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Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo (La Géopolitique des series, Dominique Moïsi, Errata Naturae, 193 págs)

Miedo. Mucho miedo. El invierno se acerca, como se nos asegura en la exitosa serie fenómeno Juego de tronos. Tomando pie de ella y de otras, el geopolítico francés Dominique Moïsi, discípulo de Raymond Aron defiende con pasión y maravillosa pedagogía –se nota que es profesor y que ha descubierto sobradamente el poder de comunicación del cine y la series– que “en la era de la globalización, las series de televisión se han convertido en un referente cultural (si no el único), incluso imprescindible, para quien se dedique a analizar las emociones del mundo.”

Considera Moïsi con razón, que este formato de narración audiovisual ha alcanzado cotas de excelencia asombrosa, por lo que no resulta disparatada su consideración de que es el equivalente de los folletines de Dickens o Tolstoi, una forma de atrapar la realidad de nuestro tiempo y nuestras sociedades, como si se tratara de una suerte de espejo. Hasta el punto de que se produce una influencia mutua y retroalimentación entre los actores del mundo, los protagonistas de la política y las series. Ahí está un discurso de Netanyahu en el Parlamento citando Juego de tronos, y también podríamos recordar la ocurrencia de Pablo Iglesias de regalársela en DVD al rey Felipe VI de España.

Nada es igual desde el fatídico 11-S, unos atentados que cambiaron la faz de la Tierra y el modo de ver las relaciones entre las naciones. Asomó un panorama sombrío, el miedo y el desánimo se instalaron en la sociedad, y ahí siguen, como si fuera imposible su desalojo.

Todas las series se han visto influidas por la situación geopolítica, pero a la hora de explorar dicha influencia, y aunque el autor cita muchas de ellas, se ha impuesto un ejercicio de autolimitación, son cinco las que trata con mayor profundidad, para evitar el riesgo de la dispersión. Y como decimos, la actitud que las atraviesa a todas es el temor: miedo al caos (Juego de tronos), miedo a la decadencia de la democracia (House of Cards), miedo al terrorismo de raíces islámicas (Homeland), miedo al desorden social (Downton Abbey), miedo a Rusia (Occupied).

El análisis es muy atractivo, con menciones a Maquiavelo y Hobbes, aunque no pueda abarcarlo todo ni predecir lo que nos deparará el futuro, si asomará la luz esperanzadora por algún sitio. De momento hay que lamentar el triunfo del cinismo y el relativismo, gana el pragmatismo frío y calculador atravesado de cinismo, con el fracaso consiguiente de la moral. En tal sentido resulta acertado señalar en Downton Abbey la nostalgia por unas reglas del juego desaparecidas. O contraponer House of Cards con El ala oeste de la Casa Blanca, la política como es y como debería ser, por la crisis del sistema democrático.

Hay muchos planteamientos interesantes. Se nos ofrece un brevísimo tratado de geopolítica, para uso de los aficionados a las series televisivas, que aunque limitado, ayuda a entender la situación en la que nos encontramos. Y se elogia la capacidad de autocrítica de Estados Unidos a través de sus series, mientras se especula con el papel y el poder de la fuerza bruta en Juego de tronos, donde se impone la realpolitik desprovista de principios, y se presentan temas tan de actualidad, como la crisis de los refugiados.

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