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Logró el Oscar por el film que convirtió en estrella a Sylvester Stallone

 

 

Se especializó en tratar la superación personal, y la lucha por los propios sueños, y aunque los aficionados al cine recuerdan sobre todo sus films “Rocky” y “Karate Kid”, cuenta con una sólida filmografía, que incluye títulos tan interesantes como “Joe, ciudadano americano” y “Salvad al tigre”. El realizador John G. Avildsen ha fallecido a los 81 años por cáncer de páncreas, en un hospital de Los Ángeles. Así lo ha confirmado Anthony, uno de sus hijos.

Nacido en Oak Park, suburbio de Chicago, el 21 de diciembre de 1935, John Guilbert Avildsen (pocos cinéfilos conocen el significado de la G.) trató de poner en marcha su propia agencia de publicidad. Pero no tuvo suerte en este área, por lo que probó fortuna en el cine. Primero trabajó en el departamento de producción, antes de ejercer como ayudante de realización con el legendario Otto Preminger, que le enseñó los rudimentos del oficio, en La noche deseada.

Convencido al fin de que su futuro estaba en la industria del cine, se graduó en realización por la Universidad de Nueva York. Tras su ópera prima como realizador, el olvidado drama Turn on to Love, la discreta comedia Desmadre en la escuela, y el interesante thriller Joe, se consagra definitivamente con Salvad al tigre (1973), intensa crítica a los puntos oscuros del sistema, que hablaba del desencanto de los 70, y la crisis de los valores familiares. Por su trabajo como ejecutivo que se daba cuenta de que la única forma de salvar su empresa de ropa, pasaba por incendiar una planta de las instalaciones para cobrar el seguro, el veterano Jack Lemmon obtuvo un merecidísimo Oscar al mejor actor.

Tras la ligera comedia Un caradura simpático, con Burt Reynolds, los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff le llamaron entusiasmados con el guión que les había enviado un desconocido llamado Sylvester Stallone, que se había basado en su propia vida para perfilar la historia de un italoamericano humilde decidido a triunfar como púgil que tiene la oportunidad enfrentarse al campeón del mundo de los pesos pesados cuando el que iba a ser el próximo oponente de éste se rompe la mano. Tras aceptar el proyecto, se cambió el título previsto en primer momento, Paradise Alley, por Rocky, y se reclutó al propio Stallone como protagonista. John G. Avildsen se lució como realizador porque logró ocultar que tenía un presupuesto muy bajo, con métodos como rodar al revés el combate final, porque costaba menos eliminar el maquillaje que marcaba los efectos del combate, que ir añadiéndolo. En esa secuencia se puede apreciar que contaba con más extras como público en los últimos minutos que en los primeros. Para la ya clásica secuencia en la que el protagonista se entrena subiendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, utilizó por primera vez el sistema Garrett Brown’s Steadycam, mediante el que la cámara va sujeta a un sistema de suspensión isoelástica.

Desde su lanzamiento, el film se convirtió en un enorme éxito de público, y el tema principal de la banda sonora de Bill Conti, “Gonna Fly Now” encabezó durante varias semanas las listas de éxito. “Avildsen encaja muy bien al personaje en su entorno urbano, donde gente corriente lucha por sus ilusiones”, comentó Roger Ebert, de Chicago Sun Times, que dio al film la máxima puntuación. “Nadie ha hecho más que Rocky por la imagen de Filadelfia desde Benjamin Franklin”, declaró Dick Doran, director de comercio de la ciudad. “Me hubiera gustado dirigir esa película”, confesó el legendario realizador Frank Capra, ilustre representante de la comunidad italoamericana.

La Academia le concedió diez candidaturas para los Oscar, triunfando en tres, montaje, película y director, para el propio Avildsen. Se diría que su carrera estaba en la cima, y que podría haber tenido mejor fortuna a partir de ese momento, pero el éxito se le subió a la cabeza. Por esta razón fue despedido de su siguiente trabajo, Fiebre del sábado noche, por sus continuas exigencias a los productores, y su trato dictatorial al protagonista, John Travolta, y rechazó ocuparse de Rocky II. Quedó relegado a proyectos un tanto de segunda fila.

Se recuperó en 1984, con el tremendo éxito de otro personaje que triunfaba frente a la adversidad, en una disciplina distinta, las artes marciales, en Karate Kid (El momento de la verdad). Encumbró a Ralph Macchio, que encarnaba al protagonista, un joven que tras mudarse con su madre a una nueva ciudad sufre acoso, y a Pat Morita, el maestro que le enseñará a defenderse y a triunfar en la vida. El propio director se hizo cargo de dos secuelas, Karate Kid II, la historia continúa, y Karate Kid III, el desafío final.

Curiosamente, aceptó en 1990 volver al universo del potro italiano, con Rocky V, pues según sus declaraciones “era un guión estupendo”. Sin embargo, no logró darle fuerza a la historia, hasta el punto de que obtuvo los peores resultados en taquilla de toda la franquicia. A continuación retrató el apartheid en Sudáfrica, a través de la historia de un huérfano, en La fuerza de uno. Tras el film sobre el mundo de los rodeos 8 segundos, se despidió del cine con el subproducto de acción Inferno, protagonizado por Jean-Claude Van Damme, que empezaba a estar en horas bajas.

Divorciado de Marie Olga Maturevich, con la que había tenido dos hijos, se unió hasta 2003 a la actriz Tracy Brooks Swope, madre de otro retoño, a la que dio su papel más relevante, la madre que muere prematuramente en La fuerza de uno.

 

 

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