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La lista de Schindler
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La lista de Schindler

Schindler's List

Principales intérpretes

Crítica decine21.com

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8
Quien salva una vida, salva al mundo entero
Quien salva una vida, salva al mundo entero

Clavado en la memoria tenemos el angustiado rostro de Liam Neeson, con ojos llorosos y gesto desesperado, mientras a su alrededor se aglomera un grupo de hombres y mujeres dramáticamente enternecidos: “El coche. ¿Por qué me quedé el coche? Valía diez personas. Diez personas. Diez personas más… Esta pluma. Dos personas. Es de oro… Dos personas más… Él me hubiera dado dos personas por ella, al menos una. Una persona más. Una persona, Stern. Por esto… ¡Pude haber salvado a una persona más y no lo hice! ¡Y… y no lo hice…!”. Steven Spielberg nos ha estado preparando para ese final durante tres horas de película. Un final melodramático que expresa algo terrible: hasta dónde ha podido llegar la bajeza humana, capaz de vender la vida de un semejante por… una pluma. La lista de Schindler es probablemente la mejor película sobre el Holocausto jamás filmada y también la más triste. Cuando se estrenó en 1993 muchos pensaron que a partir de ese momento ya no habría más películas sobre el mismo tema. Con La lista de Schindler ya todo estaba contado. Y, pese a que nos equivocamos, ninguna hasta el momento ha podido superar la entidad dramática y cinematográfica de la obra maestra de Spielberg.

El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca perdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial.

Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos.

La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles.

La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar.

Baile de directores

Spielberg fue, finalmente, quien dirigió La lista de Schindler. Pero hubo varios directores a punto de realizar el film. Uno fue Martin Scorsese, quien renunció a los derechos del libro, pensando que haría mejor el film un director judío. Billy Wilder quiso rodar lo que habría sido su testamento fílmico, pero Spielberg se le adelantó: una vez rodada, Wilder comentó “yo la habría hecho diferente, pero no puedo asegurar que hubiera sido mejor.” Otro nombre que sonó fue el de Roman Polanski, de quien se dijo que renunció porque se sentía demasiado ligado a la tragedia que se contaba: no olvidemos que su madre murió en Auschwitz; 10 años después rodaría El pianista.

Secundarios de lujo
Secundarios de lujo

Sus papeles no pueden ser más contrapuestos, pero ambos actores los resuelven con igual maestría. Ben Kingsley, ganador del Oscar por Gandhi, da vida al contable judío Itzhak Stern, un personaje rico en matices: magnífico profesional, discreto y algo tímido, despistadillo, y con un espíritu tan grande que arriesga el pellejo para dar la vuelta a los pobres planteamientos morales de Oskar Schindler. En las antípodas está el entonces desconocido Raph Fiennes, quien aquí se hizo lo suficientemente popular como para lograr luego el papel protagonista de El paciente inglés. Encarna al monstruo nazi Amon Goeth, un tipo desalmado, moralmente corrompido, que mata judíos caprichosamente, con insuperables dosis de sadismo. Fiennes tuvo que beber muchos litros de cerveza para ganar 13 kilos y lucir una prominente barriga.

Spielberg, implicado

Es ésta una película bastante atípica dentro de la filmografía del director de Cincinnati. El drama no parecía ser su género preferido, pero la implicación de Spielberg fue enorme. Se nota que quiere llegar emocionalmente al espectador, le zarandea una y otra vez con situaciones trágicas y pequeños toques sentimentales. El más llamativo es además la única nota de color del film: la niña que se pasea con un abrigo rojo por el gueto. Los ojos quedan prendados de ese abrigo... que posteriormente reconocemos entre un mar de cadáveres. El final de la película es un reconocimiento a Oskar Schindler, por cuya tumba de Jerusalén van pasando los supervivientes de la lista junto con los actores de la película, mientras depositan en ella un ramo de flores. Spielberg renunció a su salario, al considerar que sería recibir “dinero de sangre”. Con los derechos creó la Shoah Foundation, encargada de preservar la memoria de los supervivientes del Holocausto. Por su tratamiento de la historia alemana, Spielberg recibió la Cruz del Mérito Federal con Estrella, la más alta distinción civil de Alemania.

Una película de terror
Una película de terror

El film de Spielberg da más miedo que mucha supuesta peli de terror. Pues, desgraciadamente, sabemos que los hechos narrados ocurrieron. El director no escatimó medios para acentuar el realismo. Rodó en Polonia, y como no le dejaron filmar en Auschwitz, construyó una réplica del campo. El blanco y negro, y los planos cámara en mano, dan un aire documental. Los actores, desconocidos, evitan que el espectador se distraiga. La música de John Williams, de melancólicos violines, ayuda a crear la atmósfera de tragedia. No se ahorran los pasajes desagradables, para que no olvidemos la magnitud de lo sucedido: los disparos arbitrarios; los escondites de los judíos en lugares insólitos, incluida una letrina; el hacinamiento en los vagones, donde unas gotas de agua son una bendición; el reconocimiento médico masivo de hombres y mujeres, obligados a pasear su desnudez, despojados así de su dignidad... Tanto marcó el film a Spielberg, que creó con los beneficios la Fundación Shoah, para recoger el testimonio de los supervivientes del holocausto. “Lo más sorprendente es cómo la gente perdona y se muestra optimista, cómo abrazaron la vida”, advierte Spielberg. El DVD incluye el documental Las voces de la lista, con testimonios de 200 de los 1.100 judíos salvados por Schindler. La fundación pretende prestar atención ahora a otros genocidios, como los de Camboya y Ruanda.

Apuntes de rodaje

Steven Spielberg quisó filmar dentro del campo de Auschwitz, pero no obtuvo el permiso necesario de las autoridades. En su lugar tuvo que levantar el set junto al campo de concentración. Antes de Spielberg, el director Billy Wilder –judío que huyó de Alemania en 1933– se interesó en el proyecto. La escena de la “liquidación” en el gueto de Cracovia ocupaba tan sólo una página en el guión original. Spielberg decidió introducir 20 páginas más basadas en diferentes testimonios reales, con una duración de 20 minutos. Por ejemplo, la escena del hombre que escapa de la captura diciendo a los nazis que le han ordenado retirar las maletas de la calle, es la historia real de un superviviente. Durante el rodaje, el ambiente era tan triste y depresivo que el director pidió a su amigo Robin Williams que animara al equipo con algunas escenas cómicas. En principio, Spielberg quiso rodar en polaco y alemán con subtítulos en inglés, pero desechó la idea al comprender que en esos idiomas no podría sacar la mejor actuación de los intérpretes.

DVD
Distribuye: Universal
Extras: Español 5.1 e inglés 5.1. Voces de la lista. Documental. La edición “coleccionista” incluye un tercer disco con la banda sonora.
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