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En HBO se puede seguir estos días “Feud: Bette and Joan”, ambiciosa serie sobre los vericuetos de Hollywood protagonizada por dos actrices de carácter, Jessica Lange y Susan Sarandon, que dan vida a otras dos actrices de carácter, Joan Crawford y Bette Davis.

 

Tratándose de la historia de la rivalidad y lucha de ambas mujeres por salir adelante en un sistema de producción que castiga a las que ya han cumplido cierta edad, cabía esperar que la serie fuera saludada de modo unánime como una muesca inteligente más en el esfuerzo por acrecentar los derechos de las féminas. Pero hay quien cuestiona que esto sea así, sin ir más lejos una mujer, Miriam Bale, lo ha hecho en un artículo de opinión publicado en The Hollywood Reporter.

La serie Feud: Bette and Joan, creada por el trío Ryan Murphy, Jaffe Cohen y Michael Zam, pone el acento, ciertamente, en los esfuerzos de Joan Crawford y Bette Davis –muy bien interpretadas por Jessica Lange y Susan Sarandon– por tener trabajo en las películas cuando contaban respectivamente 56 y 54 años, y Hollywood reclamaba actrices jóvenes e historias más bien masculinas. Y la iniciativa de la Crawford por impulsar personalmente el proyecto ¿Qué fue de Baby Jane?, y su fuerte de personalidad junto a la de la Davis, hablan claro de mujeres fuertes, con iniciativa, capacidad de buscarse la vida… A ello se suma el personaje de Pauline Jameson, ayudante de dirección, que escribe un guión y aspira ella misma a dirigir, abriéndose paso en una profesión dominada por los hombres.

Pero nunca llueve a gusto de todos. La mirada del año 2017, y el deseo de más, más, más, lo conseguido nunca es suficiente, conduce a la detección de elementos en la serie que infravalorarían a la mujer, y que a mi entender responden a un puntillismo excesivo. Según esta visión, se subraya demasiado la vanidad de las actrices, preocupadas por su físico, o por la imagen pública que transmiten, además de que se dejan manipular por los hombres, el director Robert Aldrich, el productor Jack Warner. Hasta los títulos de crédito subrayarían su condición de marionetas. Tampoco caería en gracia que casi la más feminista de todas, al menos por su visión, sea Mamacita, la empleada del hogar y ayudante de la Crawford, pues aunque asegura que todos los roles peliculeros deberían estar al alcance de la mujer, se dedica a fregotear suelos sin la iniciativa siquiera de usar una fregona.

Otro reproche que le hace a Murphy es que en sus series anteriores no hubiera acudido a mujeres directoras, aunque tal “fallo” lo habría subsanado precisamente en Feud.

Me parece una polémica bastante artificial, buscar los tres pies al gato de una serie bastante digna, aunque coincido en la idea de que las divas, y también la Hedda Hopper interpretada por Judy Davis, se antojan algo exageradas, como subrayando que están actuando de algún modo en sus relaciones con los demás, la vida como escenario, vaya. Desde luego, no pienso que los hombres queden especialmente bien, pues apenas sobresalen rasgos como el de ser manipuladores, su ambición y exceso de ego, e incluso el complejo de inferioridad.

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