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En “Un monstruo viene a verme”, J.A. Bayona adapta la novela homónima de Patrick Ness ilustrada por Jim Cay, y compuesta a partir de las notas de Siobhan Dowd, escritora que padecía cáncer, y a quien vino la idea de la trama durante la enfermedad que le llevó a la muerte. No pudo escribir el libro que hubiera querido, tarea que acometió Patrick Ness, quien luego ha firmado también el guión de la película de Bayona.


J.A. Bayona vuelve a hablar en Un monstruo viene a verme de madurez y orfandad, filiación y maternidad, temas tan queridos en su filmografía, El orfanato y Lo imposible, y que le conectan con su admirado Steven Spielberg, que le está produciendo su nuevo proyecto, la secuela de Jurassic World.

 

un monstruo viene a verme 29398 g5El guión sigue una estructura clásica donde en sus tres actos se distinguen con nitidez la presentación, el nudo y el desenlace de la historia. El primer tramo claramente tiene la finalidad de situar al espectador en situación, para que sepa lo que está ocurriendo. Y ello se procura hacer con algunos trazos impresionistas, piezas que componen el paisaje en el que se mueve el protagonista, Conor O’Malley (Lewis MacDougall), un chaval de doce años.

De modo que tenemos al chico despertándose de una tremenda pesadilla, con un terremoto en una colina, donde una capilla se resquebraja, y se abren y hunden las tumbas del cementerio anejo. Desenvolviéndose solo en casa, preparándose el desayuno, de modo que adivinamos su soledad e independencia. Mirando los frascos de medicinas del cuarto de baño, que nos adelantan que su madre (Felicity Jones) está enferma. La visita de la abuela (Sigourney Weaver), con la que previsiblemente tendrá que irse a vivir, algo ante lo que se rebela. El anuncio de la llegada del padre, que viene desde Estados Unidos, lo que completa el cuadro de una familia rota y desestructurada. El recurso al dibujo y la imaginación como vía de escape, Conor no sigue las lecciones en el colegio, sino que usa su lápiz para ilustrar lo que lleva dentro. Las miradas de desprecio de un compañero de pupitre, frente a la indiferencia del resto, completado con el zarandeo de una situación bullying a la salida de clase, completan el cuadro de vivencias de una adolescencia sufriente.

En esta tesitura, la llegada siete minutos después de la medianoche de un monstruo en forma de gigantesco árbol antropomórfico, que responde a la llamada, convocatoria inconsciente de Conor, completa la presentación de la historia. El monstruo, nada complaciente con el chico, viene a prepararle para afrontar sus miedos y mirar cara a cara a la verdad. De modo que anuncia sucesivas visitas en las que le contará tres relatos aleccionadores, que deben proporcionarle la suficiente sabiduría para que Conor sea capaz de componer su propia narración, una cuarta historia que le ayudará a seguir adelante en la vida.

mons1El cuerpo del segundo acto lo constituyen precisamente los tres relatos prometidos por el monstruo. El mérito del guión de Ness es imbricar dichos relatos con lo que acontece en el mundo real. De modo que tenemos varias capas de narración y lectura que hablan de lo mismo a distintos niveles. Un curioso juego en que la fantasía es muy real, porque a pesar de tener cuentos con reyes, princesas y brujas, los tradicionales roles que vinculan a estos personajes con el bien y el mal de un modo demasiado simplista y maniqueo, aquí son tamizados con una mirada realista, las personas a veces actúan bien, y a veces actúan mal, sostienen posturas que no impiden luego acciones incoherentes, y la sabiduría y madurez consisten precisamente en saber esto e integrarlo, para así no condenar de modo inmisericorde y aprender a convivir en paz, una paz que se construye día a día. Como ha comentado Bayona en una entrevista, “creo que en las contradicciones, en la incertidumbre, en todo lo que escapa de la perfección, es donde se muestra lo humano”.

El cuento de los reyes que tienen un hijo príncipe, en que la madre muere y el padre se casa con una mujer joven que es una bruja. Los amores contrariados del príncipe por la hija de un granjero, el asesino de ésta, la culpabilidad supuesta de la bruja, y la realidad de que es el príncipe el culpable para quitarse de en medio a su madrastra, más el dato de que luego fue un rey muy querido, articulan una realidad compleja, en que se nos indica que las apariencias engañan, que no hay que precipitarse a la hora de emitir juicios sobre las personas. Este relato que el guión señala que se cuenta con técnicas animadas, conecta con los juicios precipitados de Conor acerca de los adultos que le rodean, a su abuela la ve como una bruja estricta, que le dará poca libertad en casa, y su padre americano como alguien que sólo le llevará a su casa a Estados Unidos como un invitado, no como a un hijo que se encuentra en su propio hogar.

un monstruo viene a verme 29398 g9Un nuevo relato, nuevamente con técnicas animadas, pero combinado con una integración del propio Conor, se diría que estrecha las relaciones entre fantasía y realidad. El monstruo arbóreo le habla al chico del boticario cuyos remedios contra las enfermedades eran pretendidos por muchos, mientras un párroco predicaba contra ellos considerándolos supersticiones estúpidas. Cuando son sus dos queridas hijas las que están al borde la muerte, el incoherente clérigo está dispuesto a renunciar a su fe, que no es fe, para lograr su curación, motivo por el que el otro le niega su ayuda. “Creer es la mitad de la curación”, aunque la curación no sea tal vez lo que creemos que es curación, y creer sea tal vez aceptar simplemente que tu madre se está muriendo, y los sentimientos que acompañan a esta creencia.

Se introducen temas de sentido de la vida de gran calado, a la vez que se habla del dolor al que acompaña un afán de destrucción, una furia que hacemos pagar a los que tenemos alrededor, e incluso a objetos físicos. La destrucción en el cuento va acompañada por la destrucción de los objetos queridos del salón de la abuela, un desastre que reduce a escombros tantos recuerdos reunidos a lo largo de toda una vida. Aunque puede que todo ese desastre no lo sea tanto, si uno es capaz de recoger los pedazos rotos, pedir perdón, decir “lo siento”. También se introduce bien toda una pedagogía de la omisión del castigo –“¿no me vais a castigar?”–, ese dolor manifestado tan estentóreamente es el castigo.

un monstruo viene a verme 29398 g8La tercera historia se liga al bullying, y aquí el realismo es todavía mayor, el monstruo viene siete minutos después del mediodía, en pleno colegio, cuando el compañero que acosa a Conor le ha proferido la mayor de las amenazas –de acosarlo va a pasar a ignorarlo, él no es nadie, no existe–, y hace lo peor que puede hacer, meterse con su madre. El relato del monstruo precipita la reacción de Conor hacia el acosador, le da una paliza que lleva al chico al hospital. Después de que ha ocurrido esto el chico está ya preparado para contar su historia, y el monstruo le exige dicho relato, que afronte y cuente la verdad. Tiene que mirar su pesadilla de frente, afrontar sus demonios interiores, eso sí que es un verdadero monstruo.

Todo esto nos precipita hacia el tercer acto, el desenlace, con un punto de giro cuyos engranajes se deslizan poco a poco, en el paisaje de la capilla, el tejo y el cementerio, donde Conor exige al monstruo que se despierte aunque sea la hora, siete minutos después de la medianoche. Él tiene que curar a su madre, todos esos relatos son un absurdo y no sirven para nada, si no traen consigo la deseada curación. Pero el chico se ve obligado a reconocer la verdad, con esa imagen del suelo abriéndose, la madre viniéndose abajo al abismo de la muerte, él agarrándola, hasta el momento en que le toca reconocer que lo que quiere es que todo se acabe, que tal vez está deseando que su madre muera, porque el dolor es demasiado grande. Es un momento terrible pero también catártico, en que Conor aprende que es humano, y el monstruo le hace ver que en realidad lo que quiere es que ese dolor insoportable cese.

un monstruo viene a verme 29398 g4Conor se queda dormido al pie del tejo, y su abuela viene a buscarle de noche, su madre se está muriendo, hay que acudir al hospital. Son los momentos de la maduración completa de Conor. El coche parado ante el paso a nivel cerrado, para que pase un tren, habla de levantar los obstáculos entre nieto y abuela, tal vez no sean la pareja perfecta, pero tendrán que aprender a convivir, remover las dificultades. Ya en el hospital, se expresan esos sentimientos paradójicos, “no quiero que te vayas”, con la buena disposición de dejarla ir, de aceptar que la muerte forma parte de la vida. Todo ante la mirada comprensiva del monstruo desde la ventana de la habitación, a quien la madre parece también ver, o esa indicación se nos da sutilmente. Como señala Patrick Ness, “es cierto que la historia gira en torno a la pérdida de un ser querido, pero en el fondo creo que es más cercano al ‘temor’ a esa pérdida”.

Y en efecto, epílogo perfecto, con Conor en su propia habitación en casa de la abuela, de la que tiene su propia llave, tiene ocasión de mirar los dibujos que su madre hacía de niña, ella tuvo en su momento deseos también de dedicarse a las bellas artes. Y entre esos dibujos encuentra Conor ilustraciones de los relatos que le ha hecho el monstruo, sin duda que también su madre tuvo que afrontar en su momento sus propios miedos, y su imaginación y talento pictórico le ayudaron sin duda a lograrlo.

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