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El fan de Star Wars está triste, ¿qué tendremos los pobres frikis? Que la princesa Leia se ha ido, dejando a Han solo, y a nosotros desconsolados. En mi caso no únicamente porque su recuerdo me retrotrae, como a casi toda mi generación, a los días más felices de la infancia, sino porque la actriz, que superó sus problemas de drogadicción y de alcohol, me caía especialmente bien, entre otras cosas por su desbordante sentido del humor.

Hace unos años leí "Mi vida en esta galaxia" (Babel Books), su hilarante autobiografía (una antigua, no la que promocionaba en estos momentos). Allí la actriz Carrie Fisher comentaba con mucha sorna que estaba enfadada, porque cada vez que pasaba frente a los escaparates de un juguetería, veía figuritas de la princesa Leia con su cara, y se acordaba de que no cobraba ni un duro porque el avispado George Lucas le hizo firmar que renunciaba a sus derechos de imagen, allá cuando filmaban las primeras películas.

carrie fisher mi vida en esta galaxia“Entre sus posesiones se encuentra mi imagen, de manera que cada vez que me miro al espejo tengo que enviarle un par de dólares”, explicaba. También detallaba los efectos insospechados derivados de que Lucas le convirtiera en ‘una muñequita’. "Una vez encontré una en un cajón en la que mi ex clavaba alfileres cuando se enfadaba conmigo”, recuerda. "También me convirtió en un frasco de champú en el que había que retorcerme la cabeza para que saliese líquido por el cuello. ¡Llamando al doctor Freud! ¡Llamando al doctor Freud! Había además un jabón cuya etiqueta decía: 'Enjabónate con Leia y te sentirás como una princesa' (¡Chicos!)".

Tronchantes los recuerdos agridulces de una infancia con padres famosos en una mansión de Hollywood. "Tenía cosas de las que carecen la mayoría de las casas normales. Por ejemplo, ocho pequeñas neveras de color rosa (ya sabéis, por si acaso llegaban de visita Blancanieves y los siete enanitos) y un patio, y cuartos para lavar y planchar. Ah... y tres piscinas, por si acaso se estropeaban dos de ellas".

Cuando su progenitor, el cantante Eddie Fisher, dejó a su madre por Elizabeth Taylor, ésta –la celebérrima actriz Debbie Reynolds– decidió que no quería unirse a otro hombre que se marchara. "Por lo tanto se casó con un tipo muy, muy mayor que no podía ni correr. Efectivamente, Harry Karl no corría en absoluto. Todo lo que hacía es sentarse a fumar y beber y leer el periódico. Trece años más tarde, después de perder todo su dinero, se gastó todo el de ella". En el volumen reparte cera hasta al apuntador de la Estrella de la Muerte.

Tenía tanta chispa, que a pesar de que relataba toda clase de infortunios (su vida no fue un camino de rosas, pues entre otras cosas le fue diagnosticada una patología mental), lograba sacarte en todas las páginas una enorme sonrisa. Un día su hija adolescente le dijo que de mayor quería ser humorista. La respuesta de la Fisher es impagable: “Cariño, si quieres ser cómica debes ser buena escritora. Pero no te preocupes porque tienes material en abundancia. Tu madre es bipolar, tu padre es gay, tu abuela baila claqué y tu abuelo se inyectaba anfetaminas”.

Durante el rodaje del primer film de la saga galáctica, el director le explicó que no podía llevar ropa interior bajo el vestuario de su personaje. “Si estuvieras en el espacio la ingravidez haría que tu cuerpo se expandiera... pero tu sujetador no lo haría, así que acabarías estrangulada por tu propio sujetador”, le dijo Lucas a la actriz.

Pues bien, en el texto ella misma sujería que se utilizara esta anécdota como obituario. “Quiero decir a mis amigos que no importa cómo muera, quiero que digan que me ahogué a la luz de la luna, estrangulada por mi propio sujetador”. Recordemos la simpatía que destilaba, y su forma de afrontar las desgracias con una sonrisa (si eso es posible).

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