saltar al contenido principal

Max Perkins, el editor de libros (A. Scott Berg, Rialp, 579 págs)

 

A. Scott Berg (1949) debe la fama a sus magníficos libros biográficos de personajes estadounidenses. Dos son obras dedicadas al presidente Woodrow Wilson y al aviador Charles Lindbergh, y otras dos son estudios de grandes personajes de cine, la actriz Katharine Hepburn ("Recordando a Kate") y el productor Samuel Goldwyn ("Goldwyn"). Todas destacan por su rigor y profusa documentación, que dan lugar a un retrato muy cercano al biografiado. Es el caso también de este apasionante libro dedicado a alguien que de primeras no suena en absoluto, el editor de libros Max Perkins (1884-1947), que aunque escrito en 1978 no se había publicado en España hasta ahora, en coincidencia con el estreno de la película El editor de libros, protagonizada por un trío actoral de primera categoría, Colin Firth, Jude Law y Nicole Kidman.

Aunque el film dirigido por Michael Grandage es estimable, y los actores hacen un buen trabajo, no puede ni pretende abarcar la vida completa de Perkins, de modo que se ciñe a reflejar su relación profesional y personal con uno de los escritores de los que lanzó a la fama, Thomas Wolfe. Así que la lectura de este libro es una experiencia completamente diversa, y tremendamente satisfactoria, pues A. Scott Berg logra hacer atractivo a un personaje a priori desconocido para el gran público. A través de sus páginas nos pinta a Max Perkins como una especie de caballero de Nueva Inglaterra a la vieja usanza, hombre de familia, padre de cinco hijas, enamorado de su mujer Louise, con sensibilidad artística, capaz de conectar con escritores y amantes de la literatura, y que encuentra una especie de alma gemela en su amiga Elizabeth Lemmon. Y le vemos con sus altibajos emocionales, también a medida que pasan los años.

De un modo delicioso, con garra, el autor es capaz de mostrarnos la profesionalidad de un buen editor de libros, que no se limita ni mucho menos, a realizar su trabajo de selección y revisión de originales de modo rutinario. A lo largo de casi 600 páginas, A. Scott Berg describe la trayectoria de Perkins en Hijos de Charles Scribner, desde que llega como un joven publicista procedente del periodismo, hasta ocupar las posiciones más altas de la casa editorial. Y en el camino, cuando pasa a ser editor, es el tipo audaz capaz de respaldar la publicación de jóvenes autores que con tlempo se convertirán en clásicos, de modo principalísimo Francis Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe y Ernest Hemingway. No es alguien conformista, que piensa que basta con publicar a autores ya consagrados, o trata de arrebatárselos a la competencia. Y es paciente, llama la atención su decisión de dar tiempo a Douglas Freeman, para que entregue la biografía definitiva sobre Robert E. Lee, aunque haya que esperar una década para su feliz conclusión. O logra persuadir a quien escribía en prensa, Ringo Lardner, para reunir sus artículos en un libro y así iniciar una carrera literaria.

En la relación con los autores hay una gran implicación de Perkins. El editor vibra con la lectura de los libros, y establece una relación muy personal, a veces casi paternofilial, como sugiere A. Scott Berg, parece ver en gente como Wolfe el hijo varón que no ha podido tener en una familia donde toda su prole la conforman mujeres. Hay, por supuesto, consejos para mejorar los libros, pero con exquisita delicadeza, Perkins nunca pretende suplantar al autor, "si tienen a un Mark Twain no se obcequen en hacer de él un William Shakespeare", dirá a un grupo de jóvenes aspirantes a desarrollar su carrera profesional en el mundo editorial, "a fin de cuentas un editor no puede sacar de un autor sino lo que ya existe dentro de él". Pero sí dará indicaciones para hacer un libro publicable ante una extensión desmesurada e inviable, o de no emperrarse en mantener modos de decir obscenos que pueden chocar a editores senior de la vieja escuela o hacer que los comentarios de la crítica obvien el auténtico valor de una novela. Y no falta nunca el apoyo moral, estar ahí ante las dificultades, atender las necesidades de un anticipo, escuchar los problemas personales, aunque evitando convertirse en un entrometido.

Cualquiera que haya escrito un libro, puede que tras leer éste añore un editor tan entregado como Perkins, capaz de sugerir lecturas –siempre tenía a mano un ejemplar de "Guerra y paz" de Lev Tolstoi para regalarlo y recomendar su lectura–, de leer con agilidad lo que se le pasa, de hacer aportaciones, y de conectar a autores que no se conocen, propiciando el mejoramiento cultural y personal de unos y otros con su amistad. También resulta atractivo ver a un personaje que sabe cuál es su fuerte, el descubrimiento y mejoramiento de textos, hace falta humildad en una persona de su posición para no caer en algo para lo que se cree que no se tienen aptitudes, el lanzarse él mismo a escribir su propia obra.

Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

Magazine

CALENDARIO ESTRENOS DE CINE


© ESTRENOS 21, S.L. Todos los derechos reservados. 2006-2016 Contacto