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Organizadores de la primera proyección pública, los hermanos Lumière predijeron que el cine no duraría mucho; pasada la curiosidad inicial, la gente no tendría interés en pasar tiempo contemplando fotografías en movimiento. Después surgió la televisión, que iba a acabar con las salas, luego el vídeo VHS que las condenaba a muerte para siempre, y finalmente las plataformas de emisión en ‘streaming’, que les han dado la puntilla.

El caso es que hoy por hoy siguen existiendo los locales dedicados a estrenar largometrajes, pero por si acaso, a lo largo de los años han aparecido innovaciones –algunas bastante estrambóticas– destinadas a competir con los enemigos del Séptimo Arte, hasta llegar al 3D actual que produce tanto dolor de cabeza.

¡Con lo relajante que era ir al cine como se hacía antaño! O sea, sentarse a oscuras a ver una peli en tradicional 2D! En cualquier caso, hemos creado una lista de 5 de esas tecnologías.

Fright Break1. Fright Break. Ideado por el gran especialista en serie B William Castle, autor de otros ingenios revolucionarios, como el visor de espíritus (una mierda de gafas con celofán rojo y azul que permitía ver ‘espíritus’ en su peli 13 fantasmas). Para su película Homicidio decidió que devolvía el dinero a quien estuviera tan muerto de miedo que quisiera abandonar la sala en los primeros minutos de proyección. Tras los primeros pases, se dio cuenta de que la gente que había visto la película en la sesión anterior se escondía para irse al principio de la proyección siguiente, recuperando la pasta gastada. Así que diseñó un pasillo de la vergüenza por el que tenía que pasar todo aquél que quisiera irse, mientras una voz por los altavoces le humillaba llamándole ‘gallina’.

 

Cinerama2. Cinerama. Para ofrecer al espectador una visión periférica, se superponían las imágenes de tres proyectores a la vez, en pantallas curvas, lo que ofrecía una sensación envolvente. Se rodaron dos superproducciones de Hollywood en este formato, El maravilloso mundo de los hermanos Grimm y La conquista del Oeste, pero encarecía mucho tanto el rodaje (había que usar tres cámaras y el triple de rollos de película) como las proyecciones (hacían falta varios proyeccionistas), y para colmo de males, tanta máquina junta elevaba la temperatura del cine a niveles inhumanos, e incrementaba brutalmente el riesgo de que se produjera un incendio. Al final las autoridades tuvieron que prohibirlo.

 

Peter Jackson3. 48 fps. Las películas normalmente se reproducen a una velocidad de 24 fotogramas por segundo. Pero a Peter Jackson se le ocurrió rodar El hobbit a 48, para conseguir una mayor sensación de realidad. Técnicamente fue complicadísimo filmar así, pues hubo que ingeniar una cámara especial que grababa lo que reflejaba en un espejo, lo que disparó el presupuesto. ¿Y para qué? Muy pocos cines en el mundo tenían la capacidad de poder proyectarla. En los pocos en los que se exhibió así, algunos espectadores salían satisfechos, afirmando que sí, que creían que se veía mejor, pero otros afirmaban que las imágenes les parecían muy raras, como si tuvieran un aspecto fantasmagórico. El cineasta nunca se bajó del burro, y publicó en Facebook un amplio comunicado para defenderse de las críticas por usar esta técnica.

 

odorama4. Odorama. Sistema para conseguir que las pelis tuvieran olor, lo que puede ser una buena idea si estás viendo una que transcurra en un campo de amapolas, o en una fábrica de perfumes, pero como la acción tenga lugar en una prisión turca que huela a perro muerto… ¡estás perdido! Sólo he llegado a ‘gozar’ de este invento con Polyester, de John Waters, donde al comprar la entrada te hacían entrega de una tarjetita con círculos con numeritos, que tenías que rascar en determinados puntos de la proyección. El problema era que en el cine la gente le daba a cualquier olor cuando le salía de la peineta, así que cuando aparecía el jarrón de gladiolos, inundaba el lugar un aroma a pies que daba mucha grima. Aparte, la musa del controvertido realizador, Divine, hacía alguna guarrada que tenía su correspondencia hedionda. Fue un fracaso, no sé yo si sólo porque era una tontería, sino también por la calidad ínfima del film.

 

Sensurround5. Sensurround. Se desarrolló en la época dorada del cine de catástrofes, en los 70, y aportaba unas ondas auditivas a la banda sonora imperceptibles para el oído humano, pero que producían vibraciones en las butacas. En Madrid se podía ‘disfrutar’ en un par de salas en las que se estrenó Terremoto, protagonizada por Charlton Heston. Cuando se desencadenaba el seísmo en la peli, las butacas empezaban a moverse, te entraba un ataque de vértigo, parecía que el cine se iba a venir abajo y escuchabas auténticos gritos de pánico del resto de espectadores. Ya no volví a oír nada durante el resto de la proyección, es más creo que me quedé sordo hasta unas tres horas más o menos después de que acabara. Al parecer, lo retiraron de los cines porque causaba grandes destrozos en los muros y el techo, que tras un par de sesiones corrían peligro de caerse.

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