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Tenía 87 años

El director de la versión cinematográfica de “Platero y yo ha fallecido este miércoles en el hospital Ramón y Cajal de Madrid a los 87 años de edad. Alfredo Castellón Molina estaba considerado uno de los grandes pioneros de la televisión en España, por haber estado al frente de numerosas series, y además deja una importante obra literaria. De hecho, hace muy poco presentaba con dificultades para moverse “Apólogos”, su último libro, en el Centro Aragonés de la capital de España.

Nacido en Zaragoza, el 4 de noviembre de 1930, tuvo una infancia feliz, rota por la Guerra Civil. A su término practicó atletismo, se licenció en Derecho en Santiago de Compostela y viajó por Europa. Enseguida tuvo clara su vocación. “Me aficioné al cine porque había un vecino de mi calle que coleccionaba programas y me hablaba de películas, y porque mi tía Carmen era taquillera de los Parra, y me dejaba entrar gratis”, recordaría en una entrevista. Durante su su estancia en Roma, donde estudió cine dos años, se hizo amigo de Michelangelo Antonioni, de la actriz Rosanna Podestà, y sobre todo de María Zambrano, de la que se consideraba discípulo, y a la que dedicó dos documentales y algunos textos. “Siempre me trató con mucho cariño”, explicaba. “Ha sido una de mis influencias mayores. Era la relación de una mujer con un jovenzuelo que le cae bien, y nos hicimos muy amigos. Me descubre su vena poética y me dice que sin cultura no se puede hacer ni cine ni nada. Y empiezo a leer y cultivarme”.

De vuelta a España se matriculó en la Escuela de Cine de Madrid, tras lo que rodó Un salto de agua, su primer corto. A continuación, tuvo que buscar un trabajo estable por el fallecimiento de su padre, así que entró a formar parte de la plantilla de la recién nacida Radio Televisión Española. Para esta casa dirigió más de 400 entregas de Estudio Uno, el mítico programa que dramatizaba para la pequeña pantalla grandes clásicos literarios y teatrales. Pero también se ocupó de otros espacios tan populares como Novela, Mirar un cuadro, La casa de los Martínez, Visto Para sentencia, El último café y Biografía, donde rodó la vida de Ramón y Cajal y Azorín, entre otros muchos.

En 1959 formó parte del grupo de poetas que viajaron en tren a Colliure, para rendir tributo al maestro fallecido allí Antonio Machado. Aparece en una foto conmemorativa junto a Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma y José Manuel Caballero Bonald entre otros.

Debutó en la gran pantalla con una ambiciosa adaptación de Platero y yo, quizás fallida, pues al parecer tuvo problemas con la censura, pero sin duda bastante valiente, debido a la dificultad de adaptar la gran cumbre de la prosa lírica de Juan Ramón Jiménez. Con el telefilm Las gallinas de Cervantes, adaptación de un cuento de Ramón J. Sender, recibió el Premio Europa de Televisión. A principios de los años 90, escribió el guión de San Manuel Bueno, mártir, que versionaba la novela de Unamuno, con Julio Alejandro de Castro.

No se sabe de dónde sacó tiempo Alfredo Castellón para además de todo esto escribir teatro para niños y para mayores, pues deja obras como “Los asesinos de la felicidad” y “Las conexiones”. Redactó textos sobre Joaquín Costa y Colón, cuentos y aforismos. En uno de sus escritos recordaba su experiencia de adaptar a Jiménez, y contaba que un grupo de amigos fue de visita a la tumba del poeta maniático de la corrección en Moguer. Olvidó en el mausoleo un libro del fallecido, y al acudir a recogerlo observaron un par de poemas corregidos. “No había duda, aquélla era su letra”.

 

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