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"El gran valor de la película es que la puede ver un creyente y alguien no interesado en el hecho religioso"

Abordar las convicciones íntimas en la pantalla no es fácil. Más cuando se trata de cuestiones de fe, que cambian a una familia. El director David Arratibel, agnóstico, se atreve a mantener conversaciones con su familia conversa en el documental “Converso”. El fascinante resultado le valió el premio al mejor director de documentales en el Festival de Málagay forma parte de la sección Zinemira en el Festival de San Sebastián. Converso sobre “Converso” con Arratibel.

 

Contar en Converso una historia tan íntima como el proceso de conversión religiosa de varios miembros de su familia es una cuestión muy delicada. ¿No le dominó un cierto sentimiento de pudor?

Es lo primero que me planteo. Más allá de mi pudor personal, con qué derecho puedo pedir a mi familia que participen en una película así. Y aunque conté con su complicidad, querían participar en el proyecto. Las dudas están ahí. El plano inicial con la nevera, en que hablo con mi hermana María, creo que resume esa idea.

Imagino que habría momentos en que pensaría “hasta aquí llego, hasta aquí no llego”. ¿Ha habido mucho material descartado, no sólo por limitaciones de metraje, sino por consideraciones de que tenía derecho a exponer una determinada intimidad?

En la parte en que hablo con mi madre, se intuye que hay una conversación pendiente más amplia, de conflictos familiares. Se da una pincelada, pero queda abierto, no se profundiza. Sorprendentemente en esa conversación, que por supuesto no está completa, hay muchas cosas que nunca había hablado con mi madre antes de hacer la película. Y eso se ha quedado justamente en el terreno de lo íntimo.

En un momento dado tu madre alude a la familia de los Panero, que dio lugar a ese documental tan desgarrador de El desencanto, e incluso a una secuela, Después de tantos años. Claramente no era su intención que la película derivara en esa dirección.

Me interesaba en cierto sentido, en el sentido de que éramos una familia con conversaciones pendientes. Me resultaba sugerente que un tema diera pie a otro, y quedara planteada la idea de que entre nosotros teníamos muchas cosas que hablar. Se quedan cosas por abrir en la caja de Pandora familiar, por así decir.

Converso 1Hablar de la fe y las convicciones profundas cuesta. Quizá en los últimos tiempos se ha producido cierta apertura, pero puede despertar cierto temor hacerlo en una película, por las posibles incomprensiones, risitas, etc. ¿Ha sentido algo de este estilo o le ha podido condicionar?

Ha habido mucha reticencia por parte de bastantes personas de mi entorno, ateas o agnósticas, con puntos de vista bastante beligerantes hacia el hecho religioso. Había quien me decía “Te tienes que posicionar”, “Con esta película te van a ganar”. Y yo me decía: “¿Ganar? Pero si yo no voy a ninguna competición ni a ninguna guerra.” Sí noté ese rechazo de entrada, sin ni siquiera haber abordado aún la película.

Y de lo que más me ha satisfecho con esta película, es que personas nada creyentes, e incluso muy ateas, o muy beligerantes con la Iglesia y las posiciones religiosas, la ven y no les escuece. Quizá ése es el gran valor de la película: que la pueda ver un creyente y se conmueva por sus posiciones, y que lo vea un ateo y le interese por cómo se reflejan los conflictos familiares.

Este tipo de películas se enfrentan a un desafío a mi entender. El creyente está dispuesta en general a verlas. Pero, a pesar de que una obra como Converso invita al diálogo, al intercambio de puntos de vista, me da la impresión de que es mucho más difícil lograr que una persona no religiosa acometa simplemente su visionado, hay un apriorismo difícil de superar...

El que la película esté realizada por así, desde fuera, que la haga un agnóstico, que aborda el tema de la conversión, pienso que es distinto a que la haga un converso, o un director católico más o menos militante. Pero es verdad que de entrada, a una persona no creyente es de suponer que el tema no le interesa en absoluto. Y tiene ese a priori negativo.

Pero también puede interesar al no creyente, por mostrar cómo un agnóstico se enfrenta a la cuestión. Luego está la buena trayectoria que ha tenido en festivales, que de algún modo indica que posee un valor cinematográfico más allá de contenga un determinado mensaje. Esto puede abrir la película y aumentar su alcance a un público más interesado en el cine.

De estructura la película puede considerarse sencilla, se trata de acometer esas conversaciones pendientes de las que hablaba. Pero hay alguna idea más original, como la del recurso a la música y esa canción a capella que acaba interpretando toda la familia. ¿Estaba desde el principio del proyecto?

La idea la tuve muy al final de la película. Cuando la estaba estructurando conceptualmente, avanzado el rodaje, me di cuenta de que la música estaba cobrando mucha presencia. Es muy sugerente la idea que expresa mi cuñado casi al principio, de que la Iglesia es como un órgano, y que el Espíritu Santo sopla por los distintos tubos. Y el conjunto de los diferentes creyentes conforma una armonía.

Y en mi caso, y con respecto a mi familia, me parecía que en mi caso yo me quedaba fuera de ese órgano, y buscar la armonía con mi familia, que formáramos parte del mismo órgano, como ocurre con la Iglesia, fue la idea, que intentamos hacer cantando todos juntos a capella. Era un reto que teníamos hacía tiempo porque ellos cantan muy bien, porque son músicos profesionales, y yo canto, pero no soy músico. Y queríamos cantar algún día juntos, de hecho tenemos un grupo de whatsapp que se llama “Polifonías en familia”. De modo que la idea fue usar esto como metáfora, que debíamos buscar juntos la armonía como familia; con cosas que nos separaban, como la capacidad que ellos tenían de leer partituras, y de la que yo carecía. A pesar de tal diferencia, podíamos llegar a armonizar a base de intentarlo.

Me atrevería a decir que una ventaja con la que ha contado en esta película es con el hecho de que su familia son, por así decir, actores naturales, especialmente María. ¿Ha repetido alguna grabación? Hay momentos de pura emoción, pero...

No, no. Ni una escena repetida o replanteada, como dice, tienen un don ante la cámara. Mi madre lleva muchos años metida en política, y tiene muchas tablas para comunicar bien. Funcionan bien en cámara, sí, pero no hubo nada preparado o ensayado previamente.

En su caso personal, ¿se puede decir que hay un antes y un después en su mirada al hecho religioso? No me refiero sólo a una mayor comprensión o sintonía, que se nota en la propia película, sino en su relación con Dios o su fe.

Antes tenía una absoluta falta de sensibilidad. No rechazo, pero sí desinterés hacia el hecho religioso. Y ahora quizá lo miro con más atención. En estos momentos estoy leyendo “El reino”, de Emmanuel Carrère, un libro muy bonito. Me interesa más, también lo antropológico, lo sociológico, lo humano.

En el plano personal sigo siendo agnóstico. Con alguna zozobra. Tengo más dudas que certezas. No tengo la sensación de búsqueda. Sí que llevo mucho tiempo haciendo meditación, pero conecto poco con lo trascendental. Quizá ahora... Hace poco que he estado con un amigo que tiene cáncer, y he hablado con él, y lo que podría pasar, si se puede morir... Él es muy creyente. Y quizá por primera vez en mi vida tuve una cierta... No sé cómo decir... Una cierta sensibilidad a una cierta pregunta... una cierta búsqueda de una respuesta... Pero muy leve. No tengo esa inquietud.

Aparte de la promoción de Converso, ¿tienes algún proyecto entre manos?

Siempre manejo algunas ideas, y lo que tengo claro es que lo nuevo que acometa se moverá siempre en el terreno de lo íntimo y personal.

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