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Intento pagar la barra de pan con un billete de 10 euros que me han dado en Italia, donde he pasado unos días de asueto. El tendero me pone una cara extraña; asegura que no se parece a los otros que maneja habitualmente, que no vale para España, así que mejor que lo utilice en el país de las pastas y las pizzas. Intento explicarle para qué se concibieron los euros, que evitan tener que cambiar de moneda entre los países que lo adoptaron, pero nada, todo en vano.

Poco después, leo en el periódico que a Alemania le trae al fresco la cooperación judicial entre países europeos, en el caso de Carles Puigdemont, que nos entregan para que sea juzgado por malversación, pero no por rebelión. En mi humilde opinión, aquí lo realmente importante no es el president del procés, la verdad, lo que debería preocuparnos seriamente… ¡es que las euroórdenes no sirvan para nada!

Por no hablar del brexit, que sigue en curso.

Así que llego a la conclusión de que la Unión Europea… ¡ha fracasado! Cuando en 1985 España ratificó el Acta de Adhesión nos vendieron que habría cohesión entre países en unos años. Pues bien, no sólo se han incumplido los pronósticos sino todo lo contrario.

el mejor verano de mi vida 38014 g2 11.55.30Se puede comprobar que los 28 estados de la organización internacional parecen haberse separado más, en el cine. Cuando paseo hacia un hotel madrileño para una entrevista con Leo Harlem, que estrena la tronchante El mejor verano de mi vida (no os la podéis perder, y también podéis leer mi encuentro con el cómico aquí) me acompaña Cruz Delgado Sánchez, que me ha traído el DVD de Los Trotamúsicos, la serie animada de su padre, una joyita (acaba de salir). Me comenta que hace unas décadas en España se estrenaban con gran éxito las comedias italianas de Alberto Sordi, o las francesas de Louis de Funès. El público masivo las consumía sin preguntarse por su nacionalidad. Para no hablar de Terence Hill y Bud Spencer, que hacían furor provocando carcajadas.

Sin embargo, me señala que este año se hace necesario versionarlas, porque no sirven para el público español, que no entendería nada, son demasiado locales, o sea que los ciudadanos de este país son distintos y se ríen de otras cosas que los italianos. De momento, ha ocurrido con dos películas recientes, Perfectos desconocidos y la protagonizada por Harlem, que se estrena esta semana, basadas en cintas italianas. En ambos casos, las distribuidoras pertinentes parecen haberse ocupado de que no se estrene el original en nuestros cines, para no perjudicar la taquilla.

Esperemos que no sea una tendencia que se confirme con el tiempo. Pero mucho me temo que la jugada ha funcionado en el film de Álex De la Iglesia, y que el otro podría recaudar mucho dinero. Así que se podrían multiplicar los casos similares.

Por otro lado, cuando yo estudiaba en los 90, estaba de moda ver películas no sólo europeas, sino de todos los países, en los cines de Versión Original. Es más, si querías ligar, tenías que hacerte el intelectual y llevar a la chica al Renoir a ver la última de Éric Rohmer. Ahora estas salas están en caída libre, y parece que el público sólo se mueve para ver cine de superhéroes o de Star Wars. ¡Estamos ‘apañaos’!

 

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