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Biografía

Bertrand Tavernier

18/09/2013
(Lyon, Rhône, Francia, 25/04/1941)
Premios: 1 Festival de Cannes (más 1 premios) Ver más
Ganador de 1 premio
Ganador de 1 premio
El 'ancien terrible'
Bertrand Tavernier

Se sale de ver sus películas concienciado con problemas sociales y con cierta determinación a actuar para cambiar las cosas. El versátil Bertrand Tavernier contagia su gran amor por el cine en películas sobre héroes cotidianos capaces de dejarse la piel por lo que creen justo, aunque para ello deban desafiar la legalidad y se vean inmersos en dilemas éticos.

Bertrand Tavernier vino al mundo el 25 de abril de 1941, en Lyon, durante la ocupación nazi de Francia. Su padre, el publicista y escritor René Tavernier, colaboraba de forma clandestina en un diario que pretendía mantener alta la moral de la Resistencia. A Tavernier se le quedó grabada la firme convicción de su progenitor de que "la pluma es más poderosa que la espada".

Terminada la II Guerra Mundial, Tavernier se fue aficionando cada vez más al cine, hasta el punto de que cuando tenía 13 años ya tenía bastante claro que quería ser director. Le apasionaban especialmente los realizadores americanos, sobre todo John Ford, Joseph Losey, Samuel Fuller y William A. Wellman, aunque también cita entre sus favoritos a sus compatriotas Jean Vigo, Jean Renoir y Jacques Becker.

Estudió Derecho en la Sorbona, pero abandonó las aulas en cuanto tuvo oportunidad de ponerse a trabajar como asistente de Jean-Pierre Melville en Léon Morin, prêtre. Esa primera toma de contacto con la industria del cine no resultó como él esperaba, porque el director le llegó a decir que no valía para esa tarea y que se dedicara a ejercer como jefe de prensa.

De esta forma, Tavernier ejerció durante una larga temporada este cometido para el productor Georges de Beauregard. Al mismo tiempo, comenzó a ejercer como crítico de cine, para publicaciones tan prestigiosas como Positif y Cahiers du Cinéma. Escribió algún libro, como "50 años de cine norteamericano", donde hablaba únicamente de sus películas y realizadores favoritos en dos volúmenes, que obtuvo un enorme éxito.

Gracias a sus contactos en el mundillo del cine al estar dentro de la industria, le surge la oportunidad de debutar como director de sendos cortos para los filmes colectivos Les baisers y La chance et l'amour. Ésta vez los resultados son convincentes.

Sin embargo, tardaría 10 años en poder debutar en el largometraje, con El relojero de Saint-Paul, adaptación de una novela criminal de Georges Simenon. Coescribió él mismo el guión, que traslada la acción a su Lyon natal. Con él logró interesar a Phillippe Noiret, por entonces consagrado como gran figura del cine patrio por títulos como La gran comilona, Topaz, y sobre todo la inolvidable Zazie en el metro.

A Noiret le apasionó el papel principal y le dio al realizador su palabra de que le apoyaría hasta el final. Tras el fallecimiento del actor en 2006, Tavernier redactó una emotiva carta en la que explicaba que le debía al intérprete y a su lealtad el haber podido dedicarse al cine. Durante 18 meses, Tavernier llevó el libreto a todas las productoras que operaban en Francia, obteniendo negativas encadenadas, algunas de ellas insultantes. "Durante más de dieciocho meses, mientras me rechazaban y humillaban, él me apoyó, estuvo en mi rincón, sin renegar de su compromiso", comentaba. "Yo, sin embargo, nunca había hecho antes una película, y si él hubiera abandonado el barco, hoy no estaría aquí".

En El relojero de Saint-Paul destaca Noiret a un alto nivel como un hombre que trata de entender la motivación de su hijo, al que ha criado en solitario, y que se ha visto implicado en un asesinato político. También se luce Jean Rochefort, en el papel del policía encargado del caso. Se puede decir que El relojero de Saint-Paul va tan a contracorriente que parece reivindicar la gran tradición de películas criminales francesas que François Truffaut tanto denostaba en su célebre artículo "Una cierta tendencia". Tavernier ya centraba su cine en el retrato de la realidad del momento, en concreto las posiciones políticas de la Francia post mayo del 68.

Repite con ambos actores, Philippe Noiret y Jean Rochefort, en Que empiece la fiesta, un film histórico sobre la relación entre el libertino Felipe de Orleáns (Noiret), regente de Francia en 1719, y su consejero, el padre Dubois (Rochefort), un sacerdote ateo. También parece mirar hacia el presente en su descripción de los excesos de la corte que influyeron en la génesis de la Revolución Francesa. "Las películas históricas deben verse como actuales. Si comprendemos el pasado, entendemos el presente", ha comentado Tavernier en una entrevista.

También pertenece al género El juez y el asesino, que tiene como personajes principales a un anarquista enloquecido del siglo XIX (Michel Galabru) y al magistrado que le juzga. En Los inquilinos, con Michel Piccoli, los vecinos de un inmueble se rebelan contra el abusivo propietario.

Tavernier había desarrollado en sus primeros trabajos un estilo propio, pero que bebe claramente de los clásicos del cine galo, lo que le valió tanto adeptos como detractores. Pero cambió en cierta forma de registro con La muerte en directo, técnicamente más arriesgado e innovador por sus numerosos travellings, y que desarrolla una historia de ciencia ficción. Además, parece adelantarse a su tiempo con la historia de un joven reportero (Harvey Keitel) que acepta implantarse una cámara en el cerebro para rodar el fallecimiento por enfermedad de una escritora. En su reivindicación de ponerle límites a la telebasura, no ha perdido actualidad.

A lo largo de los 80, Tavernier logra emocionar con Un domingo en el campo, sobre un pintor y sus hijos, con la que ganó el premio al mejor director en Cannes, y rinde un homenaje sentido a la música de jazz con la excelente Alrededor de la medianoche, con la que Herbie Hancock ganó el Oscar a la mejor banda sonora.

Tavernier se superó a sí mismo en 1989 con la redonda La vida y nada más, que recupera a Philippe Noiret como un oficial del ejército que tras la primera Guerra Mundial tiene ante sí la dura tarea de reunir datos sobre 350.000 soldados galos desaparecidos durante la contienda. Reflexiona sobre la muerte, pero también sobre el cinismo de los políticos, que presionan al protagonista en función de sus propios intereses.

Volvería años después al terreno de la Gran Guerra con Capitán Conan, que se sitúa en Bulgaria, cerca del final del conflicto. La historia del líder de un regimiento de expertos en combate cuerpo a cuerpo plantea la inquietante cuestión del problema de que los soldados se adapten a la vida civil una vez se deja de depender de ellos en los combates.

Tras incursionar en el cine de aventuras con La hija de D'Artagnan, uno de sus filmes más exitosos, y en el policiaco con conciencia social en Ley 627, sobre los estragos de la droga en la juventud, Bertrand Tavernier ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín con la sobrecogedora La carnaza. Basada en un caso real, tiene como protagonista a tres adolescentes que no dudan en matar a hombres solteros para reunir el dinero que necesitan para abrir una tienda de ropa en Estados Unidos. El realizador no se posiciona, se limita a mostrar la terrible realidad de los jóvenes sin principios obsesionados por comprar objetos de marca. "Creo que era realista, y que demostraba que la educación en Francia no iba bien", recuerda el realizador. "No intentaba atacar a la juventud francesa, sino a determinados chicos que son incapaces de afrontar la realidad, y cuando lo hacen, causan un desastre".

La obra cumbre del realizador francés es sin duda Hoy empieza todo, que arrancó la friolera de treinta minutos de ovaciones tras su pase en el Festival de Berlín, en 1999, donde obtuvo el Premio de la Fipresci, una Mención de Honor, y el Premio del Jurado Ecuménico. Philippe Torreton, en su mejor trabajo, interpreta al director de una escuela de una zona deprimida de la Auvernia francesa, que intenta echar una mano a las familias de sus alumnos pese a que choca con la burocracia. Aunque pinta una realidad terrible, Tavernier no cae en la tentación del pesimismo fácil, y su film incita a implicarse para mejorar las cosas aún en condiciones complejas. "Dio buenos resultados porque me constan los casos de 18 personas que decidieron convertirse en profesores por Hoy empieza todo. ¡Es para mí toda una victoria!".

En los últimos años, Tavernier ha levantado ampollas en Francia, con Salvoconducto, por su defensa y reivindicación de los directores que siguieron haciendo cine durante la ocupación nazi, tradicionalmente acusados de colaboracionistas. "Creo sinceramente que la controversia la causaron los que no entendieron nada de la película", ha explicado. "Un grupo de gente hizo una lectura completamente estúpida, como si atacase a la Nouvelle Vague, cuando contaba lo que ocurrió en 1942".

La pequeña Lola documenta el drama de las parejas que se ven obligados a viajar a un país exótico, Camboya, para intentar adoptar legalmente a un niño a pesar de la corrupción de las autoridades. Quizás el film menos interesante de la obra del realizador francés sea En el centro de la tormenta, fallida incursión del francés en Hollywood con Tommy Lee Jones como policía que investiga la muerte de una prostituta en Louisiana, tras el Katrina. Se realizaron dos montajes, el más personal del director, que compitió en Berlín, y el recortado para su estreno en salas comerciales. Tampoco acaba de emocionar La princesse de Montpensier, sobre una aristócrata del XVI, obligada a casarse con un hombre al que no conoce. En Quai d'Orsay, adaptación de un cómic de Christophe Blain y Abel Lanzac, vuelve a arremeter contra la burocracia retratando a un ministro de asuntos exteriores muy parecido al antiguo primer ministro francés Dominique de Villepin, interpretado por Thierry Lhermitte.

En 1965, el realizador se casó con Claudine O'Hagen, guionista en alguno de sus títulos, como La carnaza y La pasión de Beatriz, que suele firmar como Colo Tavernier. Se divorciaron en 1980, después de tener dos hijos, Nils Tavernier, actor y realizador, y Tiffany Tavernier, escritora y guionista.

Un aspecto menos conocido de Bertrand Tavernier es su faceta como director de documentales, como Mississippi Blues, La guerre sans nom y sobre todo Histoires de vies brisées: les 'double peine' de Lyon, que criticaba la legislación francesa por la doble pena, que consistía en que cuando un emigrante cumplía condena por un delito, posteriormente se le expulsaba de Francia. "Lo vio Nicolas Sarkozy cuando era ministro del Interior y me dijo que antes de ver mi película estaba a favor de la doble pena, pero que ahora estaba en contra y que la iba a abolir". Al final va a ser cierto que la pluma, y la claqueta, tienen más poder que las armas.

Trabajos destacados

Filmografía

Director

Director (23 títulos)
2016 | Voyage à travers le cinéma français
estrella
6
2010 | In the Electric Mist
estrella
4
2010 | La princesse de Montpensier
estrella
5
2004 | Holy Lola
estrella
4
2002 | Laissez-passer
estrella
6
1999 | Ça commence aujourd'hui
estrella
7
1996 | Capitaine Conan
estrella
6
1995 | L'appât
estrella
4
1994 | La fille de D'Artagnan
estrella
5
1994 | L. 627
estrella
7
1990 | Daddy Nostalgie
estrella
6
1989 | La vie et rien d'autre
estrella
6
1987 | La passion Béatrice
estrella
6
1986 | 'Round Midnight
estrella
7
1984 | Un dimanche à la campagne
estrella
7
1981 | Coup de torchon
estrella
6
1980 | La mort en direct
estrella
6
1980 | Une semaine de vacances
estrella
5
1977 | Des enfants gâtés
estrella
5
1976 | Le juge et l'assassin
estrella
6
1975 | Que la fête commence...
estrella
5
1974 | L' horloger de Saint-Paul
estrella
6

Guionista

Guionista (21 títulos)

Magazine



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