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“Me encantó imaginar que pudieras hablar con Dios y hacerle las preguntas que todos quisiéramos formular”

El británico Stuart Hazeldine debutó en el largometraje con “Exam”, un atípico thriller, donde también ejercía como guionista. Su segundo trabajo se aparta bastante de este género, pues “La cabaña” adapta una exitosa novela de William P. Young, que triunfó sobre todo entre el público creyente. Tiene como protagonista a Sam Worthington, conocido por “Avatar”, que interpreta a Mack Phillips, un hombre incapaz de superar la pérdida de su hija menor. Un día encuentra una nota en la que supuestamente Dios le ofrece una cita.

¿Había leído el libro antes de involucrarse en el proyecto?

Años antes, me ofrecieron la oportunidad de convertirlo en guión adaptado, cuando el libro empezaba a despegar, pero todavía no era tan masivo. Así que lo leí, y me encantó el concepto; me gustó imaginar qué pasaría si pudieras hablar con Dios y hacerle las preguntas que todos quisiéramos formular. Sobre todo, ¿por qué tenemos que pasar por el dolor?

Claro, podemos rezar. Pero apuesto a que cualquiera de nosotros cambiaría eso por sentarse físicamente con Jesús al lado del Lago de Galilea y tomarse una cerveza con él, un par de horas y hacerle todas las preguntas. Eso es lo que cuenta el libro.

Mi problema como cineasta cuando se trata de Dios es que es invisible, y el cine es un medio visual. Tu personaje más importante estaría fuera de la pantalla. Por eso se me ocurrió que se pudiera visualizar al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El principal problema es que era un libro con largos diálogos, por lo que veía complicado llevarlo a la pantalla. Deseché la oferta.

002Entonces, ¿cómo acabó convertido en director?

Claramente, ahí no acabó la historia. Me llamó para una reunión de trabajo un productor, todo un veterano, Gil Netter, detrás de títulos como La vida de Pi, que había adquirido la historia. Decidió ponerme en otro puesto, aún más decisivo, como director en lugar de guionista. Tuvo mucho que ver el hecho de que yo fuera creyente, ya que él estaba convencido de que eso ayudaba a crear una película más convincente. Aunque había otros asesores teológicos, era muy útil que el director tuviera también la misma perspectiva.

¿Suponía un enorme desafío dirigir la adaptación de este libro?

Es uno de los 100 libros de ficción más vendidos de todos los tiempos. Así que no se puede bromear con eso. Eso en sí mismo era un reto, pero me gustan. Quería demostrar que podía hacer eso.

Cuando acabé La cabaña tuve algunas dudas. ¿La gente que leyó el libro cree que hice un buen trabajo? La mayoría de las veces la gente dice "la película no es tan buena como el libro”. Aquí un amplio porcentaje de las personas que lo conocían y han visto el film han declarado que está al nivel de la novela, y algunos pocos que es mejor. Así que estamos muy contentos, el autor incluido. Estoy muy satisfecho con las actuaciones, y creo que los resultados son muy buenos.

¿Fue complicado convertirlo en imágenes?

Tenía algunas ideas que me parecían interesantes. Debía ser un film místico, no mágico, entonces se apartaría del estilo de Más allá de los sueños, protagonizada en 1998 por Robin Williams. Representa la vida después de la muerte como hipercoloreada, e irreal. Sin embargo, yo quería presentar el mundo de la Santísima Trinidad como un día perfecto en Oregón, por ejemplo. Todo el film tenía que ser como cuando en un día de verano sientes que el mundo no puede ser mejor. Pero no es un mundo diferente. Esto cuadraba muy bien con el tema central, porque Dios restaura a Mack, le convierte en lo mejor que puede ser como humano. No le convierte en un alienígena o en alguien perfecto.

¿Puede gustar “La cabaña” al público no creyente?

Les hará pensar. Nosotros no hemos concebido la película para cristianos. Cuando rodamos sólo tratamos de ser honestos, no estábamos haciendo un film religioso sino simplemente un film.

¿Cómo fue el trabajo con Sam Worthington?

Los espectadores se van a quedar pasmados con la forma que tiene Worthington de interpretar a Mack y su pura vulnerabilidad, que resulta inquebrantable: Sam lleva realmente el peso de esta película. Está en casi todas las escenas y, pero creo que va a ser considerada una de sus mejores interpretaciones. Es una persona increíblemente apasionada y siente especial pasión por este papel, puedes sentirlo cómo se desprende de él cada día de rodaje. Estamos todos comprometidos para hacer una película que resulte emocionalmente sincera y la verdad es que no podría haber pedido un aliado mejor que él como actor principal.

Para mí era el elemento más importante del film, porque el libro es bastante extenso, y toca muchos temas, pero yo quería contar sobre todo la evolución de su personaje.

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