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"Creadores de sombras. ETA y el nacionalismo vasco a través del cine" (Santiago de Pablo, Tecnos, 494 págs)

Erudito trabajo de investigación, con abundante filmografía y bibliografía en sus páginas finales, que es a la vez historia del nacionalismo vasco e historia de las películas que lo reflejan, a cargo de Santiago de Pablo, catedrático de historia contemporánea en la Universidad del País Vasco y miembro de la Academia de Cine de España. El autor hace notar que nacionalismo vasco tiene casi la misma edad que el cine, para ofrecer un estudio que es mucho más que una completísima recopilación de títulos sobre el nacionalismo vasco y ETA. Da idea de lo exhaustivo de la obra la inclusión de títulos como Sostiene Pereira, adaptación de la obra de Antonio Tabucchi, incluida por una mención al bombardeo de Guernica, unida a la del asesinato masivo de religiosos durante la guerra.

De Pablo ofrece una mirada apasionadamente desapasionada, si se me permite el oxímoron, pues sabe abordar cuestiones peliagudas, que tantos encendidos debates y controversias han suscitado, además de un lamentable derramamiento de sangre, con objetividad y mesura; y al tiempo, se nota, todo lo que trata le interesa hondamente.

En la metodología adoptada, se hace hincapié en que el País Vasco es una especie de laboratorio ideal para explorar las relaciones entre cine, sociedad, identidad nacional y terrorismo. Y adopta enfoques clásicos combinados de lectura histórica del film y lectura fílmica de la historia, la historia y las películas históricas, un maridaje que funciona armoniosamente.

Admite el autor un inconveniente a la hora de un completo disfrute de su trabajo, el hecho de que la mayoría de los títulos son desconocidos, incluso para el espectador más cinéfilo, muchos sólo accesibles en museos y archivos de las filmotecas. Pero logra atrapar la atención del lector con curiosidades como el primer intento, fallido, de 1918, de hacer un film de ficción en el País Vasco, que se iba a titular Josetxu; o la supuesta prohibición de usar la ikurriña en la filmación de El mayorazgo de Basterretxe (1928), entonces bandera oficial del PNV, en la época de la dictadura de Primo de Rivera; o mencionando los filmes de propaganda durante la guerra a favor de la República, donde destaca Gernika (1937), de Nemesio Sobrevila, con imágenes del bombardeo, y la respuesta de un cine antinacionalista promovido por Falange. Y no faltan las consideraciones sobre si existe realmente un cine que pueda llamarse vasco, del que los partidarios de esta tesis suelen mencionar como referente a Ama Lur, de 1968.

El libro se estructura en 11 capítulos, como si de un equipo de fútbol se tratara, y en la portería, capítulo 1, se encontraría alineado un resumen de la historia del nacionalismo vasco, desde sus orígenes a la actualidad. De modo que luego vendría a modo de defensa central una mirada con perspectiva histórica de la promoción del nacionalismo desde el cinematógrafo y la televisión. Y ya después en orden cronológico de los hechos históricos, un recorrido de todas las películas de todos las películas que han tratado diversos hitos, aunque como bien señala De Pablo, la mayoría se realizaron una vez fallecido Francisco Franco, con el advenimiento de la democracia, primero en la delicada transición, luego durante los años duros del terrorismo, hasta llegar a nuestros días.

El título “Creadores de sombras” ya alude claramente al rostro más oscuro del nacionalismo, el recurso a la violencia y el asesinato de ETA, que ocupa gran parte de los filmes abordados, muchos de ellos los más conocidos por el gran público.

No falta pues en un recorrido que en estas líneas no puede ni quiere ser exhaustivo la trilogía vasca de Imanol UribeEl proceso de Burgos, La muerte de Mikel, Días contados–, la mirada al atentado contra Carrero Blanco de Gillo Pontecorvo en Operación Ogro, las cintas de arrepentidos, la guerra sucia, los policías infiltrados, las mujeres, los presos.

Resulta por supuesto interesante el recordatorio de las víctimas, las grandes olvidadas, cuya hora de ser cuidadas y reconocidas llegaría, también en el cine, con títulos como Asesinato en febrero, o los trabajos de Iñaki Arteta para recoger testimonios en filmes como Trece entre mil. Y el último capítulo, que habla significativamente del “paisaje después de la batalla”, tras el anuncio del “cese definitivo de la lucha armada”, invita a pensar que la mirada podía serenarse, e incluso a mirar el fenómeno nacionalista con humor, con la amable Ocho apellidos vascos, o la más arriesgada Negociador.

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