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El secreto del mejor cine. El subtexto en el guión y en la novela (Linda Seger, Col. Libros de cine, Rialp, 211 págs)

Linda Seger está ampliamente acreditada como consultora de guiones y autora de varios manuales sobre la escritura de libretos para el cine, como el ya clásico “Cómo convertir un buen guión en un guión excelente”. En el que nos ocupa ofrece variaciones sobre el mismo tema, poniendo el foco en el subtexto de las películas, aquello que no se dice explícitamente, pero que resulta harto elocuente, o sea el 90% del iceberg que permanece bajo la superficie del agua, pero que se intuye por el 10% que permanece ante la vista del observador, el texto.

Con abundantes ejemplos y ejercicios propuestos al final de cada capítulo, la autora recuerda algo obvio, pero que el mal guionista puede pasar por alto con demasiado frecuencia: los personajes del guión no tienen por qué explicitar todo lo piensan mediante el diálogo, es más, y si lo hacen así, se convierten en criaturas planas sin ningún interés. Hay que evitar que sean como un libro abierto, y muchas veces habrá que jugar con las insinuaciones, los dobles sentidos o lo que no se dice. Como cualquier experto en moral, tan graves pueden ser los pecados de acción como los de omisión, y del mismo modo, un personaje puede definirse por lo que hace o por lo que deja de hacer.

Una frase, acompañada de un gesto que significa lo contrario, puede resultar muy expresivo. Y es importante saber leer entre líneas. Seger con sabiduría a tener en cuenta en tiempos del #MeToo que si un productor dice a la guionista de turno que le encanta su guión, y que estaría muy bien que pasara esa noche a la habitación de su hotel para discutirlo, debería pensar que tal vez ese individuo pretenda algo muy diferente. O está muy bien traído el ejemplo de Lo que queda del día, entre el mayordomo protagonista y su padre gravemente enfermo, en que el primero, siempre atado a las convenciones, es incapaz de interpretar adecuadamente las señales que le envía el progenitor, en una suerte de intento de aproximación final.

Conocer el background de los personajes o su edad y cultura, y sugerirlos con una frase. Acertar con la palabra adecuada. El arte del coqueteo y la insinuación, también en tiempos en que la censura obliga. Los gestos. La época del año en que transcurre la acción, ¿llueve o hace sol? Las metáforas y analogías. Los nombres de los personajes. Todo tiene su importancia y puede ser objeto de subtexto, subrayando el “mood” de la película, nos recuerda con acierto la autora, acudiendo a magníficos ejemplos, desde un clásico como Perdición hasta un título reciente sobre las crisis financiera como La gran apuesta, pasando por un magnífico título, Gente corriente, con guión del Alvin Sargent, de quien se recogen al final algunas reflexiones sobre el subtexto. Breve, pero intenso, el libro puede ayudar a guionistas principiantes o experimentados a mejorar su escritura, la excelencia sin duda, está en el detalle.

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