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Uno tiende a estar rodeado de personas con las que tiene algo en común, pero a veces se cumple aquello de “Dios los cría y ellos se juntan”, como hemos podido ver en esta histórica semana de acercamiento entre Donald Trump y Kim Jong-un. Algunas figuras de cine también se han relacionado estrechamente con personajes completamente dispares. Me he permitido un repaso por las que considero más surrealistas.

GrouchoyTSEliot1. El premio Nobel de Literatura T.S. Eliot revolucionó la poesía con “En tierra baldía”. Poca gente sabe que un día decidió escribirle una carta a Groucho Marx, para confesarle que era fan suyo y no se perdía ninguna de sus películas, así que le rogaba que le mandara una foto suya firmada, para ponerla en su casa. El cómico que nació a una edad muy temprana no daba crédito, y le respondió admitiendo que también le admiraba, así que le mandaba la instantánea, a cambio de otra suya. Lógico, pues debía ser un gran lector, ya que encontraba la televisión muy educativa y cada vez que alguien la encendía… ¡Cogía un libro! Se escribieron durante una temporada (la correspondencia se puede leer en “Las cartas de Groucho”, de Anagrama). “No tenía la menor idea de que fuese usted tan atractivo. El hecho de que no le hayan ofrecido el papel de protagonista en alguna película sexy sólo puedo atribuirlo a la estupidez de los directores de reparto”, comentaba el intérprete tras recibir el retrato. Al final, Eliot invitó a Groucho a cenar a su casa, y el segundo se enfadó porque… ¡no encontró puesta su foto!

Samuel Beckett andre the giant2. Que el dramaturgo Samuel Beckett, autor de “Esperando a Godot”, fuera amigo de André el Gigante, luchador de wresting conocido por la película La princesa prometida, parece más propio de un argumento de una de sus obras de teatro del absurdo. Pero en 1953, el dramaturgo se mudó a París, donde jugaba a las cartas con el padre del grandullón, que entonces tenía doce años, pero ya medía 1,82 y pesaba 113 kilos. Como el ‘niño’ no le cabía en el coche, el hombre pidió a Beckett –que tenía un camión grande– que le llevara al colegio. Durante los trayectos, hablaban de cricket.

Scorsese3. Nunca digas nunca admiraré a los chicos de One Direction. En el documental sobre la banda para preadolescentes titulado Never Say Never, acude a verles al camerino nada menos que… ¡Martin Scorsese! Se confiesa enorme apasionado de sus canciones. Quién lo diría del director de documentales sobre The Band, Rolling Stones, y Bob Dylan. Tiene su explicación, resulta que el realizador va acompañado de su hija adolescente, ilusionadísima de que casualmente su ilustre padre comparta sus gustos musicales.

Harrison Ford4. La abuela de la nouvelle vague, Agnès Varda, una de las grandes del cine europeo, es íntima de toda la vida… ¡del especialista en blockbusters Harrison Ford! El marido de la realizadora, nada menos que Jacques Demy, preparaba Estudio de modelos, su primera película estadounidense, tras el enorme éxito de Los paraguas de Cherburgo. Cuando se mudaron a Los Ángeles, ambos conocieron al futuro Indiana Jones, y él propuso a los productores que protagonizara la cinta. Éstos se negaron advirtiendo de que aquel chico “jamás” triunfaría en el Séptimo Arte… ¡eso es visión de futuro! Desde entonces se hicieron inseparables, y hasta llegaron a ver juntos la llegada del hombre a La Luna. “Agnès se negó a mirar la retransmisión porque estaba convencida de que era una farsa, ¡que había sido filmada en el estudio!”, comentó el actor en una entrevista. Asegura que va a visitarla cuando viaja a París, y apareció en dos documentales de Varda, The World of Jacques Demy y Les plages d'Agnès.

Ana Obregon Steven Spielberg5. A mediados de los 80, Ana Obregón andaba por la meca del cine a ver qué pillaba (acabó apareciendo en un capítulo de El equipo A). Al parecer, la bióloga acudió a una fiesta en casa de Julio Iglesias, que le presentó a Steven Spielberg. Éste le dijo que amaba España, el flamenco y la paella, así que ella se ofreció gentilmente a acudir a su casa de Malibú a cocinarle una. Pese a las instrucciones culinarias que le indicó su madre desde Madrid, el resultado fue un auténtico desastre. “Estaba asquerosa, pero se la comió”, recuerda la actriz apodada Anita la Fantástica, aunque al parecer ésta no es una de sus historias locas, pues existe foto de la curiosa anécdota.

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