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"Hay experiencias muy fuertes, y a veces tienen que ver con los sueños"

¿Es el amor una quimera, un sueño? ¿Se puede querer al otro en cuerpo y alma? Estas y otras cuestiones apasionantes acerca de la capacidad de la persona humana son planteadas por l cineasta húngara Ildikó Enyedi en su nueva película "En cuerpo y alma", ganadora del Oso de Oro en la última edición del Festival de Berlín. Tuve ocasión de charlar con ella en San Sebastián, donde presentó su film en la sección Perlas

Habían pasado 17 años desde que dirigió su último largometraje. ¿Qué conjunción de sentimientos y de una historia que contar le han permitido volver a ponerse detrás de la cámara para hacer En cuerpo y alma?

Nunca existe el momento perfecto. Simplemente encuentro en tema y procuro verme envuelto en él, en la historia o como se le quiera llamar. Tienes que encontrar algo que realmente quieras hacer. No es algo racional, que pienses, lo que ocurre es que das con ello.

Ildikó Enyedi hizo su primera película justo cuando cayó el muro de Berlín. ¿Cómo se ha adaptado a la caída del comunismo, el cambio de régimen ha podido influir en una carrera que podríamos decir que ha ido un poco a saltos?

En los 90 podía hacer películas cada dos o tres años. Luego nacieron mis hijos, y quizá se espaciaron más mis trabajos, aceptaba algunos encargos, pero luego pude volver a buscar mis propios proyectos. Pero realmente no creo que el modo en que ha discurrido mi carrera se haya visto influido por lo que ha ocurrido en mi país, Hungría.

En su película se combinan los sueños y la realidad, los primeros son muy poéticos, en la otra está algo tan físico como el matadero. ¿Cómo hace para combinar ambos, y que lo primero sea una metáfora de lo segundo?

Bien, uno de los aspectos que toca la película, por ejemplo, se refiere a Maria, y cómo se siente incómoda con su propio cuerpo, lo que hacía que el sueño fuera una forma delicada de referirse a ello.

mataderoRodamos en el matadero durante una semana. El dueño es un hombre hecho a sí mismo, que empezó como carnicero y de ahí prosperó. Me llamó la atención la forma con que los trabajadores trataban a los animales. Les acariciaban, hablaban con ellos. Tras llegar, pasan un día entero en el matadero antes de morir. Lo que partía el corazón no era el momento de matarlos y triturarlos, un proceso de transformación en unos pocos minutos, sino ver a los animales, aún vivos, sentarse tranquilos, en silencio, esperando su muerte. Sus ojos. Vi como una comunion tácita, entre “asesinado” y “asesino”, entre los trabajadores y los animales, se parecía a las cultura tribales: cazaban animales, los mataban y daban gracias por la comida. Le daban las gracias al animal por mantenerles vivos.

De todos modos, ¿es correcto interpretar que la película invita a conectar en el mundo real, no bastan las ensoñaciones?

Hay experiencias muy fuertes, y que a veces tienen lugar en los sueños. Ahí se crean imágenes imperfectas de anhelos que tenemos dentro. Son cuestiones íntimas y complejas, difíciles de interpretar. Pero también quería mostrar que lo que los sueños nos pueden mostrar son aspectos imperfectos de nuestra vida, la perfección no se alcanza en los sueños.

También pienso que a veces malinterpretamos el significado del amor. Cuando estamos enamorados podemos estar también en una ensoñación, e intentamos ser simpáticos, mostrarnos desinhibidos, o al revés, podemos sobreprotegernos. Y de una u otra forma, podemos meter la pata. Puede ser peligroso simplemente dejarse llevar.

La película aborda la dificultad de expresar los propios sentimientos. Lo que no deja de ser una paradoja en esta sociedad global, en la que estamos más interconectados que nunca, pero en que los mensajes compartidos a veces pueden ser muy banales…

No creo que las cosas sean mejores o peores que hace cien años. Antes se supone que uno y otro amante no debían conocerse o haber tenido relaciones previas al matrimonio. En la cultura actual las relaciones pueden ser más fluidas, no existen esos obstáculos rígidos del pasado. Puede haber nuevas alienaciones, pero como antes existieron otras, y siempre será así. Pero al final el conflicto real está entre dejarte llevar y pensar las cosas antes, una tensión inherente al ser humano. Y en las relaciones, las cosas no funcionan por arte de magia.

comunicacionEl personaje de Maria tiene algo de autista, en su incapacidad de darse cuenta cómo afecta a los demás lo que dice, que afirma cosas poco apropiados. ¿Se ha basado en alguien, cómo lo concibió?

Bueno, ella me gusta, un poco me baso en mí misma [risas].

No hay tantas mujeres directoras en el cine, de modo que su Oso de Oro en Berlín es muy importante…

Creo que ahora percibo una mayor sensibilidad en plasmar lo que sienten los hombres y las mujeres, y hay más oportunidades para las mujeres cineastas. Lo que no me gusta es cuando acuden para completar un jurado a una mujer, porque se supone que no queda bien que todos sean hombres. Ese modo de pensar no me gusta.

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