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"El gato es el único animal que ha logrado domesticar al hombre". Marcel Mauss.

Cuando en los primeros tiempos del cine sonoro se estrenó Las cuatro hermanitas, versión dirigida por George Cukor de Mujercitas, el público –sobre todo el femenino– quedaba encantado cada vez que aparecía en pantalla el gato de las protagonistas. “Oh, qué mono”, se escuchaba en todas las proyecciones.

Salva al gatoPocos animales conectan tan bien con los espectadores, hasta tal punto de que uno de los libros más famosos para quienes aspiren a vender guiones en Hollywood se titula “Salva al gato”. No se sabe muy bien si sirve para lograr calidad, ya que el autor, Blake Snyder, ostenta el mérito de haber escrito el deleznable libreto, lleno de chistes tontorrones, de ¡Alto!, o mi madre dispara. Pero presume en el libro de… ¡haberlo vendido por 500.000$! Sin duda, toda una hazaña.

Él mismo explica su declaración de principios: "Mejor Miss agente especial que Memento". O sea, no os estrujéis el cerebro en buscar una nueva estructura o contar la historia al revés, sino que debéis pensar en cómo vender más entradas. Un consejo buenísimo para el bolsillo.

El autor explica muy bien cómo debe estar estructurada cada película, propone una tabla que dicta en qué página del texto debe pasar cada cosa. Por un lado, tiene razón, los films elaborados según sus normas funcionan a la perfección, por otro, su obra –junto con otras– ha tenido cierta influencia en el principal problema de las superproducciones de hoy en día: se parecen todas muchísimo. Ocurre siempre algo similar… ¡en el mismo momento!

El título del volumen, “Salva al gato”, proviene de su más valioso consejo: se tiene que conseguir que el público sintonice con los personajes. En caso contrario, no hay nada que hacer. Ya puedes desplegar los mejores efectos especiales, y trucos de pirotecnia, que si al espectador le da igual que los protagonistas sufran o mueran, no se involucrará en la trama. Esto explica que la dichosa carrera de vainas de La amenaza fantasma podría ser revolucionaria y tal en su momento pero nos importa un pepino que el niño protagonista se estrelle o explote. Hoy además, canta "La Traviata", porque los efectos digitales han quedado desfasadísimos. Así que Snyder pone como ejemplo incluir una escena al principio en la que nuestro héroe salve a un gato. Desde ese momento, el respetable le habrá cogido cariño y estará con él hasta el final.

JasonTambién existe una ley en las películas comerciales que consiste en que el gato no puede morir. Ni tampoco estropearse el coche, porque la industria norteamericana del automóvil… ¡no fabrica modelos que fallen! Así que en sagas sangrientas como Viernes 13, Pesadilla en Elm Street o Halloween se muestran en pantalla destripamientos, decapitaciones, empalamientos, pero el minino de turno no sufrirá ni un rasguño. Cuando se ha visto morir a uno en pantalla, el público ha quedado conmocionado, como en el caso de Donald Sutherland, que estrangula a uno a lo bestia en Novecento, para demostrar “lo que hay que hacer para acabar con el comunismo”. La verdad es que la secuencia de marras produce pesadillas.

presentacion gatos de cineGrandes apasionados de estas mascotas, mi compañero Luis Miguel Carmona y un servidor acabamos de escribir “Miau, Miau, Miau. Gatos de cine”, de Ediciones Diábolo, donde recopilamos los más conocidos de la historia del Séptimo Arte. Por si alguien no tiene suficiente con soportarnos en este blog y otros medios de comunicación, el viernes, 19 de mayo presentamos el libro a las 20:00 horas en La Gatoteca, calle Argumosa, 28, en Madrid. Seguro que acude mucha gente, no por nosotros, sino porque este divertido lugar está lleno de gatos. Pertenece a la asociación Abriga, que busca hogar para los que se han quedado en la calle.

Hasta el momento, cada vez que me he pasado por allí me ha ido tan bien con ellos como con las mujeres, no me han hecho ningún caso, son una especie muy suya. "En la antigüedad los gatos eran adorados como dioses; no se han olvidado de esto", dijo en una ocasión el escritor Terry Pratchett. ¡Seguiremos intentándolo a ver si nos llevamos el gato al agua!

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