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“¿Quién es más loco? ¿El loco? ¿O el loco que sigue al loco?”. Obi-Wan dixit. Me viene esta frase a la cabeza porque llevo más de tres décadas siguiendo incondicionalmente a David Lynch. En todo este tiempo, jamás había dudado de la precariedad de la salud mental del cineasta. Pero tras visionar el episodio octavo de la nueva temporada de Twin Peaks, ¡empiezo a dudar de la mía propia!  Quizás no lo recuerde bien, pero en algún momento de mi vida me ha debido pasar lo mismo que a él.
 
-¿Señor psiquiatra? Hola, buenos días, venía a que me arreglara la sesera, se me va un poco la pinza.
 
-De acuerdo. No se preocupe que le voy a dejar como nuevo.
 
-Pero verá, estoy muy enganchado aTwin Peaks. ¿Cree que el tratamiento puede hacer que deje la serie?
 
-Sin duda. Cuando esté usted mentalmente sano no le va a interesar lo más mínimo.
 
-Adiós.
 
Hasta ahora notaba que algo iba a mal. Casi todo el que vio el arranque de esta 'genialidad' (o 'locura' o lo que sea) me miraba raro cuando les explicaba que yo seguía viéndolo. Conozco a muchos que lo intentaron, pero finalmente abandonaron después del momento en el que un tipo limpiaba un bar... ¡durante tres minutos! Pero la entrega ocho ha trasladado el problema a un nuevo nivel. No tiene nada que ver con nada que se haya visto anteriormente en la pequeña pantalla. De hecho se trata de un auténtico hito de la televisión.
 
twin peaks capitulo 8Para empezar se trata del capítulo rodado con más pelotas de toda la historia catódica. No paro de pensar en la cara de los ejecutivos de Showtime que le dieron aDavid Lynch luz verde para hacer lo que quisiera sin ningún tipo de limitación, cuando lo vieran. “Me van a poner de patitas en la calle. Mi carrera se ha acabado”, pensarán. Para empezar, está filmado casi todo en blanco y negro y es prácticamente mudo.
 
No, no me he enterado de mucho. A ver, no sigáis leyendo si pensáis que os voy a hacer algún spoiler, pero no creo que se pueda. A ver, es como si te metieras en el monolito de 2001: una odisea del espacio con dos rayas de coca. Después de que la cámara introduzca al espectador en el interior del hongo nuclear de la primera explosión atómica, en el desierto de Nuevo México, en 1945, aparece, se crea o a saber qué narices una entidad gigantesca que vomita una burbuja donde está Bob, lo que hasta ahora creíamos que era la máxima expresión del mal que habita en los bosques de Twin Peaks.
 
Ah, el Gigante que sale habitualmente en la serie contempla la escena, y para contrarrestrar la perversidad, concibe una esfera... ¡con el rostro de Laura Palmer!
 
No, no he bebido.
 
El caso es que estas imágenes que no se pueden explicar me tuvieron obnubilado durante una hora o así. Lynch incluso se permite el lujo de sacar una actuación en directo de su amiguete Trent Reznor, y su grupo, Nine Inch Nails, no se sabe a cuento de qué. Y la escena es larguísima. Pero, ¿qué más da? Cuando terminó el episodio aplaudí emocionado. Si me ve alguien llama a los loqueros.
 
Lo peor de todo, tener que fingir que comprendo todo a la perfección. En caso contrario, no eres lo suficientemente moderno y guay, y los intelectuales y gafapastas te mirarán como si fueras idiota.
 
Ahora tengo muchísimo terror ante la perspectiva… ¡de ponerme el capítulo 9! ¿Qué no se puede delirar más? No lo tengo muy claro.

 

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