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El cineasta repite con Jessica Chastain como protagonista

John Madden dio el golpe con "Shakespeare", donde una mujer jugaba un papel primordial, despertando el amor del famoso dramaturgo. Ahora vuelve con una película con personaje femenino fuerte, interpretado por Jessica Chastain. El cineasta nos revela cómo llegó a implicarse en una película que se atreve a cuestionar a los todopoderosos lobbies.

No abundan las películas sobre el mundo de los lobbies. ¿Qué atrajo a John Madden de El caso Sloane?

Aunque tenía una idea general sobre en qué consistía su trabajo, no sabía exactamente qué hacía un representante de lobby, e imagino que muchas otras personas se encontrarán en la misma situación. El guion era inteligente, inesperado y muy satisfactorio. Está ambientado en un mundo en el que todo es estrategia. El lenguaje natural de los personajes es la ironía y las indirectas, lo que da como resultado una película sumamente inteligente, así como muy divertida y sorprendente. El arma más importante que posee el guion es que nunca acaba exactamente donde crees que va a acabar.

La película desafía todo encasillamiento. Es a la vez un drama político, un thriller impredecible que depara sorpresas constantes, destapa también un mecanismo muy poco estudiado y menos aún entendido del proceso político y, sobre todo, es un estudio fascinante de un personaje extraordinario y obsesivo, definido tanto por su inteligencia y habilidad como por su género. Y lo más inesperado de todo es su retrato de la vida emocional de una heroína que se niega a aceptar siquiera la existencia de la misma.

El guionista, Jonathan Perera, era un desconocido, abogado ajeno a la industria y no se le conocía ningún libreto. ¿Cómo pudo confiar en él?

Esperaba a un fanático del cine de Santa Mónica gallito y sabelotodo. Pero no es para nada así. Es muy culto en materia de cine, e increíblemente franco, inteligente y directo, sin la actitud que podría conllevar un debut tan precoz.

La película trata sobre un objetivo político aparentemente inalcanzable, un asunto que se ha negado tercamente a ceder a cualquier tipo de presión legal. Examina las numerosas tácticas que emplean los representantes de lobbies para influenciar a la gente. El quid de la película consiste en intentar superar obstáculos insalvables, y está movida por Elizabeth Sloane. Es implacable y emplea tácticas que pueden causar cierto asombro. Rara vez se detiene a descansar. Es totalmente obsesiva, y las personas obsesivas son muy interesantes de ver en el cine.

¿El guión de Perera sirvió tal cual?

Ya era un guion muy sólido. Simplemente hacía falta profundizar en él y darle algo más de cuerpo. Jonathan y yo estamos bastante informados sobre el procedimiento político estadounidense, pero tampoco somos expertos. No queríamos empezar a explorar las cosas en el aspecto creativo sin saber si pisábamos terreno firme en lo que a los hechos se refiere.

¿Hasta qué punto se acerca a la realidad el modo en que describen la actuación de un lobby?

Hicimos todo lo posible por asegurarnos de que los hechos fueran correctos. Localizamos a una compañía de lobbying llamada Glover Park Group, unos veteranos que llevan mucho tiempo en Washington y han asesorado a otros cineastas. Nos ayudaron a ver que algunas de nuestras ideas estaban desfasadas, porque la industria de los lobbies, y las cuestiones éticas que rigen la buena praxis, han tenido que cambiar después de [los escándalos de] Jack Abramoff.

En la película tienen una importancia primordial los vertiginosos diálogos, pero lo visual está también muy cuidado, ese trabajo del director de fotografía danés Sebastian Blenkov

Tiene un sentido maravilloso de la dinámica, un ojo brillante para la composición y una gran capacidad para acercarse mucho, física y figuradamente, a la acción y a los actores. Trabaja a menudo cámara en mano, utiliza la mínima intervención posible en cuanto al equipo de iluminación y siente la onda de la historia con una precisión enorme. Y los actores confían plenamente en él. La película posee un aspecto físico precioso y una modernidad no forzada.

La historia se desarrolla en ráfagas de energía apresurada y cargada de adrenalina, interrumpida por momentos de inmovilidad y silencio, cuando se abre el vacío que hay tras la obsesión del personaje y amenaza con devorarla.

El enfoque de Alex [Berner, el montador] es al mismo tiempo disciplinado y maravillosamente suelto e instintivo. Estaba completamente atento del trasfondo de significado y emoción. Desarrollamos un estilo particular para esta película, empleando a menudo transiciones de tiempo y espacio bastante atrevidas y que desorientan, que parecían reforzar la sensación en la película de que nada es exactamente lo que parece, y trasladando al espectador a un lugar que no esperaba.

La música de Max Richter aporta mucho a la película, no se impone, pero ayuda a crear una atmósfera de intriga en un un mundo deshumanizado…

Es un compositor serio y prolífico por derecho propio, que se siente igualmente a gusto con grandes composiciones conceptuales, como la ópera y el ballet, pero que también encuentra tiempo para aportar su enorme talento a las bandas sonoras de películas.

El caso Sloane no es una película especialmente sencilla a la que poner música, plantea todo un reto para el compositor, que necesita buscar la forma de llegar al particular pulso de su protagonista central. La excepcional manera en que lo hizo Max, mediante esa composición orquestal minimalista con un vocabulario electrónico, fue una forma genial de ocupar un espacio extraño, aprovechando el impulso adictivo de la inquieta mente de Elizabeth y la creciente presión emocional de su gradual descenso al vacío. Es una partitura preciosa e impactante.

Y el reparto es increíble, empezando por su protagonista, una mujer de armas tomar…

Era una película fantástica para realizar un casting. Contiene la clase de diálogos sólidos e intensos que los actores están deseando decir. En cuanto leían el guion, querían hacer la película”.

El papel le encajaba a la perfección a Jessica. La conozco desde antes de que se convirtiera en ‘Jessica Chastain’ y la reconocí como un diamante en bruto [habían trabajado antes juntos en La deuda]. Me dejó enormemente impresionado entonces y, mientras leía el guion, no podía dejar de imaginármela a ella en este papel.

En cuanto a Mark Strong, se trata de un papel en el que la gente tal vez no espere encontrarle. Es el nuevo jefe de Elizabeth, la voz de su conciencia y, hasta cierto punto, su antagonista. En el Reino Unido, Mark tiene reputación de actor entre actores. Suscita una gran admiración en todo el que trabaja con él. En el mundo del cine, creo que a veces lo han encasillado y sin duda lo han infravalorado, así que es genial contar con él en un papel que tiene un estilo completamente distinto. Como contrapunto formidable de Elizabeth, aporta una humanidad indispensable.

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