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Viva México, mis cuates. Me apasionan los directores aztecas, pues el país tiene a tres de los directores más interesantes del momento Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, por quienes su país lleva tres años consecutivos ganando el Oscar a la mejor dirección, y Guillermo del Toro, el friki mexicano (como él se autodenomina cuando habla contigo), que también lo logrará cuando encuentre un guión a la medida de su talento.

Pero si han logrado llegar a lo más alto ha sido por sus guacamoles, pienso que en eso consiste precisamente la identidad mexicana, en que los habitantes del país se dicen a sí mismos “¡Esto va a funcionar por las pistolas de Pancho Villa!” y sacan la tarea adelante como sea. Las carreras del trío se han desarrollado en circunstancias extremas, al principio marcadas por la carencia de medios, y por las dificultades de vivir en un país salvaje.

El propio Del Toro me ha contado que tiene a su familia viviendo fuera para que no la secuestren, otro menos conocido, Alejandro Gómez Monteverde (Bella, Little Boy), vivió una experiencia peor, pensaron que al dedicarse al cine estaría forrado de pesos... ¡Ni que todo el mundillo tuviera la cuenta bancaria de Brad Pitt o el presidente de Fox (ya os adelanto que los periodistas dedicados al Séptimo Arte, claramente no). Así que raptaron a su padre y a su hermano, pagó el rescate exigido, y aún así les asesinaron. Duro golpe.

cuaron y tu mamaPor eso no me sorprende haber leído que unos funcionarios públicos han asaltado el set de rodaje del último trabajo del citado Cuarón, que no había rodado en Ciudad de México desde Y tu mamá también, de hace dieciséis años. Primero alegaron que no tenía los papeles en regla, y ante la insistencia del equipo en que todo estaba arreglado, acabaron asaltando el set, agrediendo a varias personas, y robando todo lo que pillaron.

¿Así las gastan los funcionarios públicos por aquellas latitudes? Me recuerda lo primero que me dijeron cuando fui allí. “Si te roban, lo más importante de todo es que debes evitar llamar a la policía. Porque entonces…¡te robarán más!”

Aún así sigo siendo un apasionado de México D.C. Se trata de una ciudad peculiar por diversas razones:

1. La suma de tres civilizaciones radicalmente opuestas ha derivado en la madre de todas las bizarrías, como se puede ver en la Plaza de las Tres Culturas, donde coinciden elementos de los Aztecas, obsesionados por las pirámides, los españoles coloniales y los mexicanos. Un auténtico mosaico disparatado.

2. Las calles de México D.C. son interminables. Una vez, íbamos al cine y leímos en el periódico que la película que queríamos ver la ponían en la Avenida Insurgentes, número 1. ‘¡Qué bien, es esta calle!’, gritamos. Miramos a ver junto a qué número nos encontrábamos y resultó ser el 3.459.3.

3. Todo lleva picante destructivo. Todo, hasta los gusanitos de los niños. Imprescindible tenerlo en cuenta si no se quiere morir, pues si no pedís las cosas 'sin picante', los vendedores darán por supuesto que tenéis un estómago de hierro como los ciudadanos del lugar. No caigáis en la trampa de pedir algo 'con poco picante', pues lo que para ellos es 'poco picante' resulta letal para el resto de la humanidad.

desperado14. La mordida. A pesar de los grandes índices de corrupción, tienen previsto un método organizado para solucionar cualquier problema con la policía. Si un agente llega, te rompe un faro del coche y te amenaza con llevarte a la comisaría por no llevar la iluminación adecuada, se le debe decir: “¿y cómo podríamos solucionar esto?". Y entonces él te responderá lo que se le debe pagar para no detenerte.

5. En México todo es más grande. Si pides una coca cola, te sirven una botella gigante, mucho más grande que la de cualquier bar en España. Tienen un palacio presidencial absolutamente gigantesco y pantagruélico. Diez veces el Palacio Real de Madrid. La bandera de México que ondea junto a él es veinte veces la bandera de España de Colón.

6. La parsimonía de sus habitantes. La sangre española e india que corre por sus venas se nota y mucho. Si pides algo en cualquier sitio la respuesta siempre es la misma: 'Ahorita mismo se lo traigo'. El concepto 'ahorita mismo' es tan variable que designa un período indeterminado. O sea, que te pueden traer las cosas 'ahora mismo', o dentro de cuatro o cinco horas, o jamás. Nunca se sabe.

7. Los mexicanos son una contradicción viviente. Cuando ven a un español te tratan con un cariño infinito, que llega a ser incluso pelota, pues te consideran, según sus propias palabras, un habitante de 'la madre patria'. Incluso consideran a Felipe VI un poco 'su rey'. Pero claro, luego visitas el museo Nacional de Historia de Chapultepec y lo primero que ves al llegar es un cuadro gigante de un indígena matando a un conquistador español.

8. “La Venganza de Moctezuma”. Al parecer, al líder de los Aztecas no le hizo mucha gracia que Hernán Cortés le conquistara, así que le lanzó un mal de ojo que llega hasta nuestros días. De acuerdo a esta maldición, todo español que llegue a México D. F. sufrirá una enfermedad terrible, contagiosa y bastante puñetera conocida como “La Venganza de Moctezuma. El primer síntoma es un delicioso sabor en la boca, le sigue un ligero malestar del estómago, y finalmente, el aquejado sentirá retortijones y una diarrea tan terrible que quienes la padecen la han comparado con los dolores del parto. Pero esto sólo es el principio, porque después viene un vómito masivo de color amarillo que, francamente, te hace desear estar muerto. Se cura en pocos días.

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