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Actor secundario de carácter, su rostro se hizo reconocible por más de 150 películas y series de televisión

Le habían operado de la espalda unos días antes. John Heard apareció muerto en la habitación de su hotel el pasado 21 de julio. Unos meses antes había muerto su hijo Max, con tan sólo 22 años.

En la memoria cinéfila John Heard queda registrado de modo indeleble como el papá de Kevin en las dos popularísmas y entrañables películas navideñas de Solo en casa. Pero a sus espaldas hay muchísimos papeles, acumulados a lo largo de una carrera de más de 40 años, en cine y televisión, habitualmente pequeños, pero donde destacaba su poderosa presencia. No en balde, y eso que los roles que le confiaban tenían pocos minutos de presencia en pantalla, logró una nominación al Emmy por su detective Vin Makazian en Los Soprano. Era el típico buen profesional, que siempre hacía bien lo que se le encomendaba, pero que no estaba destinado a convertirse en estrella.

John Heard había nacido en Washington en 1945, su padre era funcionario gubernamental, y su madre era actriz aficionada, sin duda que gracias a ella se encaminó por la senda interpretativa. Como tantos, sus primeros trabajo como actor fueron en el off-Broadway. Debutaría en el cine a finales de los 70, con un papel protagonista, en Al otro lado de la noticia, dramedia situada en el mundillo del periodismo underground. Las décadas de los 80 y los 90 fueron de mucho trabajo, casi siempre en roles secundarios, pero en bastantes casos en títulos de presgitio como Jo, qué noche (Martin Scorsese, 1985), Regreso a Bountiful (Peter Masterson, 1985), Un lugar llamado Milagro (Robert Redford, 1988), Big (Penny Marshall, 1988) y El sendero de la traición (Costa-Gavras, 1988).

1990 fue el año de Solo en casa (Chris Columbus), donde era el progenitor de ese niño que encandiló al público cuando se quedaba en casa solo en plena Navidad, y debía enfrentarse a unos ladrones. Repetiría el papel en la secuela de 1992.

Entretanto, seguían los trabajos en títulos con pegada, y el rostro de Heard era reconocible para cualquier cinéfilo. Ahí estaban Despertares (Penny Marshall, 1990), La fuerza de la ilusión (Richard Donner, 1992), El país del agua (Stephen Gyllenhaal, 1992), En la línea de fuego (Wolfgang Petersen, 1993), El informe Pelícano (Joel Schumacher, 1993), Antes y después (Barbet Schroeder, 1996) y Ojos de serpiente (Brian De Palma, 1998).

Aunque seguiría trabajando asiduamente hasta su muerte, con el nuevo milenio las películas de cine donde estuvo no fueron tan relevantes. Aunque lo compensó con sus trabajos televisivos, donde sobresale su citado trabajo en Los Soprano, además de que pasó por CSI: Miami y Prison Break. De todos modos, sus composiciones en la pequeña pantalla no eran de personajes habituales, sino de esos que podían prolongar su presencia a lo largo de varios episodios.

En su vida personal, Heard tuvo un matrimonio relámpago con la actriz Margot Kidder, sólo duró diez días. Estuvo un tiempo con la actriz Melissa Leo, con quien tuvo un hijo. De su segunda esposa, Sharon, tuvo dos hijos, uno el prematuramente fallecido y citado antes Max.

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