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Una televisión con dos cadenas. La programación en España (1956-1990) (Julio Montero Díaz (dir.), Cátedra / Signo e Imagen, 874 págs)

Una exhaustiva obra de investigación, que se convierte desde su publicación en instrumento obligado de consulta para cualquier otra que se escriba en el futuro acerca de la historia de la televisión en España. El libro analiza un período de 35 años, desde las primeras emisiones televisivas en pleno franquismo, hasta el advenimiento de las primeras emisoras privadas. Por lo que cobra pleno sentido el título, la alusión a esas dos cadenas que durante el tiempo estudiado eran las únicas de las que podían disfrutar los telespectadores (aunque se admite que al final ya habían asomados las autonómicas, otras televisiones públicas, que para gran parte del público, se convertirían, en cada territorio, en la "tercera cadena").

El equipo dirigido por Julio Montero destaca por el rigor del texto, muy bien cohesionado, y que frente a la tentación de guiarse por sensaciones nostálgicas de un período que puede pervivir aún en la memoria, está elaborado a partir de fiables fuentes documentales, los archivos de Televisión Española –donde se encuentran los programas emitidos, entre otras cosas–, y de la Administración Pública, además de los estudios demoscópicos, la sección televisiva de diarios y revistas de la época, memorias y entrevistas, etc. Deja el coordinador y autor de algunos textos bien claro el esfuerzo por huir del estereotipo y de lo que describe como "adolescencia intelectual", con la imagen tan certera del que anda a la "caza de pokémones por los canales de televisión", para ilustrar sus poco fundamentados apriorismos, que carecen de una adecuada contextualización. A este respecto se agradece que derribe uno de los tótemes habituales en el estudio de todo lo acontecido durante la dictadura, y es el reduccionismo de la producción audiovisual a propaganda, y nada más que propaganda. La tridimensionalidad del formato televisivo, a través de la información, la persuasión y el entretenimiento ofrecen sin duda una imagen más completa de lo que fue la pequeña pantalla, durante el franquismo o en cualquier otra época o ámbito nacional. Cómo es propio del buen historiador, se procura ofrecer un discurso a través de los hechos y los datos, de modo que las conclusiones, también de tipo sociológico, con que terminan muchos de los capítulos, sobresalen por subrayar apretadamente y de modo desapasionado, lo que marcó la materia estudiada.

La obra se divide cronológicamente, los años abordados se subdividen en tres períodos, la televisión durante el franquismo, la transición y los años socialistas. Y se investigan en cada uno las estrategias de programación, cómo eran los informativos, los programas de ficción de producción propia y extranjera, las películas emitidas. No falta la mirada a los concursos y programas de variedades, o a las retransmisiones deportivas y taurinas, con sus programas complementarios. O la programación dirigida a los niños, y el esfuerzo por divulgar ciencia y cultura con producciones específicas. Hábitos de consumo de la audiencia, y la publicidas como fuente de financiación tamibén ocupan su espacio.

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