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Martin Scorsese piensa que muchos internautas no leen críticas serias a la hora de decidirse a ver una película, y se conforman con una ojeada rápida a webs como Rotten Tomatoes, que asignan una puntuación a cada una, haciendo la media de la totalidad de las reseñas. Por otro lado, los informes de mercado de Cinemascore pueden acabar precipitadamente con algunos títulos. Las prisas no son buenas.

“Las buenas películas de los cineastas verdaderos no se hacen para el consumo rápido, o la comprensión instantánea”, afirma el legendario realizador sin pelos en la lengua, pese a que su último trabajo se titule Silencio, como columnista invitado de The Hollywood Reporter.

Comienza lamentándose con cierto humor de que cuando finalizó sus estudios en la facultad de cine, pensaba que se habían terminado para él los exámenes. Nada más lejos de la realidad. Enseguida se encontró con las temidas presentaciones preliminares, ante los ejecutivos del estudio, que a veces han alegado las reacciones negativas de los pases de prueba para recortar películas, el caso más significativo es el de El cuarto mandamiento, de Orson Welles.

Además, a lo largo de su extenso recorrido, Martin Scorsese ha tenido que lidiar con críticas positivas, pero también con otras disconformes con sus películas. “Las negativas, obviamente, no son muy divertidas, pero vienen con la profesión”, afirma. “Sin embargo, tengo que decir que en el pasado, cuando a algunos críticos no les gustaban mis películas, escribían textos reflexivos, con posicionamientos razonables, que proponían para que se discutieran”.

Sin embargo todo eso ha cambiado en los últimos 20 años. Ahora, Rotten Tomatoes “califica una película de la misma manera que a un caballo en la pista de carreras”, afirma. “Incluso el nombre, Rotten Tomatoes (tomates podridos) me parece insultante”. También le parecen exageradas las reacciones ante Cinemascore, compañía que evalúa cómo reaccionan los espectadores ante un largometraje, lo que incide en que la productora apueste de lleno por él, o lo abandone a su suerte. “Cuando yo era joven, los informes de la taquilla sólo salían en revistas especializadas”, argumenta.

Pone como ejemplo de la situación actual la reciente Madre!, de Darren Aronofsky, un film que algunos ensalzan, una gran mayoría arremete con ira contra ella, y pocos parecen querer analizar con calma. “Antes de verla me sentía perturbado por todos los juicios severos contra la misma. Muchos parecían alegrarse de que tuviera la peor nota de Cinemascore. De hecho, este hecho se convirtió en noticia. Una superproducción había sido golpeada con la terrible ‘F’ de Cinemascore”. Pero después de verla, pienso que se ha juzgado con excesiva rapidez. “La gente parece estar fuera de sí, simplemente porque el film no podía ser fácilmente definido con una descripción de dos palabras. ¿Es una película de terror? ¿Una comedia negra? ¿Una alegoría bíblica? ¿O una fábula sobre la devastación moral? Tal vez un poco de todo eso, pero no una sola cosa”. Argumenta que por qué tiene que tener explicación una imagen. “¿Qué ocurre con la experiencia de ver Madre!? Es tan hermosa y sugerente”.

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