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Resuelta la Guerra del Anillo, y la pequeña controversia con Sauron, Aragorn tiene ante sí un reto aún más complicado: impedir que se destruya el cine argentino en el Monte del Destino.

Habiendo pasado su infancia en el país latinoamericano, a pesar de su nacionalidad estadounidense, Viggo Mortensen es tan argentino como Evita Perón, el asado o Carlos Gardel, como saben muy bien quienes le hayan visto, siempre bebiendo mate y luciendo el escudo del San Lorenzo de Almagro –también el equipo de fútbol del Papa Francisco–.

Por eso no sorprende que el actor se haya unido a los cineastas que han arremetido contra Mauricio Macri, presidente del país, y Pablo Avelluto, ministro de Cultura, por su supuesta intención de reducir la financiación al Séptimo Arte, tras despedir a Alejandro Cacetta, presidente del Instituto Argentino del Cine (INCAA), acusado de corrupción.

Varios de los más destacados cineastas de la nación –entre ellos Juan José Campanella y Ricardo Darín– se han unido en la recientemente creada Asamblea Audiovisual para defender al dimitido, pues entienden que en realidad todo es una maniobra para eliminar las leyes que obligan a las grandes compañías mediáticas a financiar películas. “No podemos descartar que esto pueda ser un nuevo ataque de personas que creen que el cine nacional es sólo otra mercancía que no debería ser apoyada por el Estado, y buscan desactivar sus mecanismos legítimos de financiación”, explica un comunicado de la Asamblea, que también organizó una concentración durante la jornada inaugural del Festival de Cine de Buenos Aires.

Se les une ahora la estrella de Alatriste, que en una grabación –donde lleva una camiseta de la citada formación futbolística– se muestra más contundente que un soldado de los tercios de Flandes. “Los sistemas de apoyo estatal al cine en países como Argentina y Francia son ejemplos únicos y exitosos del fomento cultural, y son admirados en todo el mundo. El cine argentino se autofinancia y es una fuente de orgullo para todos los argentinos”, explica Mortensen, que a continuación dispara contra Macri, Avelluto y “todos los fanfarrones neoliberales”. “No a la destrucción del cine argentino”, remata en su denuncia de este Crimen perfecto, el actor, que incluso llegó a rodar una película argentina, Todos tenemos un plan, en 2012.

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