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Películas para la educación. Aprender viendo cine, aprender a ver cine (Íñigo Marzábal y Carmen Arocena (eds.), Cátedra, colección Signo e Imagen, 421 págs)

Un manual elaborado por un equipo de profesores de la Universidad del País Vasco –Ainhoa Fernández de Arroyabe, Íñigo Larrauri, Nekane E. Zubiaur, Imanol Zumalde, Santos Zunzunegui, Carmen Arocena e Íñigo Marzábal, coordinados por los dos últimos–, que se plantea el doble objetivo de que los estudiantes de secundaria, bachillerato y formación profesional básica aprendan viendo cine y aprendan a ver el cine. La idea es que en un mundo eminentemente audiovisual, donde se ven inundados por imágenes, dispongan de herramientas para reflexionar sobre lo que ven, y entender cómo se cuentan las historias presentes en las películas, el aspecto formal de las mismas, su mirada.

Se trata de una obra ambiciosa, muy elaborada, con una edición impecable, que junto a la división temática y el estudio concreto de 42 películas, ofrece para cada una serie de actividades dirigidas al alumno y una guía para el profesor.

En la introducción se fundamenta razonadamente el enfoque del manual, que parte de la realidad de una sociedad plural, donde conviven muchos puntos de vista. El primer párrafo es bastante ilustrativo al describir la situación de antaño, donde convivían entreverados los aspectos cognitivo, ético-político y artístico en la creatividad humana, junto a ciertos imperativos morales. Y cómo la evolución en el ámbito económico, la preponderancia científica y técnica y la retirada de la religión al ámbito privado habrían propiciado una ética de la autonomía moral y un pronunciado individualismo, con sus paradojas e incertidumbres frente a las seguridades de otros momentos del devenir humano.

En este paisaje de “tiempos revueltos” los autores consideran que el cine puede aportar mucho en el proceso formativo y educativo de los jóvenes, que necesitan herramientas para pensar y juzgar libremente, por sí mismos y dialógicamente. Algo que sería especialmente necesario cuando los planes educativos relegan a un segundo término, desgraciadamente, las humanidades.

Los temas que ilustran las películas son los habituales en asignaturas del tipo ciencias sociales, ética o educación para la ciudadanía. Se dividen en 7 grandes apartados, Relaciones personales, Socialización, Moral, Derechos humanos, Política, Vida biológica y Posmodernidad, a su vez subdividos en los conceptos de amor, amistad, sexo, familia, educación, comunicación y redes, norma, justicia, felicidad, libertad, igualdad y discriminación, solidaridad, poder/corrupción, guerra/terrorismo, totalitarismo, principio de la vida/aborto, enfermedad terminal y muerte, ecología/tecnología, violencia, alteridad/multiculturalidad, consumismo, narcisisismo y otras adicciones.

Hay una cierta heterogeneidad en los títulos, hay espacio para clásicos –El tercer hombre, Matar a un ruiseñor– y filmes recientes –La red social, Nightcrawler–, de nacionalidad española –Familia–, hollywoodienses –El club de los poetas muertos–, cine de autor de países exóticos  –Nader y Simin, una separación– e incluso animación –WALL·E–. Aunque la selección de películas es bastante razonable y con seguridad que pueden dar mucho juego en las aulas, sorprende la inclusión de alguna como Kids, un título muy crudo y gráfico en sus escenas de sexo promiscuo, además de estar calificado por el ministerio de cultura como no recomendado para menores de 18 años.

Como ya he dicho la intención del libro es invitar al debate, y se nota que hay un esfuerzo por huir del maniqueísmo y los apriorismos. Pero en ciertos temas resulta inevitable el posicionamiento, lo que resulta evidente a la hora de tratar temas como principio de la vida/aborto (se determina como objetivo pedagógico “comprender el aborto como un derecho de la mujer”) y enfermedad terminal y muerte (también es un objetivo pedagógico “comprender que [ante ciertas enfermedades] (…) cabe legítimamente optar por acelerar el proceso de muerte”). En lo relativo al sexo se señala que “como consecuencia de la dialéctica social, la homosexualidad y la transexualidad se han ido abriendo paso mayoritariamente en las sociedades occidentales, en las que a día de hoy conviven con el modelo heterosexual”.

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