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Estaba retirado desde su largometraje “¿Y tú quién eres?”

La noticia más triste desde la muerte de Chanquete. El creador del célebre personaje de “Verano azul”, que revolucionó la televisión española varias veces, y que también triunfó en el cine, ha fallecido el sábado, 12 de mayo en Madrid, a los 82 años, tras una larga lucha contra el Alzheimer. Pocos como él han conseguido conmover a los espectadores sin traspasar la barrera del sentimentalismo. “He encontrado mi camino. Si metes humor y ternura en los personajes, llegas a la gente”, afirmó.

Nacido en Lasarte-Oria (Guipuzcoa), pronto tuvo claro a qué quería dedicar su vida. “Mi madre quería que fuera notario. Me fui a estudiar Derecho a Valladolid y me imbuí de cine. Cuando regresé a casa, mi madre me preguntó: ‘Bueno Antontxo, ¿y ahora qué?, ¿quieres ser, notario o registrador de la propiedad?’. Y yo le contesté: ‘Yo quiero ser director de cine’. Y dice mi madre: ‘¿Pero tú estás loco?’. Gran follón, crisis familiar. Me fui a Madrid e ingresé en la escuela de cine y comenzó una nueva vida”. Terminó sus estudios en la institución en 1962, año en el que obtiene la Concha de Oro al mejor cortometraje en el Festival de San Sebastián por Lección de arte.

Debuta en el largo en 1963 con Se necesita chico, pero consigue su primer gran éxito en televisión con Crónicas de un pueblo, emitidas entre 1971 y 1974, en torno a la vida cotidiana de Puebla Nueva del Rey Sancho, ficticia localidad castellana, centrándose sobre todo en el alcalde, el cabo de la Guardia Civil, el maestro, y el cura –encarnado por el propio Antonio Mercero– aunque también tenían cabida variopintos personajes.

Pero sobre todo llamó la atención con el telefilm kafkiano La cabina, coescrito con José Luis Garci, y protagonizado por José Luis López Vázquez, como un ciudadano corriente que quedaba atrapado en una cabina telefónica. El Black Mirror español de la época hizo historia tras emitirse el 13 de diciembre de 1972, en TVE. Sobre todo se interpretó como metáfora de la falta de libertad de expresión, y crítica a la censura que consiguió eludirla, aunque el propio realizador advirtió de que se trataba de “una parábola abierta a todo tipo de interpretaciones que, según la sensibilidad, cultura y formación de cada uno, se interpretará de forma distinta”.

“Nosotros hicimos una película de terror y ciencia-ficción a sabiendas de las interpretaciones que se le iban a dar”, comentó en una entrevista. “Los políticos no la veían clara, pensaban que era una crítica del franquismo, pararon el proyecto mucho tiempo, pero al cabo de unos meses Adolfo Suárez [por aquel entonces director de RTVE] dio el visto bueno para que se rodara. Me cortaron algunas cosas, por ejemplo en un momento el camión que llevaba a López Vázquez encerrado en la cabina pasaba junto a un Ministerio en el Paseo de la Castellana. Y la censura dijo: «Esa pasada de la cabina por el Ministerio, ¡fuera!”. Obtuvo el Premio Emmy al mejor telefilm. También consiguió una enorme repercusión con La noche del licenciado (1979), sobre un heredero de la alta burguesía que ha elegido convertirse en payaso, y que al parecer es una alegoría de su propia elección del oficio de director audiovisual.

En la gran pantalla recuperó a López Vázquez para Manchas de sangre en un coche nuevo, donde el actor interpreta a un adinerado individuo que estrena coche, pero tras observar un accidente en la carretera, no socorre a las víctimas. Poco después aparecen sin explicación aparente manchas de sangre en el asiento del automóvil. La guerra de papá adapta la novela de Miguel Delibes “El príncipe destronado”, sobre un niño celoso de su hermano recién nacido, interpretado por el joven prodigio Lolo García, que también protagonizó a sus órdenes Tobi, donde fue un niño con alas, pero que no tuvo la misma repercusión.

Por su calado social, y por ser su mayor contribución a la cultura popular española, destaca en la obra de Antonio Mercero la serie televisiva Verano azul, de 1981, en torno a una pandilla de cinco chicos y dos chicas, durante unas vacaciones veraniegas en Nerja (Málaga), que vaciaba las calles los domingos por la tarde durante su emisión. El equipo de niños, con Juan José Artero a la cabeza, se hizo muy popular, pero también María Garralón, la pintora Julia, y sobre todo Antonio Ferrandis, el pescador Chanquete. Llamaba mucho la atención el empleo de un lenguaje naturalista, pero sobre todo el tratamiento de temas de la realidad española hasta entonces inéditos en nuestra televisión, como la desestructuración familiar después de la recién aprobada ley del divorcio, los hippies, la delincuencia juvenil y hasta el ecologismo. Ninguno de los 19 episodios tenía desperdicio.

Otro hito, Turno de oficio, de 1986, en torno a tres abogados, que pintaba otro cuadro realista del mundo de la justicia y la delincuencia en la España del momento. Con esta producción alcanzaron la cima de la popularidad Carme Elías, Juan Luis Galiardo y sobre todo un entonces desconocido Juan Echanove. Al acabar decide que no volverá a las series. “Resultaba agotador porque cada capítulo era como una película distinta. Haciendo series uno nota cómo envejece, mientras que haciendo cine notas que revives”. Por suerte, se lo piensa mejor y vuelve a revolucionar la televisión, en época del nacimiento de las cadenas privadas, con Farmacia de guardia (1991-1995), de Antena 3, protagonizada por Concha Cuetos y Carlos Larrañaga, que repiten como matrimonio divorciado, al igual que en Verano azul. Durante años fue el gran modelo de las producciones televisivas españolas, rodadas en poco tiempo, en escenarios habituales, y con personajes representativos de todas las franjas de edad posibles. Se despidió de la pequeña pantalla con Manolito Gafotas, protagonizada por el célebre personaje de las novelas infantiles de Elvira Lindo.

En cine tuvo mucho éxito con un film infantil, Buenas noches, señor monstruo, con el grupo –de moda por aquel entonces– Regaliz enfrentado a Paul Naschy como el hombre lobo y otros famosos villanos, y explotó la leyenda urbana de que Francisco Franco podía haber tenido un doble para sustituirle en actos públicos en la conmovedora Espérame en el cielo. También rodó el largometraje sobre la Guerra Civil más imparcial que se haya hecho en España, La hora de los valientes –sobre un celador del Museo del Prado que protege un lienzo de Goya durante la contienda– y emocionó con la adaptación de la obra de Albert Espinosa sobre niños enfermos de cáncer Planta 4ª. Antes de que le diagnosticaran Alzheimer, trató la terrible enfermedad en la excelente ¿Y tú quién eres?, con un gran trabajo del veterano Manuel Alexandre, acompañado de López Vázquez, que volvía a colaborar con él por última vez. “Tenía una obligación moral con la enfermedad que padeció un amigo mío, al que le dediqué la película. Podía haber sido yo”, comentó en una entrevista, en la que no deja claro si ya intuía que a él le iba a pasar.

Al ir empeorando su salud durante los años sucesivos, se retiró de la vida pública. “Recuerdo que cuando ya no recordaba muchas cosas, vimos nuestra película juntos en su casa”, recuerda Espinosa en su artículo de esta semana. “La miró entera sonriendo como si fuera la primera vez que la observaba. Cuando acabó la sesión estaba entusiasmado y me preguntó quién la había dirigido. Le dije que él y su cara de felicidad fue extraordinaria. Estaba orgulloso de descubrir algo que él había creado. Lloramos y reímos tanto aquel día”.

Sus hijos han continuado su legado, empezando a trabajar a su lado. El mayor, Ignacio Mercero, ha dirigido capítulos de series como El tiempo entre costuras. El menor, Antonio Santos Mercero, ha cocreado series como Hospital Central. Siendo presidente de la Academia Álex de la Iglesia, y estando enfermo, le llevó a su casa el Goya de Honor, momento recogido en un vídeo en el que el también vasco le reconocía con un cariño enorme que era una de las razones por las que hacía cine.

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