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Decía en mi entrada anterior que debido a la progresiva subida del precio de las entradas, va a llegar un momento en el que recuperaremos la

Decía en mi entrada anterior que debido a la progresiva subida del precio de las entradas, va a llegar un momento en el que recuperaremos la costumbre de los viejos tiempos, cuando nos contábamos los estrenos. Se lo intentaba explicar el otro día al hijo de la vecina, que tiene unos 20 años, muy enrollado él, y no entendía nada.

-¿En serio? ¿Un colega vuestro os hacía un spoiler integral de la peli? ¿Y no le tirabais un zapato a la cabeza?

El caso es que como os contaba el otro día en aquella vieja España te lo podías pasar bien, dependiendo de cómo fuera el individuo que iba a hacer de maestro de ceremonias.

Distintas clases de contadores de películas:

1. El que la vivía. “En ese momento, el hechicero se pone a tirar rayos con las manos. Sus enemigos llaman a Godzilla, que se pone a destrozar todos los edificios, pero el protagonista recuerda que los Transformers le habían dejado un aparato para llamarles, y al apretar el botón, aparecen acompañados por Batman pilotando la nave Enterprise”. Con éste el problema es que si después llegabas a ver el film en cuestión, era muchísimo más aburrido de lo que creías.

2. El que ya había entrado en la pubertad. “La prota llama a sus dos amigas, y resulta que son dos tías tan impresionantes como ella, ¡y las tres macizorras se ponen a bailar! Todo el cine empezó a aplaudir y buf, yo estaba babeando. Luego ya el ritmo decae porque el prota tiene que hacer no sé qué movida para salvar al mundo y corre de un lado a otro, pero hacia al final llama a la puerta de la churri, ¡y le abre en bikini! Peliculón”. Cada uno va a su rollo.

3. El detallista. “Entonces se apagan las luces. Sale un león, detrás de un cartel que dice Metro Goldwyn Mayer. El animal ruge. Empieza a sonar la música: tinonino, tinonino, tinonino, tantatachán... Y sale un rótulo que dice: “Charlton Heston, starring in”. Y se ve un plano general de un desierto”. Con estos tíos la peli podía durar unas cuatro horas más que la proyección en los cines.

4. El psicópata. "Y entonces atrapa a la monitora del campamento, que se creía que se iba a librar la muy zorra, y la atraviesa con el cuchillo una y otra vez (risas), y entonces empieza a salpicar la sangre, pero él sigue escabechándola y le arranca un ojo... ¡Eso voy a hacer yo con la camarera que me miró mal el otro día! Luego la peli degenera porque salen unos que se ponen a hablar... ¡Qué aburrimiento!". Mejor poner tierra de por medio.

5. El conciso. “Va de un tío que tiene un bar y aparece una ex novia que ahora está con otro maromo, pero el prota, el muy tonto les ayuda a escapar de los nazis en un avión. Y The End”. Con él ahorrábamos todos mucho tiempo.

6. El que no se había enterado muy bien. “Le ofrece al prota unas pastillas de éxtasis, y entonces el tío, todo drogado, se cree que el tiempo se ralentiza y que todo se mueve muy lento a su alrededor, y le persiguen unos hermanos de una familia numerosísima, porque son todos exactamente iguales y hay muchos".

7. El cinéfilo. "Y entonces el gran maestro, Jean-Luc Godard, se permite un plano secuencia de 10 minutos de un tío afeitándose, mientras el fuera de campo te da a entender que el autor está reflexionando sobre la futilidad del ser humano". Éste conseguía lo que parecía imposible: resultar aún más aburrido y plomazo que el film en cuestión.

8. El olvidadizo. Y entonces el tipo, que es profesor de literatura... o de mates... No sé, bueno, lo importante es que se pone a buscar no recuerdo qué, algo de la Biblia, y le persiguen unos estalinistas, pero él les despista cuando se sube a su nave espacial acompañado por un monstruito peludo, ¿o eso era de otra película? No, era de ésta porque está claro que era el mismo tío...

9. El fantasma. Y entonces huye de los malos en un descapotable como el mío. Y suena de fondo una canción de Madonna, a la que voy a ver en concierto en Londres, cuando vuelvo de las vacaciones en Las Bahamas...

10. El depresivo. “Y todas aquellas personas allí hacinadas como si fueran ganado. Y seguían metiendo a más y más gente. No me había sentido tan angustiado en la vida. Y uno de los que continuaban empujando para que entraran más personas decía: “Sigue habiendo más sitio en el techo”. Y yo estaba sobrecogido ante los rostros de aquellos individuos que apenas podían respirar. Y luego estaba aquel discurso: “La parte contratante de la primera parte, será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Y yo recordé cuando firmé la hipoteca, todas aquellas frases absurdas mientras sentía que había quedado atrapado de por vida”. Para algunos, la botella está siempre medio vacia.

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