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El gatopardo
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El gatopardo

Il gattopardo

Principales intérpretes

Crítica decine21.com

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9
La decadencia de la aristocracia
La decadencia de la aristocracia

Los que defienden a capa y espada aquello de que siempre la película es peor que el libro deberán revisar esta adaptación por parte de Luchino Visconti de la inmortal novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Y es que Visconti sabía tanto como Lampedusa del tema central, la decadencia de la aristocracia, al pertenecer el cineasta a una familia noble, igual que el protagonista de la obra: un siciliano del XIX que ve cómo sus privilegios se acaban. Se trata del príncipe siciliano Fabrizio di Salina, que en 1860 trata de apegarse a su viejo mundo en declive, mientras Garibaldi llega con su ejército a la isla, para unificar Italia, y acabar con el viejo régimen feudal. Salina permite que su sobrino Tancredi se aliste en el ejército y contraiga matrimonio con Angelica, hija de un nuevo rico que representa la burguesía en ascenso. “Algo debe cambiar para que todo siga igual”, viene a decir la obra de Lampedusa, que muestra el nacimiento de un nuevo mundo en el que la burguesía sustituye a los nobles, ofreciéndoles dinero, mientras que estos se dejan comprar.

Resulta deslumbrante el modo en que Visconti despliega su narración, sin prisa ninguna. Y de ese modo logra dibujar con minuciosidad a sus personajes, de modo especial al príncipe de Salina, una espléndida composición de Burt Lancaster, quizá la mejor de su carrera. Sus conversaciones con el padre Pirrone rebosan cinismo, por un comportamiento hipócrita del que es consciente; con don Ciccio cuestiona la democracia, por un plebiscito en que el único voto negativo ha sido manipulado; con los jóvenes prometidos medita acerca de la fugacidad de la vida, y lo efímero de la belleza; con Chevally, que le hace la propuesta de ser senador de la república, honor que rechaza por considerar que en la política sólo caben los que están ahí para medrar.

La mirada del cineasta es melancólica. Los pocos pasajes que protagonizan los personajes (notablemente el recorrido de la casa vacía de Tancredi y Angelica, unos radiantes Alain Delon y Claudia Cardinale) acentúan la pena por la juventud que se va. Porque Fabrizio es bien consciente de que su mundo tiene los días contados. Con esta obra maestra, Visconti abandona definitivamente el neorrealismo de sus orígenes. El cineasta se inscribe en una tendencia del cine italiano conocida como “caligrafista”, que consiste en la minuciosa reconstrucción de una época, mediante un ritmo pausado. Destaca la modélica utilización del color del director de fotografía, Giuseppe Rotunno, que se inspira en las obras de los pintores Delacroix y Hogarth. El escenógrafo Mario Garbuglia dota a los escenarios de tantos detalles que todo parece digno de un museo, mientras que los esmerados trajes de Piero Tosi parecen de verdad. Además, Visconti aprovecha para lucirse como cineasta épico con la vistosa secuencia de la batalla de Palermo. Entre todas las secuencias, se lleva la palma el inolvidable baile, que ocupa un tercio del metraje, en el que el príncipe Salina legitima en la sociedad a la famlia de Angelica, al tiempo que él mismo decide permanecer en un segundo plano a partir de ese momento. El film ganaría la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Se trata asímismo de un título clave en la filmografía de Burt Lancaster, estrella del cine de acción y aventuras, que se consagraba definitivamente como actor dramático de peso, tras otros logrados papeles en Vencedores o vencidos y El hombre de Alcatraz. Tras hacerse por fin con el reconocimiento de la crítica, el actor iniciaba una segunda e interesantísima etapa en su carrera, en la que volvería a colaborar de nuevo con Visconti en Confidencias. Le acompañan dos de las grandes estrellas del cine europeo de la época, que ya habían trabajado con Visconti en Rocco y sus hermanos, Delon y Cardinale.

Todo un príncipe

Visconti quería a Laurence Olivier para hacer de príncipe, pero visto el film resulta difícil imaginar a otro actor distinto de Burt Lancaster en el papel. La forma del pelo y sus cejas pobladas evocan la figura del gatopardo del escudo de la familia, y su rostro y porte revelan la vida interior de quien intuye el cambio de lo viejo por lo nuevo. Visconti creía que Lancaster servía sólo para encarnar gángsters, y al principio estuvo frío con él, descontento por la imposición de los productores. Terminaron buenos amigos, y Lancaster le ayudó años después en el film Confidencias.

DVD
Distribuye: Filmax
Extras: Español e italiano 2.0.
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