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No siento el entusiasmo por Twitter de los entusiastas que inician cada jornada dando los buenos días, para a continuación retransmitir su vida como si fueran aspirantes a concursantes de Gran Hermano a quienes les han dado calabazas en los castings. Me pone nervioso que alguien insista en quedar conmigo para comer porque hace mucho tiempo que no me ve, pero luego durante el encuentro se ponga a subir post con el smartphone para que le lean en Sebastopol, mientras que a mí, que me tiene al lado, que me den morcillas. Aparte de que reducirse a 140 caracteres disminuye la capacidad de análisis, abunda la sobredosis de información intrascendente, así como los que confunden su condición de maleducados con ‘libertad de expresión’.

Por otra parte, reconozco que sirve para informarse con rapidez. Pienso que la clave que explica la adicción de muchos a Twitter, consiste en un buen puñado de almas ingeniosas que se expresan con deslumbrante talento. Así que acabo de descubrirme muerto de risa frente a la pantalla leyendo varios comentarios en torno a la filtración online de un nuevo capítulo de la cuarta y excelente temporada de Sherlock, la serie británica (muy criticado porque se parece más a James Bond que al personaje de sir Arthur Conan Doyle).

benedict cumberbatch SherlockBBC ha puesto en grito en el cielo cuando se ha enterado de que el último episodio de la misma, El problema final, se había filtrado en internet un día antes de su estreno oficial. El archivo que circulaba online contenía un anuncio de Channel One, canal que tiene los derechos para emitir en Rusia, por lo que no hace falta ser el propio Holmes de las narices para concluir que ésta es la principal sospechosa. Todo indica que se trata de un acto deliberado que sirve como represalia contra BBC y Reino Unido, después de que en octubre el banco estatal británico NatWest tomara la decisión de cerrar todas las cuentas de RT (Russia Today), servicio de información en inglés dependiente del Kremlin, así como las de sus directivos y personal. No se dieron explicaciones sobre las causas. Margarita Simonián, directora de RT, tomó lo ocurrido como un ataque a la libertad de expresión, mientras que Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, declaró que todo apuntaba a intereses de BBC, que planearía expanderse en ruso.

Pues bien, los comentarios de algunos internautas sobre esta escalada de tensión son impagables. “Vale, hackear países estuvo mal pero, ¿filtrar el último episodio de Sherlock? Has ido demasiado lejos, Putin. ¡Demasiado lejos!”, escribió un usuario. “Trump: tengo los códigos nucleares. Putin: tengo el capítulo final de Sherlock”, apunta otro. Mi favorito: “¿Cómo empezó la Tercera Guerra Mundial? –El 14 de enero, un día antes de su estreno, Rusia filtró El problema final”.

Algunos impacientes se limitaban a lamentarse porque estaban deseando hincarle el diente al material. “Quiero ver el nuevo capítulo ya, pero sólo está en ruso. ¿Esperar o aprender ruso? He ahí la cuestión”.

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