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Nota decine21
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Guardián y verdugo

Guardián y verdugo

Shepherds and Butchers

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Sinopsis oficial

Guardián y verdugo

En 1987, 164 personas fueron ejecutadas en el corredor de la muerte de Pretoria, Sudáfrica. Basada en hechos reales, ésta es la historia que puso la pena de muerte en duda y cambió la historia. Jon Weber (Steve Coogan) es el abogado encargado de defender ante un juez a Leon (Garion Dowds), un joven guardia de la prisión de máxima seguridad de Pretoria traumatizado por todas las ejecuciones que ha presenciado.

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Guardián y verdugo
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Guardián y verdugo
Guardián y verdugo

Crítica decine21.com

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6
Caso perdido
Caso perdido

Pretoria, Sudáfrica, 1987. Una noche de lluvia un joven funcionario de prisiones asesina a siete hombres en un descampado cerca del penal donde trabaja en el corredor de la muerte. El abogado Johan Webber llevará su caso, aunque los hechos no dejan lugar a dudas.

Interesante película judicial inspirada en hechos reales y recogidos en la novela de Chris Marnewick. El cuidado guión de Brian Cox (nada que ver con el actor) presenta a un protagonista con garra y valientemente implicado en los derechos humanos, un abogado de raza que indaga sin descanso para descubrir la verdad. La pregunta “¿qué le llevó a actuar así al acusado?” obsesiona a Johan Webber. Intuye que hay algo que se le escapa y a pesar de la evidencia de los puros hechos –siete asesinatos a sangre fría– se niega en rotundo a desistir de encontrar una causa que explique esas acciones, para desesperación de sus colegas y de la opinión pública. Estamos así ante una especie de hombre “solo ante el peligro”, un tipo que más allá de guiarse por la letra de la ley, de cumplir correctamente con su trabajo (algo que ya es mucho), lucha en conciencia para que esa ley sea cada vez más justa, más humana.

Es Guardián y verdugo una película-denuncia que aboga con enorme fuerza por la abolición de la pena de muerte. Aunque el director Oliver Schmitz (Paris, je t'aime) carga la mano en la insensibilidad de los verdugos, los acontecimientos relatados en el corredor de la muerte son los suficientemente desnudos como para congelar el aliento. Resultan tremendamente duras las escenas en que el acusado recuerda las ejecuciones de los condenados a muerte, imágenes macabras, algunas de una inhumanidad rayana en el terror. Y colateralmente, en una bien traída subtrama familiar, se invita también a reflexionar acerca de la maldad de las acciones humanas al margen de su legalidad. Aunque el estado bendiga nuestras malas acciones de seguro será nuestra conciencia la que las delatará. El actor Steve Coogan (Viaje a Italia), habitualmente en papeles de comedia, hace sin alardes un soberbio trabajo.

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