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Heroínas y víctimas del cine

¿Cuáles son los personajes femeninos más recordados de la historia del cine? Joana Costa Knufinke y Jan Martin ofrecen una selección de medio centenar de mujeres inolvidables vistas en la gran pantalla, y recuerdan a diversas mujeres realizadoras.

Heroínas y víctimas del cine (Joana Costa Knufinke, Jan Martin, Océano Ambar, 280 páginas)

Joana Costa Knufinke y Jan Martin, responsables de "44 presidentes de Estados Unidos", vuelven a colaborar en "Heroínas y víctimas del cine", que viene a ser un repaso del papel de la mujer a lo largo de la historia del Séptimo Arte en un tono de victimismo feminista un tanto tópico. Así, se denuncia por ejemplo que cuando nació el cine, la profesión de actriz tenía "muy mala reputación", pero "si eras hombre y querías convertirte en actor, por lo general la opinión era radicalmente distinta". Esto es falso. A finales del XIX, tampoco los hombres que se dedicaban a la interpretación estaban demasiado bien considerados, y se decía que la suya era "la profesión del golfo".

Destaca la selección de los personajes femeninos más inolvidables, escogidos con un criterio acertado. No faltan las grandes del cine clásico, como Holly Golightly (Audrey Hepburn, en Desayuno con diamantes), Norma Desmond (Gloria Swanson, en El crepúsculo de los dioses), Escarlata O'Hara (Vivien Leigh, en Lo que el viento se llevó), etc. Se antoja un tanto exagerado colocar junto a ellas a María Elena, el rol de Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona, o a la Frida Kahlo que encarnó Salma Hayek en el biopic de la artista mexicana, pero al fin y al cabo todas las listas de este estilo son siempre más o menos discutibles.

El principal problema del libro reside en que el lector posiblemente espera que se justifique de algún modo por qué estos personajes, algunos de ellos auténticos iconos, han dejado huella. ¿Por qué abundan aún hoy en día los pósters de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes? ¿Por qué Gilda supuso una auténtica conmoción en su época? Los autores no saben, no contestan. Se limitan básicamente a contar el argumento de unas películas que la mayoría de los lectores conocen sobradamente o preferirían ver antes de que alguien les escribiera un insustancial y prescindible 'spoiler'. Acompañan el argumento con anécdotas archiconocidas, y breves perfiles biográficos de la actriz correspondiente, pero el texto en su conjunto resulta bastante decepcionante.

Mujeres realizadoras

Completan Joana Costa Knufinke y Jan Martin su compendio de personajes con una selección de las figuras que consideran las mejores directoras de la historia del cine, en concreto Leni Riefenstahl, Kathryn Bigelow, Sofia Coppola e Isabel Coixet, seguido de un 'exhaustivo' recorrido histórico de las mujeres que han sobresalido como directoras de cine en el que ni siquiera se mencionan las dos autoras más brillantes del panorama actual, las danesas Lone Scherfig y sobre todo, Susanne Bier, bastante relevante al haberse hecho con el Oscar a la mejor película extranjera con En un mundo mejor. Tampoco es de recibo que se ignore por completo a una auténtica maestra, la belga Agnès Varda, precursora de la Nouvelle Vague francesa. Curiosamente tampoco se menciona a Alice Guy-Blaché, considerada la primera mujer directora, ni a la pionera italiana Elvira Natali.

Así las cosas, parece 'pecata minuta' que también brillen por su ausencia realizadoras integradas en esa industria americana calificada por los escritores como sexista porque no respeta la paridad, como Nora Ephron, Penny Marshall, Randa Haines, Martha Coolidge, Susan Seidelman y Mimi Leder, la 'indie' Kimberly Peirce, la neozelandesa Niki Caro, las francesas Agnès Jaoui, Coline Serreau y Julie Delpy, y las españolas Rosario Pi, Ana Mariscal, Josefina Molina, Patricia Ferreira y Gracia Querejeta (ni siquiera se la menciona en la lista de directoras ganadoras del Goya). Esto explica que el capítulo empiece con la frase "En la historia del cine no ha habido un gran número de directoras" (encima, las reducís aún más).

Múltiples errores

Por lo demás, el libro ofrece una impresión pobre y descuidada, no sólo por las múltiples erratas menores (Jane Campeon por Jane Campion, etc.), sino por las significativas frases inexactas como al afirmar que cuando Leni Riefenstahl se puso manos a la obra con Olympia, "era la primera vez que se grababan unos Juegos Olímpicos", cuando antes de las Olimpiadas de Berlín de 1936 ya se habían rodado los Juegos de Londres, de 1908 (Pathé tenía un contrato de exclusividad para todas las competiciones), Amberes en 1920, París en 1924... O cuando se viene a decir que el característico acento de Marlene Dietrich fue decisivo a la hora de incorporarla al reparto de El ángel azul. Cierto que el acento alemán de la Dietrich daría juego mucho después, en sus trabajos en Hollywood, pero pasaba inadvertido en una película alemana.

El fallo más irritante, sin embargo, se produce cuando se afirma ufanamente que "la primera vez que la historia de Juana de Arco fue llevada al cine fue en el año 1948, de la mano del gran cineasta Victor Fleming". Olvidan que George Méliès abordó la figura de la Doncella de Orleáns en 1900 y que el gran Cecil B. DeMille rodó una potente versión muda en 1916. Pero sobre todo, sorprende que los autores de un libro sobre la mujer en el cine desconozcan la imprescindible La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer, de 1928. Si hubieran consultado "Historia del cine", libro de Roman Gubern que aparece en la bibliografía, descubrirían que el autor le dedica mucho espacio a este clásico.

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