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James Cameron. El rey del mundo (Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona, Diábolo Ediciones, 248 págs)

 

Tiene ocho películas, y cuando arrasó en los Oscar con Titanic se autoproclamó a grito pelado "rey del mundo". ¿Pelín exagerado? Quizá, pero está claro que dos de sus películas, la citada Titanic y Avatar, son las más taquilleras de la historia, y el resto de su filmografía ha contado con el favor general del público, salvo excepciones de los inicios (Piraña II, que aborrece, aunque le ayudó a aprender el oficio) y caprichosas (la acuática Abyss).

Los autores de este libro, muy bien editado, y con abundantes fotografías, se mojan y mucho a la hora de bucear en las claves de James Cameron, un cineasta de innegable personalidad, que algunos no dudarían en describir como egocéntrica. Pero más allá del estereotipo fácil, Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona hacen un gran esfuerzo por entender a este director y por qué el público responde ante él, con rasgos como su firme determinación para sacar sus proyectos adelante, vendiéndolos a quien haga falta. No en balde Sánchez tuvo ocasión de lanzar dos preguntas comprometidas a Cameron durante su promoción en Madrid de Titanic, y quedó sorprendido de sus hábiles respuestas, lo que queda reflejado en el libro.

El libro nos ofrece un completo perfil biográfico, donde se detecta un gusto por la ciencia y la técnica bien temprano, lo que permite entender su preocupación ecologista, y su pasión por los viajes submarinos. También se atisba al profesional tozudo, que se empeña en sacar adelante sus ideas, lo que a veces le hace chocar con otras personas, algo que permite entender su agitada vida sentimental, cinco matrimonios –la camarera Sharon Willliams, y 4 mujeres relacionadas con la profesión, entre ellas Gale Anne Hurd, Kathryn Bigelow y Linda Hamilton–, aunque parece que con su quinta esposa, Suzy Amis, ha encontrado la estabilidad, lleva con ella 16 años y han tenido juntos 3 hijos. Y se nos habla también de su interés por la religión, para negarla como falsificaciones humanas en dos documentales, aunque se habría agradecido alguna pista del porqué de tal fijación.

Resulta muy inteligente la división temática de la filmografía de Cameron como director, abordando sus películas acuáticas (Piraña 2, Abyss, Titanic), con Arnold Schwarzenegger, su actor fetiche (Terminator, Terminator 2, Mentiras arriesgadas) y las de alienígenas de otros mundos (Aliens: El regreso y Avatar). Son repasos pormenorizados, donde se señala la habilidad para combinar tramas sencillas con una enorme fuerza visual y el uso inteligente y novedoso de los efectos especiales. Y hasta se cuentan detalles curiosísimos, como un intento de envenenamiento durante el rodaje de Titanic. En el empeño de ser exhaustivos, los autores no olvidan mencionar las incursiones actorales, como guionista y productor, y televisivas de Cameron, aunque está claro que su repercusión es minúscula si se compara con lo que ha aportado su cine con él en la dirección.

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