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Nota decine21
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Gangs of New York

Gangs of New York

Gangs of New York

Principales intérpretes

Crítica decine21.com

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6
Historias de la Gran Manzana
Historias de la Gran Manzana

Año 1847. Nueva York, que a principios de siglo contaba con 60.000 habitantes, ha alcanzado una cifra cercana a las 800.000 almas. La hambruna desatada en Irlanda ha forzado a la gente a emigrar, y el puerto de la ciudad recibe a diario a muchas personas que creen haber llegado al fin a la tierra de las oportunidades. Pero las cosas no son tan sencillas. Sobre todo porque los neoyorquinos de origen protestante, que ya llevan un tiempo establecidos en el lugar y se autodenominan “nativos”, odian a los irlandeses. Lo que despierta el mismo sentimiento en los recién desembarcados. Las reyertas callejeras no son raras, y en una de éstas que enfrenta a los nativos con los “Conejos muertos”, una banda irlandesa, el cura Vallon, su líder, muere a manos de Bill “El carnicero”, el jefe del otro bando. Su único hijo, Amsterdam, entonces un niño, es testigo de la muerte, y se jura vengar la memoria de su padre. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, de modo que dieciséis años de estancia en un orfanato no es demasiado tiempo para Amsterdam, que al salir está listo para infiltrarse en la banda de Bill y ganarse así su confianza. Ha llegado la hora del desquite.

El proyecto de Gangs of New York se remonta a 1970, cuando Martin Scorsese descubrió el libro del mismo título de Herbert Asbury, escrito en 1928. Allí se contaban historias de los bajos fondos neoyorquinos del siglo XIX. Para alguien como Scorsese, siempre interesado por el mundo gangsteril y los repliegues más oscuros y atormentados del ser humano (la prueba está en títulos como Malas calles, Taxi Driver, Uno de los nuestros o Casino), era material de primera. De modo que con el guionista Jay Cocks empezaron a pergeñar un guión. La cosa era compleja y el despliegue de medios impensable en aquel momento. Así que pasaron los años, nuevos guionistas (Steven Zaillian y Kenneth Lonergan) se sumaron a la tarea… y así hasta hoy, en que el film es una realidad.

En la trama de la película se pueden observar claramente dos niveles. Por un lado está el trasfondo histórico, que Scorsese interpreta en clave ideológica con su tesis “América está construida sobre la violencia”, en una línea muy a lo Hobbes y su célebre aforismo “El hombre es un lobo para el hombre”. Y, en un esfuerzo por abarcarlo todo, se suceden hechos como la llegada masiva de inmigrantes irlandeses, los disturbios en Five Points, el estallido de la guerra de secesión con el consiguiente reclutamiento forzoso de soldados. Lo que convierte las calles de Nueva York en una enorme olla a presión a punto de explotar. A todos estos elementos se suman los enfrentamientos étnicos (donde el origen y la religión se convierten en señas de identidad), sociales (los pobres no tienen más remedio que alistarse, los ricos pueden evitarlo pagando una alta suma de dinero) y políticos (va a haber elecciones en la ciudad).

El esfuerzo de Scorsese por ofrecer un fresco del Nueva York del siglo XIX necesita, obviamente, de una historia con unos personajes. Y Scorsese y su equipo de guionistas han imaginado una que pivota alrededor de Amsterdan y sus planes de venganza. El joven, un tipo habilidoso, se las apaña para entrar en el círculo más próximo de Bill “el carnicero” (Daniel Day-Lewis). Pero no puede prever que entre ambos va a surgir una curiosa relación paternofilial, donde Bill ve en Amsterdam algo más que un secuaz competente. Esto conduce a conductas muy, muy inesperadas, por parte de Amsterdam.

Por supuesto que si Amsterdam tiene la cara de Leonardo DiCaprio, éste necesita con urgencia un motivo amoroso para seguir adelante. Y se lo da Jenny Everdeane (Cameron Díaz), una raterilla que consigue robar dinero y corazones con gran facilidad; el personaje, que desea reunir pasta para poder marchar al oeste, oculta un lado oscuro, y una relación especial con Bill.

El barrio de las cinco esquinas

“Las calles de Mulberry y Worth; Cross, Orange y Little Water. Cada uno de los Five Points es un dedo, y cuando cierro la mano, se convierte en un puño.” Así describe y marca Bill “el carnicero” su territorio neoyorkino, cuyo centro es la pequeña plaza triangular Paradise Square, donde es el amo y señor. Los “Five Points” constituían una zona paupérrima, donde había una elevada mortalidad infantil, la delincuencia campaba a sus anchas, y no eran raros los casos de corrupción policial. Charles Dickens, que visitó el barrio en 1841, habla de un lugar de casa arruinadas, ventanas rotas y calles cubiertas de barro: “Todo lo que es aborrecible, deprimente y decadente se encuentra aquí.”

Para recrear el barrio de las cinco esquinas, el director artístico Dante Ferretti diseñó unos enormes decorados que simulaban esas cinco calles. Y es que aunque hay algún plano digital en la peli, casi todo lo que se ve se levantó en estudios, con un despliegue asombroso de carpinteros, escaloyistas, tramoyistas, etc. Un esfuerzo titánico que, irónicamente, no se hizo en Nueva York. Los Five Points se construyeron en los míticos estudios de Cinecittà en Roma. Allí también se levantó la Vieja Fábrica de Cerveza, el Circo de Satán, o la Pagoda China. El resultado es colosal, con ese tinte de desmesura que recorre toda la película.

Degradación y épica
Degradación y épica

Parecen términos contrapuestos, pero Martin Scorsese hace esfuerzos titánicos para conjugar una historia épica de grandes proporciones con la descripción detallada de las bajezas y miserias del ser humano. En definitiva, busca demostrar la tesis de que “América se forjó en las calles”.

De este modo tenemos enormes decorados, y un país joven, al que no deja de incorporarse cada día sangre nueva, brazos fuertes dispuestos a trabajar. Y sin embargo, gran paradoja, existe una inusitada violencia: los asesinatos y ajustes de cuentas están a la orden del día, la vida humana parece que carezca de valor. La delincuencia y la prostitución se convierten en las únicas ocupaciones posibles, y las mujeres se convierten en mercancía humana, esclavas exhibidas en jaulas en la Pagoda China.

Ojo al parche

Quizá el personaje más carismático del film es el sanguinario Bill “el carnicero”. No en vano Daniel Day-Lewis logró una de las diez nominaciones al Oscar que tenía la película por encarnar al personaje. Su composición es notable, y además sugirió ideas a la diseñadora de vestuario Sandy Powell. De modo que aparte del aspecto de “dandy” sugerido por Scorsese, el actor pidió que se acentuara la altura del personaje, lo que se consiguió con el abrigo largo que luce ceñido en muchas escenas, y con la chistera. Para Powell esto daba al personaje “una apariencia arácnida”.

Por otro lado Bill tiene un ojo de cristal –perdió el ojo en su reyerta con Vallon–, en el que lleva grabado el emblema del águila americana. Lo que obligó al actor a llevar unas lentes de contacto especiales. Además, Day-Lewis planteó la posibilidad de llevar dientes postizos, lo que obligó a una investigación histórica, para saber con que tipo de material harían los dentistas de la época una dentadura postiza.

El no Oscar de Scorsese
El no Oscar de Scorsese

Taxi Driver, Toro salvaje, Alicia ya no vive aquí, Uno de los nuestros. Martin Scorsese ha firmado películas brillantes, y lo sorprendente es que a estas alturas todavía no haya ganado ningún Oscar. Aunque, conviene recordar, tampoco ganaron la estatuilla como mejor director genios tan indiscutibles como Charles Chaplin, Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick y Orson Welles.

Pese a todo, los publicistas y la gente de Miramax trabajaron a fondo este año a los académicos para que Scorsese lograra al fin el Oscar con Gangs of New York. La presión fue tan fuerte, que levantó una auténtica polvareda, y al final el Oscar fue para Polanski y El pianista. ¿Se tensó demasiado la cuerda? ¿Quizá Gangs no era la película para darle el premio?

A posteriori, uno puede dar mil respuestas para explicar por qué Martin se quedó sin Oscar. Pesó que se dijera que contaba con el apoyo del prestigioso director Robert Wise, algo que luego fue desmentido. Y también un artículo del conocido guionista William Goldman en Variety, donde escribía: “Scorsese nunca ha estado seguro con una historia. Nadie es mejor con los actores, el ‘look’ o el movimiento de cámara. Pero es esa herramienta crucial la que le angustia. La razón de que sus películas no den mucho dinero, si es que dan algo, no radica en que trate temas esotéricos que superan al espectador. Es la historia enmarañada lo que nos frustra y nos devuelve a casa insatisfechos.”

New York, New York

Nueva York es probablemente la ciudad más cinematográfica del Séptimo Arte, con el permiso quizá de Los Ángeles. Estamos acostumbrados a ver su skyline, y por ello, tras los bárbaros atentados del 11 de septiembre, notamos que nos faltan las Torres Gemelas, como si un mostruo le hubiera dado un mordisco. Por ello, el último plano de Gangs rinde homenaje al crecimiento de la ciudad: vemos a gran velocidad cómo se construye el puente de Brooklyn y muchos edificiones emblemáticos, hasta quedarnos con la imagen del World Trade Center.

Muchos cineastas han hecho de Nueva York el escenario habitual de sus películas. Tres de ellos la han usado tanto en sus películas (Woody Allen, Francis Ford Coppola y el propio Martin Scorsese) que rodaron un film de tres episodios titulado Historias de Nueva York. Otro cineasta con predilección por la Gran Manzana es Sidney Lumet. Y hay muchas, muchas películas, cuyo título hace referencia a algún barrio o calle neoyorquinos: La cocina del infierno, Manhattan, La noche cae sobre Manhattan, Manhattan Sur, Wall Street, Una historia del Bronx, Un ángel pasó por Brooklyn, Melodías de Broadway 1955, Balas sobre Broadway, Cinco esquinas, La calle 42, Vania en la calle 42… Y si de lugares románticos para quedar se trata, no podemos olvidar las citas en el Empire State Building de las dos versiones de Tú y yo de Leo McCarey, o la que reunía a Tom Hanks y Meg Ryan en Algo para recordar.

DVD, Blu-ray
Distribuye: Vértice 360
Extras: Español e inglés 5.1. Tráiler.
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