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Biografía

Carl Theodor Dreyer

28/12/2011
(Copenhague, Dinamarca, 03/02/1889; † Copenhague, Dinamarca, 20/03/1968)
Premios: 1 Festival de Venecia Ver más
Ganador de 1 premio
Milagro
Carl Theodor Dreyer

Aunque vivió hasta casi los 80 años, su filmografía apenas la componen 14 largometrajes más unos pocos cortos de tipo documental. Cine ascético y riguroso, pocos han logrado como Carl Theodor Dreyer expresar con tanta elocuencia lo inefable. Un milagro.

Podríamos no haber tenido el cine de Carl Theodor Dreyer, lo que desde luego habría sido una auténtica desgracia para la humanidad, que habría quedado privada de imperecederas obras de arte. Y es que el gran cineasta danés nació en Copenhague el 3 de febrero de 1889 fruto de la relación de Jens Christian Torp, un adinerado terrateniente sueco de Grantinge (Suecia), con su ama de llaves, Josephine Nilsson. El padre sólo quería evitar el escándalo, de modo que se desentendió de su vástago y mandó a la mujer a dar a luz lejos, en la capital de Dinamarca. Ella, sin recursos, dio en adopción al recién nacido y murió dos años después al intentar abortar. Estos hechos no los llegaría a conocer el futuro director de cine hasta cumplir los 17 años, en que viaja a Suecia para conocer toda la verdad de sus orígenes. ¿Pesaría este pasado en la concepción de las heroínas de sus películas, Juana de Arco, Inger, Gertrude y compañía? Sin duda que sí.

Entretanto le acoge primero una familia obrera, los Petersen, y finalmente los Dreyer, que le dan el nombre de Carl Theodor. No parece que el amor reinara en el hogar que preside un obrero tipógrafo de ideas socialistas e irreligioso. En esta desafección pesa una hija nacida fuera del matrimonio, y que el adoptado no es, a la postre, carne de su carne y sangre de su sangre.

En el completo estudio del cineasta escrito por José Andrés Dulce se mencionan tres probables influencias nacionales en Dreyer: el naturalista Georg Brandes, el filósofo Sören Kierkegaard y el escritor Hans Christian Andersen. De jovencito, trabaja de aprendiz en la compañía de gas y electricidad de Copenhague, y en la oficina de telégrafos. No parece que por ahí pretenda progresar, y en cambio sí le atrae escribir para la prensa, de modo que en el diario Berlingske Tidende firma artículos sobre temas tan asombrosos como la aeronáutica; y es que el mismo Dreyer se sacó la licencia de piloto. Curiosamente parece que por aquí le vino su primer contacto profesional con el cine, cuando critica en un artículo el coste de las escenas aéreas del film El triple salto mortal; a consecuencia de ello será contratado como asesor por el productor Kai van der Aa Kühle, arrancando su carrera de cineasta. En 1911, o sea, con 22 años, contrae matrimonio con Ebba Larsen, la hija de un comerciante, su esposa hasta la muerte, que le dio dos hijos.

En la productora Nordisk Film, además de consejero técnico y artístico de las películas, pasa a ser redactor de intertítulos, y se convierte en guionista. Es por supuesto la época del cine mudo, y durante más de seis años escribe múltiples guiones, cerca de cuarenta, inestimable escuela de aprendizaje para llegar a ponerse algún día detrás de la cámara. Tal día llega en 1919, año en que debuta en la dirección con Præsidenten, donde él mismo adapta una novela de Karl Emil Franzos sobre una mujer acusada de haber matado a su hijo recién nacido. Pocos sospechan cuando se estrena el film lo cerca que le toca esta trama a Dreyer. La idea del no-nacimiento reaparecerá años más tarde en Ordet (La palabra), por el parto malogrado de Inger.

Páginas del libro de Satán (1921), dividida en cuatro segmentos ambientados en la Palestina de la Pasión del Señor, la Sevilla de la Inquisición, el París de la Revolución Francesa, y el marco de la guerra civil finlandes, resulta innegable deudora de Intolerancia (1916) de David W. Griffith, no sólo por estructura, también por temática, una intolerancia que luego será fustigada en La pasión de Juana de Arco (1928), quizá la mejor película sobre la doncella de Orleáns, con unos soberbios y espirituales primeros planos de Maria Falconetti, y un enfoque de rigoroso ascetismo, que despoja a la narración de cualquier artificio. Siempre rodará en blanco y negro, del que dirá “se trabaja con luces y sombras, con líneas sobre líneas; y en color, con superficies sobre superficies, formas sobre formas y colores sobre colores”, de modo que él no llegará a explorar lo que denomina “constelaciones de color”, eso quedará para otros. Páginas también permite intuir una película que no llegó a ser, El juicio de Jesús, en cuyos preparativos aún seguía sumergido cuando le alcanzó la muerte en 1968.

Títulos como La viuda del pastor (1920) y El amo de la casa (1925) abordan historias domésticas, dramas familiares que indagan en las miserias que encierran determinados hogares; la segunda es verdaderamente brillante, una avanzada defensa de la mujer y el valor de las tareas domésticas frente a un machismo autoritario rampante, pero servida con fina ironía, y respetando a todos los personajes, una norma de conducta que seguirá en todas sus películas. Michael (1924) le lleva a Alemania, y maneja una historia ambientada en el mundillo artístico que cuenta con un guión de Thea von Harbou; quizá lo más sorprendente sea la ausencia de una impronta expresionista que la época y el lugar parecían exigir, además de una relación tipo padre-hijo con la cuestión de la ingratitud y la inconscencia juvenil de por medio. También en Alemania rodó la sorprendente La bruja vampiro, también conocida por su título original, Vampyr, cine fantástico y vampírico, pero claro, cine fantástico dreyeriano. Fue el primer film sonoro de Dreyer, y se saldó con un fracaso, a pesar de sus imágenes fascinantes, esas escenas de pesadilla del entierro del protagonista con planos subjetivos desde el interior del ataúd. Más de una década tuvo que transcurrir para que pudiera dirigir de nuevo. Como le ocurrió a otro cineasta ilustre, Orson Welles, Dreyer lo tendrá difícil para hacer las películas que desea. Por ejemplo rehusó rodar en 1934 una adaptación de “Pan”, la obra del Nobel Knut Hamsun, y es que la Alemania nazi no le ofrece un ambiente en que se sienta cómodo para trabajar.

Aunque, no hay bien que por mal no venga, esto nos permite descubrir su breve faceta de crítico de cine en los años 30, cuando escribe comentarios de películas en el Berlingske Tidend; es tan duro en sus juicios -de la Ana Karenina (1935) de Clarence Brown dirá tras alabar las cuestiones técnicas que “los personajes devienen clichés”-, que en tres meses le pedirán que abandone este cometido.

En 1943 entrega Dies irae, nuevo alegato contra la intolerancia, que entronca con La pasión de Juana de Arco, y que algunos consideran que influyó en El séptimo sello de Ingmar Bergman, aunque la visión religiosa del sueco sea bastante diferente de la de Dreyer, éste es creyente, el otro anda metido en una angustiosa búsqueda de Dios donde el luteranismo es mucho más sofocante. En cualquier caso brilla la historia de infidelidad con una fantástica Lisbeth Movin como la joven esposa de un pastor luterano, atraído por su hijastro, una acción diabólica en pos del amor quizá más prosaica que la brujería que ciertos inquisidores quieren ver, pero igualmente destructiva.

Dos personas llega dos años después, un encargo que hace suyo con su gran talento, y de nuevo, el silencio, sólo roto por dos obras maestras incontestables, la milagrosa Ordet (La palabra) (1955) -incluso a los incrédulos les resulta inevitable venerar este film sobre las relaciones de fe y ciencia, y el modo de enfocar la práctica religiosa- y una joya sobre lo que es el amor y sus vaivenes, Gertrud (1964), en que la opción de la soledad desprende una infinita tristeza. Lo que en otro podría resultar artificial -planos secuencia muy sostenidos, manejo del espacio escénico, frases cargadas de contenido, cierto hieratismo, el recurso a espejos, puertas, jaulas de pájaros y cirios...-, en Dreyer ayuda a crear historias audiovisuales inolvidables.

Cineasta irrepetible, nadie ha impregnado de espiritualidad y humanismo sus películas como él, sólo Lars von Trier, compatriota que filmó su guión de Medea (1988), ha osado hacer un cine tan arriesgado y fiel a su visión de las cosas, en tal sentido nunca vendió su alma dirigiendo lo que no quería. Antes prefería hacer cortos documentales, trabajos desarrollados entre 1946 y 1955, o supervisar la programación de la sala de cine que regentaba.

Trabajos destacados

Filmografía

Director

Director (9 títulos)
1964 | Gertrud
estrella
9
1955 | Ordet
estrella
10
1947 | Två människor
estrella
6
1943 | Vredens dag
estrella
8
1932 | Vampyr - Der Traum des Allan Grey
estrella
7
1928 | La passion de Jeanne d'Arc
estrella
10
1925 | Du skal ære din hustru
estrella
8
1924 | Michael
estrella
7
1921 | Blade af Satans bog
estrella
6

Guionista

Guionista (9 títulos)

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