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25 años después de la caída del muro de Berlín, Steven Spielberg dirige una película situada en el contexto de la Guerra Fría. La trama está basada en hechos reales, la defensa del espía ruso Rudolf Abel a cargo del abogado estadounidense James B. Donovan, y su canje posterior en Berlín por el compatriota piloto de un U2 Francis Gary Powers.

El guión original de film de Steven Spielberg es obra de Matt Charman, al que luego los hermanos Joel y Ethan Coen contribuyeron a dar su forma final.

Los gurús de la escritura de guión suelen recomendar, a la hora de escribir una escena, entrar en ella lo más tarde posible, bien iniciada la acción que se describe, y salir de ella lo antes posible. Se trata de una norma de economía narrativa que suele dar muy buenos resultados, pues despierta el interés sin cansar, y se aplica perfectamente a la secuencia de apertura de El puente de los espías.

En efecto, en el arranque, que incluye el detonante de la acción, se nos ahorran muchas explicaciones. Estamos en Nueva York, a finales de los años 50, y de algún modo acompañamos a los agentes del FBI en el seguimiento de un tipo de apariencia anodina, Rudolf Abel, que se las arregla para darles esquinazo y acudir a la recogida de mensajes clandestinos, se trata sin duda de un espía. Los servidores de la ley irrumpirán en su apartamento y le detendrán, no sin que antes su hombre logre destruir algunas pruebas de su actividad delictiva.

Presentando a los personajes

puente1El primer acto del film sirve para presentar a los personajes, construir la relación de confianza abogado-cliente basada en el respeto, presentar un entorno familiar, y pintar la cargada y tensa atmósfera de los años de la Guerra Fría, que no impide al protagonista, el abogado James B. Donovan realizar con profesionalidad su trabajo, aun conociendo de antemano que el veredicto para Abel no puede ser otro que el culpabilidad.

Antes incluso de exponer la integridad e idealismo de Donovan, el libreto deja sentado primero su buen hacer profesional como abogado de seguros, al mostrarle negociando astutamente un caso. Cuando el Colegio de Abogados asigna a su bufete, de oficio, la defensa de Abe, que recae sobre Donovan, éste la acepta a regañadientes, pues el caso ocupa la primera plana de toda la prensa, y sabe que por su papel de defensor tiene todas las papeletas para convertirse en el tipo más odiado de América.

Todo el mundo cuenta con que Donovan haga lo mínimo indispensable para salvar la cara y demostrar a la opinión pública internacional que en Estados Unidos todo el mundo tiene derecho a un abogado, pero él está dispuesto a emplearse a fondo, y a no hacer simplemente el paripé. Lo que incluye pelear por las garantías procesales, y tratar de invalidar pruebas obtenidas sin orden de registro. En su particular viaje del héroe, Donovan no va a cambiar sustancialmente, la idea es que su integridad es puesta a prueba, y en los embates demostrará no sólo estar a la altura, sino que además es capaz de conseguir más de lo que humanamente parecía posible.

puente2El personaje pues queda definido perfectamente: es un profesional nada ingenuo, que no traicionará sus convicciones más profundas. Lo que se apuntala en las escenas con el joven ayudante, y en el transcurso de una cena familiar. Y en los encuentros que comparten Abel y Donovan se produce una progresión en el modo en que se miran: de cierto recelo mutuo, a cierta suerte de respeto, el abogado sabe que el otro estaba sirviendo a su país, el espía se da cuenta de que Donovan está cargando con una opinión pública adversa.

Los obstáculos en el periplo del héroe

Y de algún modo le anticipa ciertas dificultades para su tarea, y en efecto hay ciertas presiones para que no se esfuerce tanto, precedidas de una escena de suspense, un seguimiento nocturno bajo la lluvia en que llegamos a temer por la vida de Donovan, nos da la sensación de que una amenaza se cierne sobre él. Más adelante, ataques a su domicilio y reproches de un policía siguen configurando una atmósfera hostil, que toca soportar también a la esposa y a los hijos del abogado. Por su parte, el modo en que encara Abel su difícil posición da lugar a un mantra que volverá a surgir en el último acto, a la pregunta de Donovan de si está preocupado por lo que le puede ocurrir, el otro responde con un pragmático “¿serviría?”, hay situaciones ante las cuales sólo cabe tener paciencia y esperar a que se resuelvan de un modo u otro.

En este primer tramo del guión se presenta además al joven piloto Powers, que tras superar la prueba del detector de mentiras, es seleccionado por la CIA para vuelos espía con aviones U2 sobre la Unión Soviética, y sigue intensos entrenamientos.

puente5La primera vista pública del tribunal está cargada de simbolismo, pues el juramento ante el juez enlaza con la escuela y las clases en que se alerta al hijo de Donovan del peligro nuclear. De modo que las escenas de miedo en casa, y el padre que trata de transmitir tranquilidad, son elocuentes de cómo la justicia y los principios no deberían ser orillados dejándose dominar por temores a que el enemigo se aproveche de ellos, pues los considera una debilidad.

La profesionalidad que no cesa

El dictamen de culpabilidad del jurado, con el juez pendiente de dictar sentencia apuntan al final del primer acto, y, punto de giro, nos preparan para lo que vendrá después. Pues Donovan, aun pendiente del destino de su cliente, visita al juez en su domicilio para aconsejarle no optar por la pena capital, dándole un criterio práctico –un pragmatismo que le conecta con Abel–, quizá en el futuro el enemigo retenga a ciudadanos estadounidenses prisioneros en situación semejante, y conviene contar con cartas que permitan un posible intercambio de prisioneros.

El magistrado atiende a estas razones y sentencia cadena perpetua, lo que produce un revuelo en la opinión pública, y posteriores miradas antipáticas a Donovan en el metro, una muestra más del rechazo que le toca sufrir, y que también tiene otra consecuencia, la caída en desgracia en el bufete.

En el segundo acto se acumulan los acontecimientos que conducen a una situación sorprendente, el abogado James B. Donovan convertido en negociador oficioso de Estados Unidos en una situación de intercambio de prisioneros en Berlín. Por un lado el avión U2 de Powers es abatido en una de sus primeras misiones de espionaje, y, eco del caso Abel, aunque aquí sin abogados que valgan, es interrogado y condenado por un tribunal. De la gélida temperatura alcanzada por la Guerra Fría da idea el inicio del levantamiento del muro de Berlín, y la detención de un estudiante americano, que tiene la mala pata de estar en el lugar equivocado en el momento adecuada.puente3

Las piezas del puzzle

Se van entregando las piezas del puzzle que van a conducir a Donovan a Berlín. Su entrevista con el director de la CIA, Allen W. Dulles, y la misión que no existe de negociar con los rusos, la mentira piadosa a la esposa de un supuesto viaje de trabajo a Londres, la reunión en Berlín, en el hotelucho donde se aloja con algunos agentes de la CIA. Es invierno y cae la nieve, un clima coincidente con las circunstancias de la relación Estados Unidos-Unión Soviética. Da idea también del ambiente hostil las colas para pasar de una zona a otra, y el robo del abrigo del protagonista en Berlín Este, que debe cubrir el último tramo de su trayecto a la embajada soviética a cuerpo gentil, lo que simbólicamente sugiere la implicación total del abogado en el cumplimiento de su misión.

En las negociaciones, Donovan tiene encomendado el estricto canje de Abel por Powers. Pero la partida de ajedrez donde él mueve las fichas del bando americano presenta algunas complicaciones. Por un lado, enfrente tiene a un jugador bicéfalo. Están los soviéticos, en cuya embajada tiene un encuentro con la supuesta familia de Abel, un grupo de actores organizando una particular pantomima, y donde no está claro que tenga ante sí un interlocutor claro. Por otro lado, está el estudiante americano cuya liberación querría obtener también Donovan, aunque no se trata de una prioridad para la CIA. En cambio los alemanes orientales –que tienen en su poder al estudiante– tienen interés en convertirse en parte de las negociaciones, pues supondría una suerte de reconocimiento de estatus de nación que todavía no le conceden en los foros internacionales.

puente7De modo que el abogado debe emplearse a fondo en un chalaneo a tres bandas con rusos, alemanes y la CIA, para lograr no sólo intercambiar a Abel por Powers, sino incluir en el paquete al estudiante que pasaba por ahí. Lo que se adereza con elementos para dar mayor trepidación a la trama: el viaje vertiginoso en coche por las calles nevadas, la detención de Donovan una noche para amendrentarle, ver en vivo y en directo el precio de intentar pasar el muro ilegalmente.

El intercambio

Todo nos ha preparado para el tercer acto, que prácticamente coincide con el clímax, el intercambio de prisioneros. Previamente Abel ha sido trasladado a Berlín, y todo está listo para proceder, si se llega a un acuerdo. Pero entretanto hay una tensa espera de Donovan, acompañado por los agentes de la CIA, y al liderar él la negociación, ha jugado una apuesta fuerte, el doble o nada. Al fin llega la ansiada llamada telefónica, hay acuerdo. Pero habrá dos puntos de entrega de prisioneros: en el puente Glienicke debe producirse el intercambio de Abel por Powers. Mientras que en el Checkpoint Charlie debe procederse a la liberación del estudiante.

puente6El clímax, en la madrugada, tiene el suspense requerido en estos casos. Se produce el reencuentro de Abel y Donovan, donde se confirma que han creado unos lazos especiales entre los dos hombres, de modo que el abogado se preocupa del futuro que aguarda al espía, y el otro prueba su respeto no teniendo prisas en el intercambio, mientras esperan noticias de lo que está aconteciendo en el paso fronterizo Charlie. El guardar las distancias, y el reconocimiento de los prisioneros que se entregan, configuran la escena, al tiempo que se juega con las dudas de si la entrega del estudiante se producirá, sabiendo que ésta va a producirse gracias al empeño personal de Donovan. Finalmente, todo discurre del mejor modo posible, aunque con la intuición de que Abel lo va a pasar mal en Rusia.

Ser uno mismo

De todos modos, el epílogo de la vuelta a casa también nos pone ante un panorama nada fácil para el piloto Powers, sus compatriotas le miran con malos ojos, como en su momento fue mirado Donovan por defender a Abel. Cuando Powers trata de justificarse ante Donovan, éste le para los pies, haciéndole ver que no debería importarle lo que piensen los demás de cómo actuó o qué contó a los rusos, lo que debe importarle es lo que piensa él mismo.

Finalmente Donovan vuelve a casa, donde se convierte en un héroe, no sólo ante la opinión pública, que se entera de su mediación, sino sobre todo, ante su familia. Se vuelve a la normalidad, aunque es una normalidad en la que Donovan ya estaba instalado, la normalidad de hacer en cada momento lo que hay que hacer.

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