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Biografía

Yasujiro Ozu

19/07/2013
(Tokio, Japón, 12/12/1903; † Tokio, Japón, 12/12/1963)
Cine en familia
Yasujiro Ozu

La tríada de grandes directores clásicos japoneses incluye tradicionalmente a Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu. Quizá el de señas más reconocibles y el más universal, por su amplia y continua mirada al microcosmos de la familia, sea Ozu, un director que sabía lo que era el amor en la vida corriente, más allá de las penalidades que trae consigo el día a día.

Yasujiro Ozu nació en Tokio el 3 de diciembre de 1903, y sesenta años después, el día de su cumpleaños, a la edad en que los japoneses celebran el “kanreki”, dejaría este mundo. Su vida y su carrera en el mundo del cine corren de algún modo parejas a la evolución que le tocó sufrir a su país, inmerso en un feudalismo de corte rural que daría paso a la inevitable modernidad en las grandes urbes, igual que las tendencias imperialistas terminarían mordiendo el polvo con la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la tutela norteamericana, que facilitaría una democratización por la que nada sería como antes. La transformación del mundo en que se ha criado y ha crecido Yasujiro formará parte de su mundo fílmico, aunque descrita con una enorme sutileza y sin acritud o lamentos estériles, mediante una característica atmósfera nostálgica por algo inefable que se ha perdido inevitablemente en el camino y que se añora.

El futuro cineasta era el tercero de cinco hermanos de una familia acomodada, donde el padre, hombre de negocios, paraba poco en casa, lo que le llevó a estrechar lazos con su madre, hasta el punto de que vivirían bajo el mismo techo hasta la muerte de ella, acontecida un año antes de la suya. Incluso se produjo cierta escisión por motivos de la empresa familiar de abonos y fertilizantes, que condujeron a que en 1913 la madre se mudara con los cinco hijos a Matsuzaka, sede principal del negocio, con idea de que ella tomara ahí las riendas, mientras el progenitor se dedicaba de modo preferente a cultivar los clientes en Tokio. Así se puede observar que Yasujiro conoció desde temprana edad los entornos rural y urbano, y sin caer en pretender que sus filmes son estrictamente autobiográficos, sí se puede decir que su mirada a la propia familia debió ser honda e influir en su certeros cuadros de los hogares nipones, donde el rasgo más destacado consiste siempre en mostrar la completa normalidad, los dramas que acontecen son siempre los dramas cotidianos, que pasan inadvertidos para la mayoría de aquellos que no forman parte del círculo de confianza de la familia protagonista.

Yasujiro Ozu aprendió a amar el cine contemplando películas provenientes de Estados Unidos. Lo que no deja de ser paradójico en un director que suele ser considerado como autor exótico lejos de los parámetros occidentales, impresión falsa, ya que trata como tema principal algo tan universal como es la familia. En realidad Ozu no hizo una inmersión en el cine de sus compatriotas hasta que se sintió obligado a ello por comenzar a trabajar en la industria, en los estudios Shochiku de Shiro Kido, con sede en Kamata.

Fue en el cine Atagoza de Marsuzaka -“de no haber sido por esta sala, nunca hubiera sido director de cine”, aseguraba- donde vio cintas de Pearl White, Lillian Gish y William S. Hart. Y le marcarían cineastas como Rex Ingram, Charles Chaplin, Ernst Lubitsch y King Vidor. Nunca dejó de interesarle el cine de Hollywood, pues años después hablará con admiración de Orson Welles, John Ford y Alfred Hitchcock, e incluso de cintas animadas de Disney como Fantasía. A temprana edad los estudios no le interesaban demasiado, y en cambio no perdía ocasión para escaparse a la sala oscura del cine.

El ascenso hasta la dirección cinematográfica fue gradual. Antes hubo un intento de ingreso fallido en la escuela comercial de Kobe donde había estudiado su hermano mayor, un año de paro, y su trabajo como maestro. Parece que en esta época se aficionó al sake que acabaría afectando a su salud, y este tema, el de la bebida, también acabaría integrado en sus películas. En cualquier caso se impuso por decisión paterna el regreso a Tokio con la familia, cara a ordenar una trayectoria errática. Gracias a un tío suyo pudo conectar con los estudios Shochiku, que le ficharon en 1923 como ayudante de cámara, y aunque al padre no le convencía mucho tal dedicación profesional, acabaría centrando al veinteañero, que daría a su pasión por el cine una salida laboral.

Ozu encajó bien en la estructura particular del estudio -casi todas sus películas las rodaría ahí-, y conoció a alguien que sería fiel colaborador en su carrera, el guionista Kogo Noda. Aprendería el oficio de la mano de Joji Ohara e Hiroshi Sakai, aunque no manifestaba un especial interés por llegar a manejar la batuta de director, y tampoco se plegaría a influencias estilísticas manifiestas; de esta desgana inicial podría ser representativo el hecho de que su primera película, de 1927, muda y perdida en la actualidad, es una cinta de época de samuráis, La espada de la penitencia, la única del género “jidai geki” que entregó a lo largo de una carrera de 35 años. Según él mismo declaró, “no he tenido a nadie que pueda llamarse mi maestro”. De todos modos, aprendió las claves de la comedia a la japonesa junto al director Tadamoto Okubo, aunque él luego a la hora de abordar el género le daría un toque personal, acusando su conocimiento del cine de Chaplin y Lubitsch. En 1926 Kido, el jefe del estudio, confió en él lo suficiente para encargarle un guión, aunque no se rodaría hasta mucho después, en 1934, con dirección de Kintao Inoue.

Tras una pausa para cumplir el servicio militar, Ozu volvió a Shochiku, y empezó a rodar películas a buen ritmo, melodramas y comedias que respondían a la marca de la casa, y cintas gangsteriles. Algunos rostros conocidos de sus cintas posteriores se asoman ya en estos tempranos trabajos mudos, desconocidos casi todos en Occidente, e incluso irremisiblemente perdidos, como los de Chishu Ryu y Tatsuo Saito.

La vida de Ozu discurrirá relativamente tranquila, como la de los personajes de sus filmes más conocidos, las alteraciones que le sacuden son las que afectan a la gente corriente, como la muerte del padre en 1934, mientras rodaba Amad a la padre, que curiosamente incluía una escena sobre ese tema luctuoso; no sería la única vez, y el guionista Noda asegura que una escena semejante de Érase un padre (1942) partía de sus recuerdos personales. Los diarios, constantes sobre todo a partir de 1933, manifiestan esa normalidad, ahí se queja de los militares, del cansancio, de la falta de dinero, y manifiesta sus problemas de insomnio. A pesar de su gusto por el sake -cuyo consumo, insiste, debería moderar-, aparece como un hombre culto y amable nada dado a los excesos, que disfruta de los pequeños placeres cotidianos como la lectura y el visionado de películas, o el seguimiento del béisbol. Probablemente lo más “emocionante” en la existencia de Ozu fue su paso por ejército y más concretamente su llamada durante la guerra con China, que le ocupó casi dos años, aunque según dejó constancia en los diarios, y sin entrar en valoraciones políticas, aquello le parecía una lamentable pérdida de tiempo, “intentaré salir con bien de todo esto”, señalaba. En aquella época fue testigo de la sangrienta toma de Nanking, que abundó como ocurre e todo conflicto bélico en acciones brutales. Resulta llamativo que a pesar de su experiencia personal, el cineasta decidiera ignorar en su cine el tema de la guerra, nunca lo trató directamente. Según parece Ozu dejó de escribir o destruyó en sus diarios todo lo relativo a la década 1939-1949, probablemente quiso hacer borrón y cuenta nueva en lo relativo a la aventura bélica de su país; aunque otras interpretaciones consideran que se perdió esa parte del diario en un incendio que afectó a los estudios de Shochiku en 1952, y que destruyó el apartamento donde solía trabajar.

Muy pudoroso, poco se conoce de su vida privada, los que le conocieron le describen como tímido; nunca se casó, aunque sí le adjudicaron algún supuesto romance con alguna actriz, y se refiere con frecuencia a su estrecha relación con Sakae Mori, una geisha que respondía al nombre de Senmaru. A Ozu le molestó que ésta inspirara un relato de Rintaro Takeda, hasta el punto de escribir en el diario: “¿Cómo permitirse morir, si estando vivo, ya escucha uno cosas como éstas?”.

La revista Kinema Jumpo va reconociendo paulatinamente sus logros cinematográficos. El cine sonoro se introduce algo tardíamente en Japón, por lo que Ozu sigue entregando filmes mudos de gran madurez como He nacido, pero... (1932), de suave humor, que además de tratar la conciliación de trabajo y vida familiar, ofrece una simpática mirada a la infancia, que tendrá continuidad en su filmografía, de modo notable en la más tardía y ya en color Buenos días (1959). La ternura con que el director mira a la ancianidad hace pensar en una suerte de segunda infancia en esta etapa otoñal de la vida, como puede observarse en el matrimonio anciano de la magistral Cuentos de Tokio (1953).

Con Ozu cabe la tentación de resumir diciendo que siempre rodaba la misma película, se habla incluso de la circularidad de su filmografía y de minimalismo. Lo cual es cierto... hasta cierto punto. Porque en efecto, son siempre relaciones cotidianas e historias mínimas en el seno familiar donde impera la normalidad, hasta el punto de que la memoria del comentarista puede terminar mezclando películas, no recordar exactamente en qué película un progenitor viudo trasladaba casi inconscientemente su sentido de culpa por una muerte accidental sobre su hijo -Había un padre (1942)-, o en qué cinta la hija soltera no acaba de aprovechar oportunidades matrimoniales por acompañar a su padre viudo -Primavera tardía (1949)-. Mil variaciones sobre el mismo tema, pero claro, la enormidad del tema consiste nada menos que en la persona y las relaciones con sus semejantes, los vínculos familiares y las obligaciones subsiguientes, la vida misma pintada con una ternura delicadísima. De modo que dominan los contrastes generacionales -Principios de verano (1951) además de las citada Cuentos de Tokio-, las relaciones fraternales -Las hermanas Munekata (1950), Crepúsculo en Tokio (1957)- las preocupaciones casamenteras, las frustraciones laborales... La vida es hermosa pero se encuentra transida de momentos agridulces, y a veces somos como pájaros encerrados a nuestro pesar en una jaula, como sugieren las imágenes de Principios de verano.

Ritmo tranquilo, silencios significativos, miradas contemplativas, cámara inmóvil o casi. Muchas escenas de interiores con el objetivo a la altura del tatami, como sentándose con los personajes. Planos de composición muy elaborada, preparados de modo meticuloso, el cineasta siempre tiene la última palabra sobre el encuadre que aprovecha la geometría de las puertas correderas o las entradas a las casas. Ozu es un poeta de la vida corriente, parece que escuchamos la brisa crepuscular con sus personajes, y somos trasladados con ellos a una existencia donde no hay prisas, ni siquiera cuando se plantea que sería hora de ir tomando ya ciertas decisiones. Sus películas están repletas de emoción genuina, son historias de amor en su sentido más hondo y que se despliegan con distintos rostros, un verdadero portento de sensibilidad, donde nunca hay espacio para la sensiblería obvia o los aspavientos.

Trabajos destacados

Filmografía

Director

Director (22 títulos)
1962 | Sanma no aji
estrella
7
1961 | Kohayagawa-ke no aki
estrella
7
1960 | Akibiyori
estrella
8
1959 | Ohayo
estrella
7
1959 | Ukigusa
estrella
7
1958 | Higanbana
estrella
7
1957 | Tôkyô boshoku
estrella
8
1953 | Tokyo monogatari
estrella
9
1952 | Ochazuke no aji
estrella
6
1951 | Bakushu
estrella
9
1950 | Munekata kyoudai
estrella
8
1949 | Banshun
estrella
7
1948 | Kaze no naka no mendori
estrella
7
1947 | Nagaya shinshiroku
estrella
5
1942 | Chichi ariki
estrella
7
1941 | Todake no kyodai
estrella
6
1936 | Hitori musuko
estrella
5
1935 | Tokyo no yado
1934 | Ukikusa monogatari
estrella
6
1933 | Dekigokoro
estrella
5
1932 | Otona no miru ehon
estrella
6
1931 | Tokyo no korasu

Guionista

Guionista (17 títulos)

Magazine

CALENDARIO ESTRENOS DE CINE


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