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Principales intérpretes

Crítica decine21.com

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6
Amor de padre
Amor de padre

Achero Mañas trató la violencia paterna en El Bola, su impecable opera prima, y homenajeó la memoria de su propio padre en Noviembre. Siete años le ha costado finalizar su tercer trabajo, que incide de nuevo en las relaciones paternofiliales, pues gira en torno a un hombre capaz de realizar cualquier sacrificio para sacar adelante a su pequeña.

Leo, abogado harto de llevar casos de custodias en divorcios, lleva una vida feliz con su mujer, Alicia, que es la que lleva todo el peso de cuidar y educar a Dafne, la hija de ambos, de cuatro años. Pero Alicia muere repentinamente a consecuencia de un ataque de epilepsia. A Leo se le da muy bien cuidar a su hija, pero la pequeña está tremendamente afectada por la ausencia de su madre. Como un pasatiempo infantil aparentemente cándido, a Leo se le ocurre pintarse los labios, y posteriormente ponerse una peluca, para “interpretar” a su esposa fallecida. Pero su hija le sigue pidiendo que haga de madre una y otra vez, e incluso quiere que le lleve al colegio de tal guisa. Leo acaba recurriendo a uno de sus clientes, un veterano transformista homosexual (al que antes había llegado a insultar), para que le enseñe a resultar convincente como travestido.

Ciertamente, Mañas tenía ante sí la enorme dificultad de hacer creíble el punto de partida, que un tipo de lo más normal, en el fondo homófobo, sea capaz de salir a la calle con un vestido con tal de complacer a su niña. De hecho, es cierto que el argumento es estrambótico. Pero el realizador lo compensa con la sentida emotividad de sus imágenes, que acaban llevando de la mano al espectador. Por muy excéntrica que sea la cinta, es también sincera y sobre todo inteligente y compleja. Se pueden tener prejuicios ante esta atípica propuesta, pero su desarrollo tiene interés.

El travestismo “inocente” –totalmente contrapuesto al del personaje homosexual de José Luis Gómez– acaba siendo una elaborada metáfora sobre la capacidad masculina para adaptarse a los nuevos tiempos, y realizar tareas y adoptar roles que antaño estaban reservados a la mujer. Pero nunca se presenta este juego de suplantación y travestismo como “normal”, ni como la mejor solución, queda bastante claro que todo sucede en un caso de extrema necesidad, y que la situación ideal es que un niño tenga padre y madre, pues necesita de ambas figuras.

No se trivializa en ningún momento el tema central, el escapismo a través del juego que desarrollan entre el padre y la hija para suplir mediante la imaginación la pérdida del ser amado. Esto no puede ser un sustituto de la aceptación de la muerte, pero el protagonista corre el peligro de que su niña acabe confundiendo la realidad con la ficción...

Mañas, también autor del guión, trata al espectador con respeto, ofrece motivos para reflexionar en lugar de imponer su discurso, y parece haberle dado muchas vueltas a todo lo que aparece en pantalla.

Al cineasta no le preocupa que le tachen de políticamente incorrecto por sus críticas sutiles pero afiladas hacia un sistema judicial que siempre concede la custodia a la madre, y que dificulta a los padres ejercer como tales, salvo en lo referente a sus obligaciones económicas. Ataca a los jueces, y también a los psicólogos, que aplican una serie de dogmas, pero no son capaces de adaptarse a cada situación, y flexibilizar sus métodos si la situación lo requiere.

Sale airoso Juan Diego Botto de su papel más maduro hasta la fecha, y resiste el duelo con el gran José Luis Gómez, uno de los pesos pesados de la interpretación en España –sobre todo en el teatro–. En papeles pequeños pero importantes, brillan Ana Risueño, Najwa Nimri e incluso un anecdótico Alberto Jiménez, que había rodado con Mañas El Bola. Pero con permiso de todos ellos, el gran hallazgo de la película es la expresiva niña Lucía Fernández, que literalmente enamora al espectador, y se luce en secuencias muy difíciles, como aquella en la que su padre le pide que le llame “papá” –una de las más estremecedoras–. Y es que el punto fuerte de el director de El Bola es contar cómo son los niños de verdad, no niños cursis de películas como los que se suelen ver en el cine español. 

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