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Luis Buñuel. Correspondencia escogida (Jo Evans y Breixo Viejo (editores), Cátedra, colección Signo e Imagen, 789 págs)

Una de esas minuciosas obras de investigación que se convierten nada más nacer en fuente indispensable de documentación para cualquier obra que en el futuro quiera escribirse acerca de Luis Buñuel (1900-1983). Jo Evans, catedrática de cine y literatura en University College London, y Breixo Viejo, investigador en ese centro además de profesor en Barnard College y Columbia University, recopilan casi un millar de cartas selectas del amplio epistolario del cineasta aragonés, aunque por desgracia muchas misivas escritas a lo largo de su dilatada vida se han perdido o no están aún localizadas.

En la introducción a las cartas, los editores constatan un hecho llamativo: la casi inexistencia de publicaciones que recojan la correspondencia de grandes cineastas, a diferencia de lo que ocurre con personajes de otras áreas de investigación histórica, como la literatura, la filosofía, la política… Evans y Viejo aducen dos razones para explicar esta llamativa laguna historiográfica: la primera, de enfoque, sería la tendencia de los estudiosos de cine, incluidos los seguidores de la teoría de autor, a dejar fuera de su análisis o concederle un rol menor, a la posible relevancia de circunstancias familiares, sociales y económicas en que sus sujetos de estudio hacen sus películas, favoreciendo en cambio las cuestiones estéticas y estilísticas, o de influencia de otros autores; además, una cuestión ya “de facto”, estaría la falta de archivos completos de cartas, la correspondencia de los cineastas estaría dispersa y en muchos casos desaparecida, aparte de que se puede decir que brillan por su ausencia los cineastas metódicos capaces de guardar copia de las misivas enviadas, no ha existido en ellos un cierto sentido histórico de lo que sería su legado, más allá de las propias obras, las películas. En el presente y futuro, con internet, la cuestión podría complicarse aún más, pues las costumbres epistolares cambian, y el archivo de los correos electrónicos puede no hacerse con demasiada diligencia.

En cualquier caso, y gracias al respaldo de The Leverhulme Trust, los investigadores responsables de la publicación de este epistolario selecto, han podido bucear en múltiples archivos repartidos por todo el mundo, España, Francia, México, Estados Unidos principalmente, y ofrecer información exhaustiva que amplía y completa lo que ya se sabía a través de entrevistas y obras del propio Buñuel como “Mi último suspiro”, unas memorias en las que tuvo mucho que ver su guionista colaborador francés Jean-Claude Carrière.

Las cartas –usamos, como los autores de esta edición la expresión en sentido amplio, hay también textos de tarjetas postales u otros manuscritos–, muchas de ellas inéditas, se presentan por riguroso orden cronológico en diez bloques, arrancando con una muy breve, escrita con tan sólo nueve años, el desafío a dos compañeros a encontrarse a la salida del colegio, presumiblemente para resolver con las manos alguna disputa. Se cubre así toda su vida y trayectoria profesional, lo que incluyen sus primeros años en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, y luego en París. El surrealismo y la estancia en Hollywood. Lo que supone la Segunda República, la guerra civil y el franquismo. El exilio primero en México y luego en Estados Unidos. El modo en que hay que salir adelante con películas alimenticias o con las que cuentan, aunque todas cuenta, se produce una valiosa retroalimentación. Proyectos realizados y no realizados. El reconocimiento internacional, y las paradojas de la realidad y el mito Buñuel. Y sus últimos años, cuando en España asoma la democracia.

Muestran Evans y Viejo un rigor y honradez encomiables cuando afirman que “quien busque en este epistolario confesiones íntimas o revelaciones artísticas, se verá rápidamente decepcionado”, en efecto no van con él los modos narcisistas o burgueses, y sí esa nobleza lacónica que suele concederse a los aragoneses. Pero no falta en ocasiones el humor socarrón, por ejemplo al escribir a Eduardo Ducay sobre “los artículos [dedicados a Tristana] de The New York Times, para los que adelanté 5.000 dólares que abono a su cuenta. De la Deneuve no dicen ni una palabra. No iba a pagar también por ella su publicidad. A mí no me eclipsa nadie.” O la carta a los responsables de la revista Nuestro Cine aclarando y rectificando algunas respuestas a una entrevista. Y se descubre y se ahonda en cuestiones como el mecenazgo del matrimonio De Noailles, o el respaldo en la producción, aspectos industriales que varían según países, el obstáculo de la censura... Además captan confesiones valiosas del cineasta, como la de que “puede decirse que, cuando hago un film, nunca pienso en el público, sino en un puñado de amigos cuyo juicio es para mí el más valioso”. Y puede detectarse la confianza y aprecia por Francisco Rabal –“usted siempre tan amistoso y atento y yo siempre tan esquivo y grosero al no responder a sus cartas”–, o descubrir que François Truffaut le reclama una colaboración para Cahiers du Cinéma en su número 100 –“podría consistir en un mensaje, un dibujo, una entrevista imaginaria, una carta, un artículo polémico, qué sé yo”.

Al poeta Pedro Salinas, que está en Nueva York, le propone en 1939 una actividad en su college, a partir de la proyección de Tierra sin pan. Salvador Dalí, cinco años antes, se queja de que no se menciona su colaboración en Un perro andaluz, y anuncia a su amigo que está “dispuesto a hacer un escándalo fenomenal”. Por su parte, presta todo su apoyo a Dalton Trumbo para que pueda presentar Johnny cogió su fusil en Cannes, y afirma que “me gustó mucho y me produjo casi el mismo efecto devastador que el libro”. Entre las cartas recogidas está la correspondencia con David O. Selznick y Richard Griffith con Buñuel sobre la idea de hacer una película con Jennifer Jones, de cuya filmografía el director admiraba mucho Jennie. Y el ateo "gracias a Dios" escribe en 1939 que "Dios topoderoso dispondrá y espero que la Virgen, a la que nunca he olvidado en mis oraciones, intervendrá eficazmente", cuando refiere que se encuentra laboralmente desocupado.

El libro dispone en sus últimas páginas de un completo índice onomástico, pero quizá se echa en falta y habría sido muy útil, otro de las cartas, ordenadas por sus autores o destinatarios, para su uso en la realización de futuras obras investigadoras.

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