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Acabo de terminar la primera temporada de The Crown, la joya de la corona de Netflix, que ha terminado resultando exactamente eso, una joyita. Han tirado la casa por la ventana, pero nunca hubo una serie histórica tan entretenida, todos los episodios encuentran la forma de despertar el interés, además de que son autoconclusivos (muy redondo el de la niebla en Londres). Y qué gran trabajo de Claire Foy, de enorme parecido físico con la reina Isabel II. 

 

Matt Smith Doctor WhoSí, conocemos la estresante vida de los apasionados de las series, que si tienes pendiente alguna temporada de The Wire, porque te han dicho que es la mejor de la historia, que si no te has terminado Stranger Things es una cosa muy extraña, que no has visto todavía el último capítulo de The Walking Dead, por lo que te estás convirtiendo en un marginado social, que si ha salido esta serie nueva que es la bomba… Pues hala, ahora tienes que poner también ésta en tu abultada lista de “must”.

1. Porque viene a ser como Juego de tronos pero más difícil todavía… O sea, esto es el mundo real, donde no le puedes cortar a tu oponente la cabeza, aunque a los personajes ya les gustaría, así que se debe aplicar el ingenio. Aquí Khal Drogo no se comía un colín.

2. Porque si te deslumbraba el lujo y la solemnidad de Downton Abbey, esto es lo mismo, pero a lo bestia… O sea, ael Palacio de Buckingham deja a la mansión de los Grantham en un apartamentucho. No, Miss Patmore no daría abasto si tuviera que cocinar para tantísima gente como pasa por aquí.

3. Por la elegancia y flema que despliegan los ingleses de clase alta a la hora de insultar, defenestrar a alguien, o aclararle que eres tú quién manda. De hecho, la pobre Isabel se pasa la serie intentando llevar a cabo cosas tan simples como elegir dónde quiere vivir, y no paran de contestarle “sí, por supuesto, es una excelente ideal… Pero…”, y sigue una sucesión de inconvenientes incuestionables. “Ahora, usted, Majestad, tiene la última palabra”.

4. Porque su autor, Peter Morgan, guionista de La reina, es el maldito William Shakespeare del siglo XXI. Atención al monólogo en el que el Duque de Edimburgo compara la monarquía con un coche en estado lamentable con el motor roído por el óxido, al que le aplican una capa de pintura. “Nosotros somos la capa de pintura”, explica. “Y tengo que llevar este ridículo disfraz, porque no es un uniforme, los uniformes son para la guerra, en caso contrario llevo un disfraz”.

winston churchill John Lithgow5. Por el gran John Lithgow, inolvidable Trinity en Dexter, interpretando a Winston Churchill aferrado con uñas y dientes al poder. “¿Qué le han dicho que soy? ¿Un monstruo? ¡Hacía falta un monstruo para derrotar a Hitler!”.

6. Por el actor Matt Smith, encarnando a un arrogante Philip, duque de Edimburgo. “No me extraña que tu padre prefiriese coger un cáncer que venir a esta gira”, explica tras un agotador recorrido, compareciendo todo el día de acto en acto, por los países de la Commonwealth. “¡Me he despertado esta noche y mi mano estaba saludando a la multitud”.

7. Porque si al leer Matt Smith has pensado “anda, el undécimo doctor Who”, sí, sí, no el décimo, ni el décimo segundo, estás seguro de que se trata del undécimo, eres un friki que necesita ver de vez en cuando ver series de las que se pueda conversar con la gente ‘normal’ (eso me pasa a mí, ay).

8. Por la poética subtrama en Escocia en la que la reina madre le compra un castillo a un señor que no acaba de reconocerla. “El caso es que me suena su cara, ¿no es usted estrella de cine?”.

9. Porque resulta curioso (aunque breve) contemplar el asunto de Gibraltar desde el otro lado… Aquí somos los malos, y ellos los héroes que salvan la situación. Sí, sí, pero… ¡Gibraltar español! (perdón por la vena patriótica).

10. Porque te hará añorar que hicieran algo así con la familia real española, incluyendo sin pudor a Iñaki Urdangarín y a Froilán con la escopeta. Por el momento nos tenemos que conformar con la hilarante Felipe y Letizia. “Tengo mucho trabajo: Afganistán, el cambio climático...”, comentaba Juan Carlos I. “Has jugado bien tus cartas”, le reconocía a su hijo, Felipe. “Si se te da mal lo de reinar, puedes dedicarte al póker”.

 

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