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Aunque una bella y una bestia andan sueltas, dispuestas a dominar la cartelera con canciones y amor, yo me decanto por dos películas pequeñas y deliciosas, que combinan drama y comedia, "Los Hollar" y "Locas de alegría".

 

Llega sin hacer ruido, y me temo que con pocas copias, pero Los Hollar es una grata película dirigida por el también actor John Krasinski, que muestra entre risas y lágrimas que el dolor y la enfermedad pueden ser una valiosa ayuda para estrechar los lazos familiares. Cuenta además con un reparto maravilloso. Mientras que la cinta italiana Locas de alegría, describe una improbable amistad entre dos internas de un centro psiquiátrica, una de familia bien, charlatana y con aires de grandeza, la otra callada madre soltera a la que quitaron a su bebé por razones no explicadas de entrada, gran trabajo de las actrices Valeria Bruni Tedeschi y Micaela Ramazzotti. También es una dramedia con mujeres, como cabe imaginar por el título, El balcón de las mujeres, una producción de Israel.

Pero como decía, la película destinada a liderar la taquilla es La Bella y la Bestia, conversión del film disneyano animado en otro de actores, por tanto agradable aunque de mimetismo excesivo, con las conocidas canciones del original, y buenos efectos visuales para animar objetos.

No todo el terrorismo es islámico, viene a decir Imperium, film un poco gris protagonizado por el otrora Harry Potter Daniel Radcliffe, aquí tímido agente del FBI infiltrado en un grupo neonazi.

Y si el cine español fue la semana pasada a la guerra con la recomendable Zona hostil, ahora le toca viajar al pasado de la guerra civil en la irregular Incierta gloria, un tema no desconocido para su director, Agustí Villaronga.

Y sigo abriendo el abanico de géneros. De terror es Crudo, película retorcida donde las haya, que dirige una mujer, Julia Ducournau, en que a una vegetariana le obligan a comer carne cruda, y se desatan a partir de ahí los horrores. Mientras que un estimable documental, Safari, del austríaco Ulrich Seidl, muestra con objetividad entomológica que da que pensar la afición a la caza de varios personajes, que se desplazan a África para abatir animales y hacerse las inevitables fotos de sus logros.

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