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"Toda película o creación artística tiene que dar un poco de vértigo", asegura

La vida y nada más. Ni nada menos. El madrileño Antonio Méndez Esparza lleva años afincado en Estados Unidos, donde da clases de cine en la universidad. Pero también dirige películas, ambientadas en su país de acogida, que saben reflejar la realidad social de su entorno de un modo sorprendente.

Es el caso de “La vida y nada más”, que cuenta de un modo muy universal y con mucha humanidad, las peripecias de una familia desestructurada, sobre la relación entre una madre y su hijo al filo de alcanzar la mayoría de edad, que podría seguir el mismo mal camino que llevó al padre a la cárcel. Mantengo una conversación con un cineasta que vive con su pasión su oficio, apenas una semana antes del estreno de su película.

 

mendez2¿Cómo termina dedicándose al cine un licenciado en derecho como Antonio Méndez Esparza?

Sencillamente tienes una pasión, y soy de los que creen que puedes ser lo que quieras. Aunque estudié derecho, yo amaba el cine y siempre supe que quería ser cineasta. Derecho fue casi como una carrera que tenía que hacer, como si siguiera en el colegio. De hecho nunca ejercí, y cuando acabé me fui a Estados Unidos a estudiar cine. No busqué ejercer de abogado, de algún modo mi vocación, mi interés, consistía en hacer películas.

Pero sería un cinéfilo, alguien que ve muchas películas…

Sí, sí. Frecuentaba mucho la videoteca de la Universidad Complutense en Madrid, e iba mucho al cine. Y acudía al videoclub. Pero se trataba de una cinefilia distinta a la habitual. No soy tan mayor, y era necesariamente limitada, sobre todo si lo comparamos con las posibilidades de hoy en día, en que prácticamente puedes ver cualquier película que te propongas ver on line.

Estudiando en Estados Unidos, curiosamente, descubrí otro cine del que nunca antes había oído hablar. A un autor gigante, como Satyajit Ray… ¡Aquí no podías ver sus películas! ¡El gran director indio! ¡U Ozu! Por supuesto que sabía quién era, pero aquí en España era muy difícil encontrar un videoclub que tuviera sus películas. De pronto tengo mucho más acceso en Estados Unidos, y aún más en Nueva York.

Es cierto que ya en España había cultivado autores como Rossellini, Bergman, Antonioni, Visconti, Godard, Truffaut… Pero es ya en Estados Unidos cuando descubro a Kiarostami, y a directores chinos, taiwaneses, coreanos…

¿Y en España ya había rodado algún corto quizá?

No, qué va, aquí era como un intelectual del cine, un teórico más que un hacedor.

mendez3¿Y por qué marcha a Estados Unidos? ¿No se plantea estudiar en España?

Lo pensé, lo pensé. La ECAM [la Escuela de Cine de Madrid] tiene un programa estupendo. Pero tuve una mala experiencia, y quizá puedo ser un poco rencorosete. Me presenté para estudiar ahí cuando tenía 18 años, pero en aquella época hacía falta haber cumplido 21. Así que estudio dos años de Derecho, y cuando tengo 21 resulta que entonces basta con tener 18 para acceder.

Y me presenté a un examen de ingreso en Kinépolis, al que acudíamos 600 personas, que tenía cuatro partes, y no pasé la primera. Imposible. Era una parte que tenía preguntas que yo no entendía, del tipo “¿En qué año Rita Hayworth hizo una película con John Ford?”, y yo no podía entenderlo. ¿Esto qué es? Fue tal shock, que yo me dije “aquí no quiero venir”.

Los americanos tienen un rasgo muy curioso: son muy abiertos. En España detectaba una actitud de comentarios tipo “este director es un...” a lo que yo me decía “bueno, pero si va todos los años a Cannes, no será tan malo, algo tendrá”. A los americanos les cuesta más decir que algo no vale nada, a los españoles mucho menos, y a los italianos les pasa igual, ese tipo de afirmaciones rotundas “esto no vale nada”.

Esto también puede explicar que sus películas las haya realizado en Estados Unidos, y que refleje la realidad social de ahí. ¿No es algo atrevido que un español haga algo así, analizar una realidad ajena de algún modo, como es el caso de La vida y nada más?

Sin duda que es un atrevimiento. [se queda pensativo] Creo que toda película o creación artística debe ser un atrevimiento. Tiene que dar un poco de vértigo, un poco de miedo. Se lo digo mucho a mis estudiantes. A veces me pregunta cómo puedo saber que un actor es el que necesito para un papel, y yo les digo que no lo vas a saber nunca. Lo sabrás cuando estés filmando y estés editando. Tienes que llegar siempre a un punto en que no sabes si va a quedar o no bien, no puedes estar pensando en eso todo el rato. Si siempre estás cómodo y piensas “todo va bien” entonces es que algo va mal. Una película tiene que tener riesgo.

Si esta película transcurriera en Nebraska, no la habría hecho. Pero como vivo allí, en la zona donde se desarrolla, considero que eso me da derecho a hacer mi película. He vivido ahí cuatro años y medio, por lo tanto, okey, la puedo hacer.

Ha pintado entonces una realidad que conoce.

Es una realidad que conozco y que quiero conocer. Yo no soy mis personajes, no puedo saber cómo piensan totalmente. Pero vivo ahí, tengo tiempo para poder entenderles, puedo explorar.

¿Se ve en España haciendo una película sobre la realidad española? ¿O prefiere contar historias universales a través de la realidad estadounidense?

La vida y nada más es una historia muy universal. Sí. Y me encantaría hacer una película en España sobre la realidad española, pero tendría que vivir aquí. Las dos películas que he hecho hasta ahora son maravillosas. Sean buenas, malas, para mí son maravillosas, han sido muy significativas en mi vida. A la hora de hacer una película, quiero que sea de algún modo una experiencia vivida. No es como “he hecho un trabajo”, sino más “es una parte de mí”. Eso requiere tiempo, un tiempo que sólo lo da la cercanía, el hecho de vivir ahí.

Tengo poca fe de que en España me surja pronto una posibilidad para hacer mi vida aquí. Si quisiera, tendría que crearla, dejar mi trabajo de profesor en la universidad en Estados Unidos y buscar algo aquí. ¿Y por qué? La vida y nada más es fruto de haberme establecido ahí, por qué voy a volver. Prefiero abrazar el presente, no rechazarlo.

mendez5Tanto La vida y nada más como Aquí y allá son radiografías sociales que pintan la vida en Estados Unidos, y pueden ambas considerarse cine político. Sin embargo llama la atención la delicadeza con que se tratan los temas, no hay una carga agresiva, o un deseo de dar lecciones a toca costa...

Hay muchas maneras de hacer. Por ejemplo, las películas de Arturo Ripstein son tremendamente políticas, su cine es muy fiero. Son como trenes de alta velocidad. Hay un momento en uno puede sentirse legitimizado para hacer una película así, agresiva, combativa. O me viene a la cabeza la película rusa Krotkaya, de Sergei Loznitsa, que se pasó en Cannes, y es demoledora, como una ametralladora. Pienso que él siente la necesidad de contar una historia de ese modo en el contexto actual. Es como un espejo, que ofrece un reflejo de la sociedad bien feo. Hay un fuerte deseo político.

Yo, como extraño, tengo que mostrar la realidad que veo. Y es una realidad muy difícil, pero de mucha superación. Y con un optimismo final, que quería retratar. Mi interés no es pues de acusar, que es lo que justifica un contenido dramático más alto.

¿El guión de La vida y nada más está bien trazado, o hubo margen para la improvisación?

Yo tenía una trama muy clara, pero también cambiante. Los detalles pueden cambiar. O sea, la vida de Andrew está amenazada, luego vamos a su madre Regina, va a conocer a Roger, se va a resistir, van a empezar una relación, habrá problemas... Esos mimbres están ahí. Pero los detalles, que al final lo son todo, pueden cambiar mucho. Y también hay piezas de unión que no las he pensado en el guión y surgen durante el rodaje. Y van rellenando huecos. Está por ejemplo el momento de la carta, que cuando escribí el guión, yo no sabía que iba a ser leída. Las cartas surgen durante el rodaje. O la escena del pastor en la calle, surge en el rodaje. Vas haciendo apaños que surgen al rodar o al montar.

mendez4¿Los actores han aportado alguna experiencia personal?

Más en la percepción que tienen de los personajes, aunque hay algunos elementos coincidentes, como el hecho de que Regina es madre soltera. Y Andrew cuida a sus hermanos pequeños. Pero él en la realidad es menos del estilo “niñero”, él me decía por ejemplo “yo nunca he bañado a mi hermana” y yo le digo “pues aquí lo vas a hacer”.

Un ejemplo notable de autenticidad ocurre en el parque, cuando una familia anglosajona se muestra algo recelosa con Andrew. Otro director lo habría hecho de otro modo...

Fue una escena muy difícil, le dedicamos tres días de rodaje. Era importante que no fuera exagerado, debía ser creíble. El actor a veces era muy duro, otras veces más blando, el niño se cansaba, la madre también...

¿Tiene contacto con otros cineastas españoles que han hecho carrera en Estados Unidos? Jaume Collet-Serra sigue una línea distinta, pero también se ha afincado ahí...

Sí, le va muy bien ahí. Pero yo ahí trabajo como profesor de universidad. A veces digo que yo soy como un cineasta “amateur”, no estoy en el juego. Quizá me gustaría estar, pero no estoy.

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