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Paul Verhoeven (Jordi Revert, Cátedra, colección Signo e Imagen / Cineastas, 414 págs)

Biofilmografía de Jordi Revert sobre el cineasta holandés Paul Verhoeven (Amsterdam, 1938), que hace la número 107 de la extensa colección de Cátedra. El autor realiza un repaso de su trayectoria y peliculas, aunque no alcanza a incluir su último trabajo, Elle, que fue presentado a concurso, sin obtener premios, en el pasado Festival de Cannes.

El planteamiento de partida es poner en valor a Verhoeven, quien no habría sido suficientemente comprendido por gran parte los estudiosos del Séptimo Arte, que se habrían quedado en la epidermis de su obra, los aspectos escandalosos por su explicitud en el tratamiento de la violencia y el sexo, y la comercialidad de su cine, sobre todo su etapa americana, donde habría triunfado gracias a RoboCop, Desafío total e Instinto básico.

Sin pretender por mi parte desdeñar el talento narrativo de Verhoeven, o su poderío visual, quizá Revert concede demasiado valor a las aportaciones antropológicas de sus películas, “la trangresión como hoja de ruta”,  a que “desde la provocación busca trascender la mera agitación caduca”. Vivimos tiempos en que el escándalo está a la orden del día, y no basta “cuestionarlo todo”, o “desenmascarar el entorno y la rutina que hemos aceptado como normales”, hay que aportar una visión del hombre. Y aquí el cineasta no llega demasiado lejos, aseverar sin más que “posiblemente todos nacemos bisexuales”, desligar el sexo del amor casi por completo, reducir todo a representación y pulsiones primarias, subrayar la degradación del ser humano, conduce a un pesimismo que es un auténtico callejón sin salida.

Revert acierta en la narración paralela de biografía y películas holandesas y estadounidenses, pues advierte la influencia mutua, cómo una y otras se alimentan, empezando por la infancia en el contexto de la Holanda ocupada por los nazis. La valiosa mención a episodios como la incontinencia urinaria ante la violenta amenaza alemana, su combinada formación científica y artística, el aborto del niño que esperaba en 1966 de su novia Martine, su experiencia en la iglesia pentecostalista, y el libro sobre Jesús que publicó en 2011, ayudan a entender a un personaje complicado, que admirador de Friedrich Nietzsche, se mueve entre los ejes de la violencia, del sexo y la religión de un modo muy singular y algo deletéreo.

Como bien señala el autor, Verhoeven apuesta en su cine por una “naturalización del sexo”, que “evita la elipsis” de intento, un voyeurismo malsano no apto para todos los paladares que ejecuta un particular “ajuste de cuentas con las representaciones del género”. Otras veces hay una cierta crítica social a las organizaciones y a las convenciones sociales, aunque el modo brutal de ejercerla dificulta la recepción del mensaje, al menos para el espectador medio, que puede quedarse en la anécdota del cruce de piernas de Sharon Stone, por citar la escena más famosa de su filmografía. 

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