ingenia para disponer en el interior de su refugio un terreno con arena marciana donde cultivar patatas, lo que le permitirá aumentar el número de soles que puede sobrevivir; los excrementos de los astronautas sellados y expulsados al exterior servirán de abono, y un ingenioso sistema le permitirá provocar la reacción química precisa para producir agua por goteo. Además, procura mantener toda la instalación y las células solares en perfecto estado para disponer de energía, y con un Rover irá planificando desplazamientos con el propósito de dar con una sonda de una expedición anterior, que de haberse desplegado correctamente habría permitido transmitir imágenes a la Tierra.

¿Me escuchan?

Por supuesto el propósito de estos movimientos es comunicar con la Tierra, algo que conforma el punto de giro que hará avanzar la trama del film hacia nuevas posibilidades. Este gozne narrativo se va disponiendo suavemente. Inicialmente, vemos las cosas desde la Tierra, donde no pasa por la cabeza de nadie la idea de que Mark pueda estar vivo, hasta se le han rendido ya las oportunas honras fúnebres.

Pero en las imágenes que muy de pascuas a ramos envían los satélites que sobrevuelan la zona, una técnica de la NASA advierte algo inusual, como si algo se estuviera moviendo por la superficie de Marte. Descartado que sea algún elemento agitado por los vientos marcianos, o de modo mecánico, deben ir haciéndose a la idea de que su hombre pudiera estar vivo, con todo el trauma que esto podría suponer para la familia y los compañeros de expedición, más el problema de opinión pública a la hora de manejar todo el asunto. Para despejar dudas, Mark llegará hasta la sonda, y primero con letreros de los que el sistema toma y envía fotos, y luego con un ingenioso alfabeto óptico, logrará transmitir mensajes algo elementales, pero que permiten mantener un diálogo con la Tierra. Las comunicaciones mejoran a medida que avanza el film, vía teclado de ordenador, aunque siempre serán bastante limitadas.

Uno de los méritos del guión consiste en la introducción de las explicaciones técnicas y científicas con gran economía de medios, no hay grandes discursos ininteligibles atravesados de una jerga para iniciados, el espectador recibe la información justa de Mark o los profesionales de la NASA acerca de las acciones que ejecutan en cada momento.

Los problemas nunca se acaban del todo

De este modo el segundo acto avanza por la senda de la esperanza y el trabajo en equipo. Mark ha demostrado tenacidad e ingenio para sobrevivir, y aunque a nadie se le escapa que planear un rescate y llegar a tiempo parece misión cercana a lo imposible, las previsiones del astronauta cara a aguantar son optimistas, y además se espera que antes de tener la posibilidad de llevarle de vuelta a casa, se le pueda hacer llegar un acopio de provisiones. La exploración de los alrededores de su refugio continúan, y también las comunicaciones sobre el modo en que conviene ir procediendo, con instrucciones bien precisas.

Pero claro, aunque algunos problemas se solucionen, no dejan de surgir otros nuevos. Y un accidente marciano da al traste no sólo con toda la cosecha de patatas de Mark, sino con su entero sistema de cultivo. Se impone un racionamiento más severo. Por si las complicaciones fueran pocas, la misión que la NASA ha puesto en marcha se malogra, un cohete estalla en pleno vuelo, la asistencia a Mark se complica. Afortunadamente la solidaridad internacional funciona, y los chinos no sólo están dispuestos a desvelar un programa espacial cuyos detalles eran desconocidos por el resto del mundo, sino a colaborar con Estados Unidos poniendo a su disposición una misión cara a lograr el rescate.

Así se va perfilando poco a poco el segundo punto de giro que conduce al tercer acto, que consiste, como cabe imaginar, en el rescate de Mark. Uno de los elementos que sostiene la narración en este punto es la decisión de la NASA de comunicar a los otros astronautas de la Ares III, que se encuentran en la Estación Espacial Internacional, que su compañero Mark ha sobrevivido. Aunque la oficina de prensa de la NASA ha dado ya cuenta de tal hecho a la opinión pública, los astronautas están “en la luna”, si se nos permite la broma, y no saben nada, pues el director de la agencia espacial considera que podría afectarles negativamente tener noticia de que dejaron a Mark atrás. De todos modos, y a instancias del propio Mark, que por supuesto no culpa a sus compañeros de su partida, tendrán noticia de la buena noticia; y aunque es un golpe que les hace sentirse en parte responsables, poder tener un breve intercambio de palabras vía teclado será muy reconfortante para ambas partes.

Además este artificio de guión permite resolver el rescate de Mark implicando a las mismas personas que le abandonaron sin querer. Cuando una misión que llegue a tiempo para traer de vuelta al astronauta parece imposible, el golpe genial de un joven que ha hecho unos cálculos en los que nadie había caído plantean la opción de un rescate desde la propia Estación Espacial Internacional, lo que permitiría ganar tiempo aprovechando cierta posición ventajosa y la ayuda de los chinos. La idea parece algo descabellada, y pondría en peligro la vida de los compañeros de Mark, de modo que no reciben la correspondiente autorización del director de la NASA. Sin embargo, el jefe de la misión de la Ares III en Tierra les proporciona clandestinamente los datos necesarios para proceder a la misión de rescate, la decisión está pues en sus manos. Y por supuesto, como un solo hombre acudirán al rescate del compañero y amigo.

Abrazo más allá de las estrellas

Así las cosas, todo se encamina hacia el clímax, el encuentro espacial que debe estar perfectamente coordinado. A Mark le toca despegar con un cohete precario, del que hay que eliminar peso, lo que supone perder el control manual del vehículo e incluso eliminar las ventanas para cubrir la parte superior con una frágil lona. A sus compañeros les toca atrapar a su compañero, lo que significa moverse en una precisión de unas decenas de metros para que la intercepción se produzca correctamente. Siguiendo la mecánica de la narración, a la solución de un problema sucede la aparición de otro nuevo, y la clave siempre consiste en no dejarse paralizar por esa situación inesperada, sino pensar otro modo de afrontarla correctamente. De modo que se producirá el emocionante abrazo espacial entre Mark y la comandante Lewis, que así enmienda lo que no deja de ver como un error.

Un epílogo, con Mark ya felizmente en la Tierra, y en su primer día de trabajo normal, incide nuevamente en la idea de la resolución de los problemas, cuando da una clase magistral a una nueva promoción de astronautas que escuchan con admiración sus palabras.

Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

Magazine

CALENDARIO ESTRENOS DE CINE


© ESTRENOS 21, S.L. Todos los derechos reservados. 2006-2016 Contacto