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Todo el mundo recordará el chiste del ratón que mientras se come una cinta de VHS confiesa al roedor de al lado “Me gustó más el libro”. Siempre me ha desconcertado esta frase, una de las más típicas de quienes acuden a la proyección de alguna adaptación. Me parece poco original, propia de ese tipo de personas que cuando visitan Calatayud preguntan muertos de risa en cualquier bar por la Dolores, pensando que no son los séptimos que ese día han salido con la misma gracieta.

No he visto nunca a nadie que acuda a una representación de “Don Juan Tenorio”, de Zorrilla, y le asegure al de al lado: “Me convenció más la ópera de Mozart”. O que regrese de Roma descontento porque la Pietà, de Miguel Ángel no llega a la altura del Evangelio según San Juan, por ejemplo. “Es que lo cuenta mejor el Nuevo Testamento”.

Pienso que subyace cierta idea de inferioridad del Séptimo Arte con respecto a las otras seis. Me parece injusto poner en una balanza dos disciplinas completamente diferentes, con distintas formas de narrar. Por eso no me explico que exista en la memoria colectiva la convicción de que las novelas siempre superan a sus versiones, cuando creo que la mayoría de las veces ocurre justamente al revés.

matar a un ruisenorSe tiende a pensar eso porque a uno le vienen a la mente grandes libros, como "Don Quijote de la Mancha", o "Guerra y paz", difícilmente superables, cuyas adaptaciones corren mucho peligro de ser fallidas. Aún así existen obras maestras de las letras, que han dado lugar a peliculones, por ejemplo Las uvas de la ira, El halcón maltés o Matar a un ruiseñor. A veces hemos visto esforzadas adaptaciones de pesos pesados, por ejemplo The Road, a partir del texto de Cormac McCarthy, que me atrevo a calificar como bastante meritoria.

El resplandorPor estadísticas, la mayor parte de producciones, sobre todo de Hollywood, se basan en volúmenes de chichinabo. “Del aclamado best-seller, número 1 en la lista de éxitos de La Gaceta de Iowa, etc., etc.”, novelucha que con toda seguridad me espantaría en la página 2, pero que a veces ha dado lugar a una peli que no está mal. En tres de cada cuatro casos así, el audiovisual supera ampliamente a la fuente. Piénsese en El resplandor y la rabieta que se cogió Stephen King cuando Stanley Kubrick declaró públicamente que sólo versionaba libros de mierda, pero también en Blade Runner, ya que “Sólo los androides sueñan con ovejas eléctricas” se queda en texto menor de Philip K. Dick, o Lo que el viento se llevó, considerado un clásico indiscutible del celuloide, que lleva a la pantalla una obra de Margaret Mitchell que no aportó gran cosa a la historia de la Literatura.

Sólo una vez me hizo mucha gracia la aseveración de marras. Cuando el cineasta Billy Wilder, cuya madre fue asesinada en Auschwitz, acudió a ver Mein Kampf (1961), de Erwin Leiser. Sí, al dar su opinión exclamó “Me gustó más el libro”.

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