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Estos días vivimos un gran revuelo entre los periodistas cinematográficos, por el cierre de la redacción de la revista “Fotogramas” en Barcelona y el despido de la mayoría de sus componentes.

 

Por supuesto, lo primero que piensa uno cuando oye hablar de cierres y despidos, es en el drama humano. Y simpatizas, yo también, con los afectados. Es muy duro quedarse sin trabajo. No sólo por la inseguridad económica, hay que sacar adelante a la familia, también porque la dedicación profesional dignifica: cuando se hace bien aquello y además se disfruta, es una satisfacción personal, y un servicio a la sociedad. En el caso de los periodistas de cine, todos somos conscientes de que con nuestros reportajes, críticas, entrevistas, análisis, etétera, damos elementos de juicio a nuestros lectores, oyentes o espectadores elementos de juicio y conocimiento para un mejor disfrute de películas y series.

No voy a entrar en el fondo de los comentarios de cartas públicas escritas por compañeros y amigos a los que aprecio, periodistas y responsables de prensa de las distribuidoras, donde se vierten a veces juicios duros para con la empresa editora de Fotogramas. Lo que tengo claro es que las líneas que firman son muy sentidas y expresan la solidaridad y simpatía con los afectados, y cierta sensación de enfado, desconcierto, frustración e impotencia por las lógicas a menudo irracionales del mercado, que empujan a cierres y reestructuraciones nada agradables. Sé de lo que hablo, porque tengo un pequeño récord personal, en los últimos 18 años he visto cómo había que echar el cierre por distintas razones, nunca agradables, no a una, sino a cuatro revistas de cine que tenía el honor de dirigir: Estrenos de Vídeo, que se distribuía en videoclubs, DeVíDeo, que se distribuía en El Corte Inglés, Ox[DeCine], que se distribuía en salas de cine, y Cinerama, que se vendía en kioskos. No fue fácil, hubo que reconvertirse, y ahí seguimos en la brecha con decine21 e iniciativas como el Festival Educacine. Y sí, en esas ocasiones hubo que decir adiós a algunos estupendos profesionales.

La realidad es que la profesión periodística en general, y la especializada en el cine y el audiovisual en particular, vive una aguda crisis, muy difícil de afrontar, y en la que influyen múltiples factores. Analizarla me llevaría muchas líneas, que desbordan lo que se supone que debe ser un post. Pero resumiendo: el cine está en una complicada encrucijada de futuro incierto, como puede verse en las menguantes cifras de taquilla, cierres de salas, predominio de franquicias, dudas de identidad de festivales, etc; el audiovisual se consume de nuevos modos, en internet, a través de plataformas digitales, con dispersión de los contenidos que las personas ven, lo que dificulta su abordaje ordenado por parte de los medios periodísticos de cine; internet ha democratizado las opiniones, todo el mundo da su parecer en redes sociales, proliferan blogs y sites, de calidad variable, muchos sin pretensiones de rentabilidad económica, pura y desinteresada afición, lo que ha llevado a los medios tradicionales a una menor consideración por parte de los cinéfilos, y a ver su existencia en peligro: es el caso de la histórica Fotogramas, aunque también antes Prisa soltó Cinemanía, y en general, lo sabemos bien, el papel lo tiene muy difícil para subsistir; por último, las nuevas generaciones la forman nativos digitales, que consumen muchos vídeos, pero adolecen en su mayor parte de una escasa cultura cinematográfica, en las escuelas no se enseña cine, y así se desconoce la historia y el lenguaje audiovisual, y se carece de elementos para un sano juicio crítico.

Con tal panorama, mucho me temo que aunque ahora esté en primer plano, el caso Fotogramas no es más que la punta de un iceberg no suficientemente conocido y analizado, pero que debería conducir ya a acciones de alfabetización audiovisual. A mayor cultura cinematográfica y de series –y no me refiero a nombres de actores y directores, al puro dato–, mayor aprecio de los análisis y críticas que podemos ofrecer los que hemos hecho de la escritura fílmica nuestra profesión.

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