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16) "Desde Rusia con amor", de Richard Maibaum

Vaya por delante para los puristas, gente sensible y siempre al acecho, que quien escribe estas líneas no es un experto en James Bond, por lo que podría incurrir en algún error, esperemos que perdonable, a la hora de mencionar elementos de la mitología del personaje creado por Ian Fleming.

Pero está claro que el estreno de Spectre es una buena ocasión para ofrecer el análisis del guión de una de las películas clásicas de 007 con Sean Connery, donde ya aparecía esa siniestra organización, Desde Rusia con amor. Y abordar el libreto de un film de acción, donde no son tan importantes los rasgos de los personajes, más allá de ciertos rasgos arquetípicos, como la hilazón de las distintas escenas, el ritmo, que una conduzca a la siguiente.

Una montaña... rusa

Ponerse a ver una película de James Bond viene a ser como montarse en la atracción más excitante de una feria. Enseguida se toma velocidad, y se sube y se baja, la inercia tira para un lado y para otro, nuestro cabello es agitado por el viento, nos agarramos al compañero de viaje, nos sube la adrenalina, entramos en un estado de euforia que nos contagian los personajes.

Tal es pues la intención que late detrás de cualquier historia bondiana, de modo que en la estructura del guión de Desde Rusia con amor no se deben esperar grandes transformaciones de los personajes, que más bien se caracterizan por ser monolíticos, no van a experimentar grandes momentos de autodescubrimiento. Es lo que cabe decir concretamente de James Bond, que es un agente eficaz en su trabajo, capaz de desbaratar las maquinaciones de los enemigos del servicio secreto británico, pero al que caracteriza cierta flema y sorna, él está por encima de sus enemigos, su condición de casi superhombre hace que las mujeres con las que trata en su arriesgada profesión caigan rendidas a su encanto viril.

La narración arranca con una escena de establecimiento de los peligros a los que se enfrenta habitualmente a Bond, previa a los clásicos y sensuales títulos de crédito. Es de noche, en un jardín, y 007 está siendo acosado por siniestros personajes, hasta que uno de ellos, el villano y sicario Red Grant, le da caza y le estrangula. Pero no se trataba del mítico agente, sino de alguien que llevaba una máscara y con el que Red estaba practicando, por así decir.

A partir de aquí se ponen las bases de la intriga del film, incluidas la escena de la partida de ajedrez y la de los peces de un estanque que se devoran entre sí dejando a un tercero erigirse en triunfador, que sirve como símbolo de la siniestra inteligencia de Spectre. En los cuarteles generales de Spectre se ha trazado un maquiavélico plan para aprovechar los enfrentamientos típicos de la guerra fría entre rusos y británicos para hacerse con un arma de los primeros, el decodificador Lektor, una especie de máquina de escribir de vital importancia para no se sabe qué; o sea, estamos ante el típico mcguffin o excusa argumental.

El supervillano Ernst Stavro Blofeld, con su gato blanco y la complicidad de la coronel rusa Rosa Klebb van a utilizar a una ingenua agente rusa, Tatiana Romanova, para atraer a Bond hasta Estambul, en Turquía, ella trabaja en el consulado. Tatiana ignora que Klebb trabaja para Spectre, por lo que sigue sus instrucciones de hacer llegar a Bond un romántico mensaje, diciéndole que se ha enamorado de él en una foto, y que quiere desertar y entregarle el Lektor. La idea en Spectre es hacerse con el Lektor, quitándoselo a los rusos, y eliminar a Bond después de que lo haya conseguido para ellos, una forma de vengar la muerte del doctor No en una misión anterior. En las oficinas de Londres, después de departir con su jefe M y la secretaria Moneypenny, y tras hacerle entrega Q de diversos gadgets, Bond parte a su misión.

La conexión turca

El guión de Richard Maibaum, habitual libretista de la saga Bond, se caracteriza por su linealidad, donde una escena se encadena con la siguiente, los escenarios exóticos van guiando la trama. James llega a Estambul, y enseguida detecta que ha entrado en el juego de los seguimientos entre espías, en cuyas claves le sitúa el jefe de la estación británica de espías, Kerim Bey, no tan distinto de Bond en sus costumbres mujeriegas, pues mantiene un auténtico harem.

La habitación del hotel con micrófonos, un atentado casi mortal contra Kerim, el paseo por los subterráneos de las cloacas de la época de Constantino que permite seguir los movimientos rusos, la irrupción nocturna de Tatiana en el hotel con las cámaras filmando indiscretamente su compartida noche de pasión... Todos son elementos donde se combina la intriga del mundo de los espías con la sensualidad bondiana.

Cualquier cosa cabe en esta aventura de tintes exóticos, incluida la noche en el campamento gitano, con pelea de chicas, y ataque de los villanos de turno, en una escena que podría formar parte de un western, o el contacto en la basílica de Santa Sofía con entrega de planos. Tras cotejar con Londres que la información de Tatiana es buena, Bond acude al consulado ruso, y con su complicidad y una explosión controlada desde el sótano permite hacerse con el Lektor ruso. La huida por el subterráneo infestado de ratas nos conduce hasta la estación de tren, el Oriente Express debe conducir a Bond, Tatiana y Kerim a Trieste, aunque hasta deberán pasar por Belgrado y Zagreb.

Viajeros al tren

Aunque algo de viaje de placer tiene la aventura compartida en el Orient Express por James y Tatiana, con la pareja haciéndose arrumacos y ella luciendo ropa de noche, los peligros acechan. Porque Red sigue sus pasos dispuesto a arrebatar el Lektor a Bond para después matarle. El primero en caer en sus garras letales es Kerim. En Belgrado, uno de los sitios donde se detiene el tren, Bond contacta con un hijo de Kerim, que recibe instrucciones para tener ayuda de Londres en Zagreb. Es la oportunidad que espera Red, que en esa parada simular ser el agente británico tras despachar al auténtico. La intriga, por supuesto, consiste en jugar con lo que el espectador sabe, y Bond y Tatiana ignoran. A punto están de ser víctimas de las maquinaciones del asesino, pero un gadget les sacará de apuros.

Toca bajarse del tren, y aprovechar el medio de transporte que Red había previsto, una camioneta. Pero el peligro no ha terminado, ni mucho menos. Ahora es un helicóptero el que les persigue, disparando y haciendo vuelos rasantes, con Bond llevando el Lektor por el intrincando paisaje montañoso. Por fin, escondido en el hueco de una roca, logrará tener a tiro el helicóptero y acabará provocando su espectacular caída.

La última oportunidad

El superjefe de Spectre no perdona el fracaso, y elimina a uno de sus sicarios. Entretanto con su lancha por el Adriático Bond y Tatiana sufren un persecución a tiro limpio, pero la estratagema de arrojar al agua unos bidones con combustible altamente inflamable les saca de apuros.

¿Final feliz en Venecia, en una lujosa suite? Bueno, la coronel Klebb no se da por vencida, y la encontramos inesperadamente disfrazada de doncella, dispuesta a arrebatar el Lektor, espera que con la complicidad de Tatiana. Pero en el clímax con zapato letal con puntera, ella ayuda a Bond, y terminan la función felizmente en un paseo de la pareja por góndola, con 007 arrojando al agua la película que registró su noche romántica.

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